BUENOS AIRES -- Otra vez, al igual que sorprendió en el partido con Rosario Central, River cumplió con la teoría de las tres G. Esta vez, Mendoza fue el escenario del golear, ganar y gustar que protagonizó el equipo de Marcelo Gallardo.

Con solidez, autoridad, convicción y, por qué no, con la dosis de fortuna necesaria, River tuvo otra actuación sobresaliente. Godoy Cruz puede dar fe de que, con todos sus atributos, el Millo se convierte en un oponente temible.

Lo que queda claro es que en el River de hoy el sistema fue el que potenció a los nombres. No podemos olvidarnos de que, a priori, una de las falencias que se le marcaba era que el plantel no contaba con nombres de jerarquía. Sin ir más lejos, se cuestionaba a Carlos Sánchez, a Rodrigo Mora, entre otros, porque habían sido dados de baja en otra época y parecían nombres de rezago; sin embargo, ellos, al igual que muchos de sus compañeros, están teniendo un nivel superlativo. Mérito del entrenador, que supo convencerlos (a todos) de cuál es el camino que deben seguir.

Gallardo es un gran conocedor del mundo riverplatense y sabe cómo funciona el paladar de su gente. El sendero del ataque, de la reivindicación del estilo histórico, es un reaseguro aún en los momentos en que las cosas no salen. Y ahora, que tiene los planetas alineados a su favor, esa idea de juego que está poniendo en práctica no hace más que exacerbar el buen funcionamiento.

Muchos nos preguntábamos cómo iba a hacer el técnico que se hiciese cargo del equipo campeón y con un Ramón Díaz renunciante para soportar semejante carga. Gallardo contaba con la espalda que siempre tiene el ídolo, pero se sabe que la tolerancia del hincha suele tener como tope, con mayor o menor plazo, a los malos resultados. Y aquí es donde debe destacarse el plan de acción del Muñeco. Porque lo confeccionó con el corazón puesto en rojo y blanco. Esa vuelta a las raíces, en el discurso y también en la práctica, fue decisiva. Lo mismo que la participación que les está dando a los juveniles. Todo esto cautiva a la gente, la seduce. El público quiere ganar, es innegable, pero los caminos para alcanzar esas victorias, en el caso de River, también interesan.

De lo narrado surge la explicación de por qué hoy Gallardo vive una espléndida luna de miel con los hinchas. Para aquellos que pretendan bajar el nivel de elogios diciendo que esto recién empieza y que apenas ganó dos partidos, la respuesta es que resulta obvio ese pensamiento; sería una torpeza intentar esconder esa afirmación, pero desde esta columna siempre ponderamos las formas antes que los resultados, y el camino que prefirió encarar el Muñeco, desde el estilo, es el que llena a cualquier alma futbolera.

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BUENOS AIRES -- Regularidad y constancia, condimentos que sirven para transformar un buen funcionamiento de coyuntura en uno que se mantenga en el tiempo. No es sencillo, obvio, quizás se trate del desafío más exigente para cualquier entrenador. Y esta idea no está reñida a lo que pueda suceder con los resultados. Ese análisis va por otro carril.

Siempre ganar, o en el caso de River superar una fase por tiros desde el punto del penal, otorga una cierta tranquilidad para el trabajo a futuro, pero cuando la idea es configurar un equipo que juegue bien la mayoría de sus compromisos, el pensamiento debe virar indefectiblemente hacia otros parámetros.

River
Fotobaires.comEl festejo del equipo tras la clasificación. Es un buen paso
Ante Colón, el conjunto que dirige Marcelo Gallardo no se pareció en casi nada a ese que derrotó y maniató a Rosario Central el pasado domingo en el torneo local. Es cierto, la alineación sufrió siete modificaciones y eso no es poco. Pero en esa apuesta por la excelencia seguramente que el entrenador apunta a que quienes ingresen tengan incorporadas las mismas ideas que los titulares. Será esa una tarea ardua y compleja.

También resultará inevitable caer en la comparación de todo lo que River produzca va a tener la altísima vara de lo que hasta hoy fue su pico de funcionamiento (ante Central). Y es lógico que ese rendimiento no pueda ser constante, porque de lograrlo estaríamos en presencia de uno de los mejores equipos de la actualidad en el contexto mundial.

De las palabras de Gallardo se desprende que trabaja para conseguir la excelencia, habrá que ver si cuenta con un plantel cuantitativamente apto para alcanzarla. Una porción ya dio muestras de que posee la idoneidad para llegar a hacer lo que el Muñeco pretende, la otra hasta el momento ha quedado en deuda. O quizás la pericia del director técnico esté en darse cuenta de que titulares y suplentes no pueden jugar de la misma forma y configurar un sistema táctico distinto, alternativo, para los momentos en los cuales salta al campo la formación sustituta.

River
Fotobaires.comGallardo piensa repetir el once que goleó a Defensa y Justicia
Teniendo en cuenta el deseo de mejorar, lo positivo es que el propio entrenador no antepone los resultados a su idea. Después del partido que lo depositó en los cuartos de final de la Copa Argentina reconoció que no jugaron bien y que superar instancias apelando a la vía de los tiros penales no es lo que pretende, un buen punto de partida para encontrar los mecanismos que le permitan llegar al punto de que sean más los cotejos que juegue bien que los que juegue mal.

Quizás suene demasiado idealista eso del funcionamiento, pero tengamos en claro que este es un buen momento para apostar por eso. River viene de salir campeón y Gallardo es un técnico que siempre ha paladeado los gustos del Millo, un gran maridaje... El camino es el correcto, el conductor es el idóneo y los intérpretes tienen aptitud. El horizonte, que parecía estar nublado ante la repentina ida de Ramón Díaz, va encontrando algo de claridad.

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BUENOS AIRES -- Casi como si fuese un cómplice espejismo, el hincha de River disfrutó, en una forma que hacía rato que no paladeaba, de la vuelta del actual campeón del fútbol argentino a su casa.

Pese a que llegaba con nuevo entrenador, con un plantel sin tantos nombres destacados como en la campaña pasada, y con dos presentaciones oficiales previas que no invitaban a su gente a ilusionarse (empate, con victoria por penales, ante Ferro por Copa Argentina, e igualdad en La Plata ante Gimnasia por el certamen local), ese camino que tanto añora Marcelo Gallardo comenzó a ser transitado por sus dirigidos.

Con un fútbol de ataque, con circulación de pelota, con triangulación por las bandas, con presión en la salida del rival, con llegadas claras. A ustedes les parecerá un análisis sobredimensionado, pero no es así, se los aseguro, si no hubiese sido por la falta de precisión a la hora de definir, el primer tiempo que jugó el Millonario hubiese sido el ideal.

FotobairesTeo Gutiérrez abrió el marcador ante Central

Esto involucra lo que son, quizás, los dos aspectos más importantes del fútbol: lo colectivo y lo individual. Porque es complejo lograr que un equipo sea aprobado, con buena nota, en ambos tópicos. Siempre uno termina supliendo las carencias del otro y viceversa.

El domingo River se destacó por haber mostrado un notable funcionamiento de conjunto. Presionando en grupo, asociado a la hora de recuperar la pelota y haciendo circular en balón a la hora del ataque. Cada intento pasaba por varios pies, no eran arrestos individuales. A tal punto sobresalió el conjunto que a la hora de buscar una figura nos encontramos con que casi todos los jugadores anduvieron bien o muy bien. Uno de los mejores partidos de Teo Gutiérrez, una versión dinámica y desequilibrante de Carlos Sánchez, un Rodrigo Mora que, pese a no anotar, fue decisivo para el equipo, el Piri Vangioni de los mejores tiempos, dos cambios tácticos que al técnico le rindieron de la mejor forma (los ingresos de Matías Kranevitter y de Ariel Rojas) y así podríamos seguir destacando las virtudes de cada uno.

El que lee esta catarata de elogios se estará preguntando, con esa ironía de tablón, "para qué seguir jugando el torneo si estamos en presencia del campeón". No es así. Justamente en el comienzo se aclaraba que River venía de dos presentaciones muy flojas. El fútbol tiene esto, se puede pasar de lo malo a lo bueno y de lo bueno a lo malo casi sin una escala previa. Los análisis involucran el día a día. Por esto es que ahora Gallardo tendrá por delante el complejo desafío de la continuidad, de poder conseguir que su equipo incorpore ese funcionamiento y lo haga carne, que le salga de manera natural.

El desafío más difícil para cualquier director técnico. Ese que transforma a un equipo con aspiraciones en uno que puede hacer historia. La lectura cruda y realista es que este River, con un plantel corto y sin tantas estrellas, no se perfilaba como para perpetuarse en el tiempo, sin embargo dio una muestra de que el potencial para hacer cosas importantes lo tiene. Habrá que ver si ese gen que pretende incorporarle el Gallardo, el que se vio ante Rosario Central, sólo forma parte de ese cómplice espejismo que quiso darle un marco de gala a la vuelta del Muñeco al Monumental, o si realmente estamos ante el embrión de un gran equipo.

El tiempo lo dirá.

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BUENOS AIRES -- Hay que rendirse ante las evidencias. Más allá del título de campeón, que para muchos significa un reaseguro de ser el mejor equipo de la temporada, lo cierto es que River, realmente, terminó justificando el por qué de la conquista.

Esperada, soñada, merecida, postergada, pero que le llegó de la mano de una gran remontada de la mitad del campeonato hacia adelante. Después de muchos años, de páginas oscuras que ensombrecieron su historia, River volvió a creer en sí mismo, a darse cuenta de que, aunque es cierto que con la chapa sola ya no se gana nada, cuando un grande entra en zona de definición teniendo la autoestima bien alta, es complicado que ese sprint final se le escape.

Algunos pensarán hoy que no estaríamos marcando lo mismo si Chichizola no le atajaba el penal a Saja. Pero no es así. Ese fue un triunfo importante para River, es cierto, pero también es verdad que a lo largo de un campeonato son muchos los vaivenes que se sufren, los puntos que se ganas con el azar, gracias a lo fortuito o simplemente con algo de suerte, casi la misma cantidad de los que, por motivos similares, se van dejando en el camino.

Quizás la clave central haya estado en el Monumental, en hacerse respectar en su casa. River ya dejó de ofrecer su escenario como cuna de resultados épicos de sus visitantes. En estos días, aquel que va a Núñez lo hace sabiendo que no la tendrá sencilla y que, posiblemente, deje tres puntos como peaje obligatorio para continuar en el campeonato. Esa impresionante cosecha fue la que le dio la cantidad de unidades necesaria para imponerse en el torneo.

Pero hay más claves. Los jugadores que vinieron desde el banco de los suplentes fueron tanto o más importantes que los titulares. Los penales atajados por Leandro Chichizola, el gol de Ramiro Funes Mori a Boca, las irrupciones del Keko Villalva, la gran aparición de Ariel Rojas y del Lobo Ledesma, ambos suplentes en el comienzo de la temporada, en fin, son sólo algunos ejemplos de que Ramón, cada vez que debió echar mano a los relevos, lo hizo sabiendo que le rendirían igual o mejor que los titulares.

Los goles de Fernando Cavenaghi y su presencia dentro del grupo, como líder también afuera del campo, el aggiornamiento de Ramón Díaz a las necesidades de su plantel, todos son tópicos que aportaron para que hoy el Millonario esté viviendo una notable fiesta.

Y detrás de aquellos ojos vidriosos de los hinchas que festejaron en el Monumental se escondía esa mezcla de alegría y dolor, de pasión y de revancha, era lo que la gente necesitaba palpitar para sepultar aquel ingrato recuerdo de la B Nacional. Por eso las lágrimas, por eso la fiesta desbordante, por eso el agradecimiento eterno que el hincha le tributó al equipo. Tenían que cerrar una grieta en su alma, y lo hicieron. Porque es verdad que en la historia la estadística negra va a figurar siempre, pero también dirá que la recuperación no se hizo esperar tanto tiempo. Porque de la mano de Ramón y con la conducción de Cavenaghi, River recuperó su memoria y engrosó su nutrida vitrina de trofeos. ¡Un merecido campeón!

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BUENOS AIRES -- En un torneo donde nadie quiere hacerse cargo de la punta, River está teniendo el mérito de la convicción. Lo cual, a juzgar por lo que observamos los fines de semana en las diferentes canchas, no es poco. Y la realidad refrenda esta idea.

Obviamente que siempre además se debe tener material capacitado para pelear por un título, pero hoy también es muy importante la cabeza. Y desde ese aspecto es que River ha sacado una ventaja por sobre el resto. Sabe lo que quiere y, cuando el fútbol no le responde, son las ganas las que le otorgan el plus que le falta en su juego. Por eso, en un partido cerrado contra Argentinos, donde las dudas empezaban a flotar en el ambiente, el gol no aparecía, esa idea de ir para adelante, convencido de poder ganar, es que lo empujó a cosechar los tres puntos que lo dejan en los umbrales de un nuevo campeonato.

Por supuesto que es sólo una arista, pero no se debe soslayar que aquella que, hasta ahora, lo diferencia del resto. Gimnasia sintió el mareo que genera la cima, el temor de verse cerca del momento épico. Podrá refutarse el pensamiento diciendo que River también estuvo en la punta y flaqueó, pero hizo una buena lectura de su debilidad y supo cómo superarse. Por eso tomó impulso y llegó hasta donde se encuentra hoy.

Claro que frente a sí tiene el peldaño más complicado, el que trae dentro del combo la ansiedad, la presión de la gente, la idea de cosa juzgada, de fiesta anticipada, y todo lo que se sabe que sucede en un partido por el título. España, con el Atlético del Cholo Simeone, es la muestra fiel de cómo muta la personalidad ante la inminencia del objetivo. Pero en el caso de River, pase lo que pase, no se podrá discutir que fue su convicción la que lo colocó en la pelea. Ahora, cualquier rival que va al Monumental sabe que no le será sencillo ser noticia el lunes, como ocurría hace no mucho tiempo atrás. Está haciendo respetar la camiseta. Le faltaba trasladar eso a las salidas de casa, y en La Paternal lo logró.

El tema en el fútbol es que los resultados suelen borrar otros aspectos de una campaña. Y ante la inminencia de un campeonato, Ramón Díaz se encuentra de cara a viejo adagio de quedar ante la gloria o Devoto. En rigor de verdad eso resultaría injusto, porque más allá de lo que suceda el técnico tuvo el mérito de reorganizar un plantel que un semestre atrás estaba perdido en sus temores, al cual no le había encontrado la vuelta. Aquellas falencias de Ramón, quizás producto de su propia vanidad, logró superarlas en beneficio de River. Por eso, pase lo que pase ante Quilmes, el saldo será positivo. Aunque, por supuesto, coronar con una vuelta olímpica sería el inicio de la refundación de un club que llegó a tocar un fondo que jamás había sospechado.

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BUENOS AIRES -- En un torneo en el cual todos los equipos se han mostrado falibles, River no ha sido la excepción, pero dentro de ese contexto de vulnerabilidad que exhibe la mayoría, puede decirse que, fecha tras fecha, el Millo coloca a su juego un condimento diferente como para ser merecedor a ganar el título.

Con los condicionantes narrados, por supuesto, pero con la aclaración de que es un torneo en el cual ninguno de los participantes se salió de esa constante que son las rachas. River la tiene de local, Gimnasia la protagonizó desde la mitad del campeonato en adelante, en fin, no hace falta aclarar demasiado sobre lo que vemos todos los fines de semana en las diferentes canchas de nuestro fútbol.

Así las cosas, el equipo de Ramón tenía que dar una demostración de carácter, de personalidad, de hambre de gloria, y la verdad es que, independientemente de la última acción del encuentro, en la que Leandro Chichizola le atajó un tiro penal a Sebastián Saja, detalle no menor por cierto, pero más allá de eso hay que señalar que River tuvo el convencimiento que debe tener un equipo que pretende pelear por la corona. El mismo que le había faltado siete días atrás en Bahía Blanca. Pero aprendió de los errores. Además, de local saca a relucir ese fuego sagrado. La mixtura entre esta cara del Millo y la incidencia de haberse salvado de un injusto empate sobre el final (¿habrá sido suerte de campeón?), hacen que River haya regresado a la punta y que otra vez dependa de sus atributos para dar la vuelta olímpica.

Lo señalamos en esta columna: en el análisis previo los rivales que tiene por delante son todos perfectamente ganables. Ya se sacó de encima el clásico, ante un Racing que su historia en el Monumental lo ha recibido siempre con amarguras, y se le vienen el descendido Argentinos y Quilmes, que puja por no perder la categoría. Para un cuadro que llega a esta instancia con la autoestima tan elevada, compromisos que debería sortear.

Del choque con la Academia lo que se debe destacar es el convencimiento. Porque sumar de a tres era el único resultado que le servía y fue en busca de la victoria sin guardarse nada. Después, esos baches que no puede dejar a un lado y que se han convertido en un indeseable compañero de ruta, esta vuelta no tiraron por la borda todo lo bueno que había hecho por la pericia de alguien que atraviesa el mejor momento de su carrera: el arquero Chichizola.

Pese a todo, la prueba de carácter fue superada, la futbolística en gran parte del partido también, Fernando Cavenaghi volvió a anotar&.fue una tarde casi perfecta. ¿Por qué casi? Porque se le lesionó Gabriel Mercado y porque Jonathan Maidana, uno de los hombres más sólidos de la defensa, se fue expulsado. Sin embargo a Ramón no le preocupa tener que echar mano al banco, porque fueron los recambios (Leandro Chichizola, Keko Villalva, Ramiro Funes Mori, el Colo Kranevitter, Ariel Rojas, el Lobo Ledesma y sigue la lista) los que sostuvieron a River con posibilidades. El regreso a la gloria lo tiene ahí, al alcance de su mano.

En lo que queda de esta carrera tendrá que abstraerse de las presiones e intentar seguir por el mismo sendero que hasta ahora. ¿Habrá sido un guiño del destino el penal atajado? ¿Como dicen algunos, la suerte del campeón? En cualquiera de los casos supo acompañar con méritos propios a esas contingencias. Y aunque nadie quiere adelantarse a los hechos, íntimamente saben que el objetivo está a un pasito y que posible abrazarlo...

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BUENOS AIRES -- El campeonato se ha mostrado indulgente con todos aquellos equipos (la mayoría) que anduvieron solidarizados con la irregularidad. Ese camino que se vio atosigado por tanto tránsito, se encuentra recorriendo los últimos metros de su traza y ahora llegó en momento en el cual no se puede flaquear. Aquel que tenga aspiraciones de quedarse con el título deberá, inexorablemente, salirse de la mediocridad al menos por tres fechas. Uno de los candidatos es River, que ha tenido un muy buen torneo como local, pero que ni siquiera se asemejó a esa producción jugando afuera de su casa. Con dos jornadas en el Monumental (Racing y Quilmes) y una intermedia en La Paternal ante el descendido Argentinos, se presenta como uno de los candidatos más serios a poder dar la tan ansiada vuelta olímpica.

Daniel Alberto Villalva
Getty ImagesRamón elige apostar al ataque con Villalva, en el Monumental

Es cierto que los partidos siempre hay que jugarlos y que en nuestro fútbol aquel adagio que indica que "todos los rivales son complicados", excede el calificativo de una frase histórica, pero efectuando un análisis de lo sucedido y cotejándolo con lo que se avecina, los indicadores para el Millo son más que positivos. Ya no depende de sí mismo, y no es un dato menor. Siempre tendrá que observar de reojo lo que sucede con Gimnasia, pero si el Lobo le llegase a dejar un resquicio, está en condiciones de aprovecharlo.

Eso sí, con las cartas ya echadas y a la hora de buscar explicaciones, la racha tan floja como visitante es la que hoy lo lleva a padecer y no a disfrutar. Existieron errores que fueron determinantes. Porque hasta ahora, en sus excursiones por estadios foráneos, nunca se vio a un River tan audaz ni lanzado como el que se observa en el Monumental. ¿Cuál es el motivo? Problemas de planteo, por sobre todas las cosas. Aquí es cuando el excesivo celo táctico conspira contra la voluntad.

Cada vez que tuvo que salir de su casa, puso la lupa más sobre las bondades del rival que en las propias. Y así, con esa autolimitación, los resultados que cosechó fueron apenas mediocres. El último compromiso en Bahía Blanca es una muestra clara de lo narrado. Ante la ausencia de Teo Gutiérrez, Ramón Díaz optó por resignar profundidad y tener algo más de manejo, por eso puso a Jonathan Fabbro y dejó afuera al Keko Villalva. Para enfrentar a Racing como local, el entrenador modificó el planteo y se volcó por el vértigo del diminuto delantero. Entonces, nada es casual. Las cosas se dan de una manera por decisiones erróneas. Después se podrá hablar sobre acciones puntuales, pelotas que no entraron, impericia a la hora de definir o equivocaciones de los árbitro, pero la génesis de toda esta historia está en sobreestimar a los oponentes.

Esto deberá quedar a un lado en la tres jornadas restantes para sumar los nueve puntos que quedan y aguardar que el resto de los que puja por el título no lo haga. Se acabó el tiempo de la especulación, de jugar al ajedrez en lugar de jugar al fútbol, ahora es un todo o nada, un golpe por golpe, y en este contexto River tiene con qué pelear y, como argumento extra, puede decir que a priori todos los oponentes son ganables, aunque después tengamos que escuchar la cantinela de que nuestro fútbol es el más parejo del mundo...

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BUENOS AIRES -- Cuando se repasan algunos datos coyunturales y se los coteja con la realidad, la tentación de largar rápidamente un pronóstico es casi incontenible.

Veamos. River se puso como puntero a cinco jornadas del final de torneo tras ganarle a Vélez, un gran equipo que, si bien es cierto que no viene teniendo un gran desempeño (perdió en sus últimas cuatro presentaciones), fue al Monumental con un tridente ofensivo integrado por Pratto, Zárate y Nanni, y, sin embargo, no pudo contra una gran tarde del equipo de Ramón.

Hay más. De los siete partidos que jugó como local, River ganó nada menos que seis. Un número que se convierte en más deslumbrante si le agregamos que las cinco últimas victorias fueron en forma consecutiva y sin que le conviertan goles. El fútbol es un deporte sin lógica, todos lo sabemos, pero ante una estadística tan contundente, con sólo seguir ganando de local (como hasta ahora), le alcanzaría para salir campeón.

Proyección, no futurología. Un dato que los hinchas del Millo manejan y que lo observan con total indulgencia. En el marco de un campeonato que, además, incentiva la ilusión de esos corazones eufóricos porque continúa teñido por la irregularidad. Olimpo y Argentinos de visitante; Racing y Quilmes como local, son los escollos que lo separan de la vuelta a los tiempos de gloria.

Ahora bien, para apuntalar ese pensamiento que quedó flotando en el imaginario popular, hay que repasar lo sucedido el fin de semana, donde se sacó de encima a un rival muy complicado con una notable solvencia. Más allá de algunos padecimientos lógicos en el segundo tiempo, el River que se vio en el primero fue de lo mejor del campeonato. Sólido, convencido de lo que quiere, con voluntad de atacar pero sin desesperarse, equilibrado, con unos rendimientos individuales de excelencia, como los de Chichizola y de Kranevitter, entre otros, pero que son referenciales porque se trata de dos futbolistas que ingresaron por lesiones de compañeros que eran figuras y lograron eclipsarlos. Este último punto es clave, porque a Ramón le ha respondido muy bien el banco cuando lo necesitó (el Keko Villalva ante Lanús, Ramiro Funes Mori en la Boca).

Además hay que tener en cuenta que el equipo fue de menor a mayor, que luego de aquel comienzo errático y vacilante fue adquiriendo la solvencia y regularidad que hoy lo lleva a disfrutar de la punta en soledad. Siempre insistimos con que el análisis nos lleva a mirar sólo en el día a día, pero ante la inminencia del final del torneo y el hecho de que River llega a esta instancia con números tan positivos, hace que resulte inevitable que se tejan especulaciones. Todas ellas, por supuesto, avaladas con hechos del presente. Por un lado, el Millo llega al sprint final como puntero y con la imagen de que es un equipo aplomado. Pero, a la vez, sus rivales más cercanos en la pelea parecen irse deshilachando, es decir que el combo se ve potenciado.

Aunque River siga estando fuerte únicamente en lo que hasta ahora mostró (jugando de local) y sin modificar sus vaivenes (cuando sale de casa), da la sensación que le alcanza. Habrá que ver ahora cómo se lleva con la punta, una posición que marea y hasta viene acompañada de una cierta carga de ansiedad. Si no sufre de vértigo, tendrá el objetivo al alcance de su mano...

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BUENOS AIRES -- Eso de no ganar como visitante ya es una cuestión para revisar con mayor celo. A esta altura de la historia no se trata de un dato menor. Quizás en algunas presentaciones de River pudo atribuirse a la mala suerte, a esa bendita falta de puntería o a cuestiones arbitrales, pero lo cierto es que, en un porcentaje muy elevado, la cantidad de puntos que no ganó afuera de casa se debieron a falencias propias. Para decirlo de otra manera, a la forma que tuvo (y tiene) de encarar los partidos.

Parece mentira, pero cuando es visitante en cancha se observa a otro equipo. Menos lanzado, sin la audacia que se le pondera cuando se presenta en el Monumental, juega como imaginando que llevarse un punto no es un mal negocio. Y, en rigor de verdad, para las aspiraciones de ganar el título que tiene el Millo, no sumar de a tres en esas excursiones foráneas sí que es un pésimo negocio. De hecho, ante Estudiantes la igualdad no sólo le impidió llegar a la punta, sino que además hizo que perdiera una posición ante Colón y que virtualmente pueda ocurrir lo mismo a mano de Lanús, quien tiene un partido postergado con Tigre. Sin contar, por supuesto, que no pudo superar la línea de Estudiantes.

Hay un dato que refrenda lo expresado acerca de que es otro equipo, y es lo ocurrido antes de comenzar el encuentro. La semana pasada, ante Atlético Rafaela, se ponderó la decisión de Ramón Díaz de colocar a Augusto Solari desde el inicio con la idea de tener más presencia en ataque. Algo saludable y celebrado. Cuando se imagino lo que podría suceder en La Plata, ese pensamiento ni siquiera lo tuvo en mente. Fue Gabriel Mercado quien estuvo entre los once iniciales desde el primer momento. Puede parecer un detalle menor, pero ahí hay un mensaje subliminal hacia sus dirigidos, una idea de cuidarse la cual, justamente, la puso en práctica en otro estadio. Lejos de sospechar que, atacando, podría romper a una defensa cerrada y bien constituida, se cuidó más por lo que podría hacer su oponente. Ese es un punto de partida para comprender la historia.

Después viene lo otro, eso de que algunos futbolistas no tuvieron una tarde inspirada, de que Fernando Cavenaghi tiene el arco cerrado y, como todo goleador, cuando esto le sucede lo sencillo se le vuelve imposible. Hasta podríamos poner en la misma bolsa a un error arbitral. Pero esto tiene una misma génesis, y es que Ramón se imaginó un partido autocoartando a la inspiración de su equipo.

Llegará el tiempo del análisis, de la revisión interna, y quizás ahí el entrenador haga una lectura de que no es tan buen negocio no perder. Porque lo visual es una cosa y lo real es otra. Observar la tabla y ver a River ahí, a un punto de los líderes, impacta positivamente, pero la mitad del vaso vacío nos rumorea al oído de que podría estar primero, solito, sin depender de nadie. Fue repetido hasta el hartazgo que este torneo siempre brinda más posibilidades. Y es así. Pero a veces tomar las chances que el fixture otorga es mejor que esperar un guiño del azar. Entonces, como en más de una ocasión se destacó a la audacia de River en un torneo tan chato, hoy hay que decir que esta vez cayó en el temor general, y, casualidad o no, le volvió a suceder jugando como visitante.

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BUENOS AIRES --El rodaje le fue dando forma de equipo, algo que a principio de campeonato River no tenía. Por aquellos tiempos todavía buscaba una identidad, un estilo. Pensaba de una manera y actuaba de otra. La ansiedad de la gente terminaba imponiendo el ritmo en cada presentación.

Pero de a poco fue madurando. Hasta encontrarse con el formato que hoy presenta. El cual, por supuesto, todavía esta bastante lejos de ser el ideal, pero hay que convenir que en este fútbol no existen equipos que puedan colgarse la chapa de perfectos.

Por el contrario, es la irregularidad la que termina dándole posibilidades de armarse a todos los participantes. Pero es River el que nos ocupa y, al menos de local, va encontrando un rendimiento interesante. Es esa contundencia que exhibe como anfitrión la que lo lleva a pelear por el título. Porque, hay que decirlo, fue la seguidilla de victorias cosechadas en su casa (cinco consecutivas) las que le posibilitan pelear.

Esto no es casual, por supuesto, Las victorias en fila no caen del cielo, son fruto del trabajo y de un convencimiento que lo acompaña en el Monumental. Claro, algunos pensarán que aún tiene como asignatura pendiente el poder trasladar esto a sus compromisos como visitante. Y es cierto, pero si llegase conseguirlo le estaría poniendo nombre y apellido al campeón. Es que si fuese un poquito regular también afuera de su estadio hoy el torneo lo tendría como líder.

El otro punto que no lo deja llegar más arriba de lo que está es la falta de contundencia.

Tema recurrente, viejo, es cierto, pero aún vigente. Desperdicia muchas jugadas de gol. Si contra Atlético Rafaela hubiese estado algo fino, no tendría que haber siquiera imaginado que el partido se le podía complicar en alguna contra fortuita. Y este punto se convirtió en un compañero de ruta que le inhibe la posibilidad de jugar más distendido algunos partidos.

Inclusive, Ramón Díaz ha encontrado recambios que están a la altura de las necesidades del Millonario. El pasado fin de semana sufrió tres bajas importantes (Maidana, Ledesma y Lanzini), y todas fueron sustituidas con éxito. El técnico hasta se animó a ensayar una modificación táctica (el ingreso de Augusto Solari por Gabriel mercado), que también le redituó lo esperado.

De todo esto se desprende que River, más allá de los resultados, va encontrando un estilo. Y si transforma la ineficacia para convertir en contundencia, y si logra reducir a la mínima expresión los vaivenes que tiene dentro de los partidos, lo que hoy es u a buena campaña va a convertirse en algo todavía mejor. Esta semana será determinante para sus aspiraciones. Estudiantes y Vélez serán sus próximos oponentes y ambos están en la lucha. Y en beneficio de lo que se viene hay que marcar un detalle: River ha funcionado mejor ante rivales de mayor jerarquía. Estos días que se le vienen necesitará, más que nunca, refrendar esta estadística.

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BUENOS AIRES -- Los errores arbitrales en el fútbol a veces te dan y otras te quitan. Son las reglas del juego. Ante la ausencia de una apoyatura tecnológica que pueda acercarnos a un fallo perfecto, resulta imposible llegar a la sanción inmaculada. Por eso es que ese margen de equivocación no tiene que ser analizado de forma tan fina.

Justamente, se debería dejar un margen de tolerancia para esas cuestiones. A River le tocó verse favorecido ante Boca y perjudicado contra Belgrano. Entonces, la conclusión es sencilla: ni aquella vez ganó por eso, ni tampoco se debe conjeturar que la derrota le llegó por el error de Fernando Echenique. En el caso de Córdoba existieron otras cuestiones que desembocaron en que el equipo de Ramón Díaz viera cómo se le escurría la posibilidad de quedarse solito en la punta del campeonato. Y esos temas estuvieron más vinculados a cuestiones propias. Así como en otras entregas ponderamos planteos y decisiones del cuerpo técnico, en este caso no se puede decir lo mismo. Al contrario. No sólo es que River no jugó bien en forma colectiva, sino que además tampoco resultaron acertadas las ideas tácticas.

Los marcadores que se dieron en la previa lo había colocado en la posición de tener que salir a jugar asumiendo una postura de ataque. Con inteligencia, sin desesperarse, por supuesto, pero tomando un rol que no le quedó para nada bien. Al contrario, fue maniatado por un rival que lo superó con más ganas que fútbol, corriendo, metiendo. Algo que en el pasado ya le había ocurrido (recordar, si no, el partido con Colón, luego del cual Ramón declaró que no estaba conforme con la actitud de su equipo).

Tampoco resultó inteligente colocar en cancha a futbolistas que venían arrastrando una sumatoria de minutos que conspiraban contra su funcionamiento y contra su físico. Así fue con el Lobo Ledesma, hoy uno de los jugadores más importantes del Millo, se retiró con una contractura y se perdería, al menos, los dos compromisos que vienen. Después está el caso de Fernando Cavenaghi, quien es pura voluntad y ganas, algo elogiable, pero que, tal vez, con una semanita de descanso se pondría realmente a punto para encarar la recta final del torneo. Hay más. Ante Newell´s se destacó la idea de Ramón Díaz de colocar al Daniel Villalva con la función de no sólo aportar en ataque, sino también de colaborar con la marca. Antes el Keko había sido decisivo contra Lanús. Pues bien, increíblemente en Córdoba dejó de ser el primer cambio y en reemplazo de Cavenaghi, Ramón colocó a Juan Carlos Menseguez. Un cambio que, por lo menos, fue cuestionable.

River no aprovechó el buen viento de cola ni los resultados ajenos que, en la previa, lo habían favorecido. Continúa prendido en la pelea, pero ahora con la marca de haber recibido un fuerte golpe en su mandíbula. De más está decir que puede recuperarse, pero para eso deberá reinsertarse en el camino de la lógica y del buen juego. Porque esta vez, más allá del error del árbitro, en casi todos los aspectos del juego recibió un aplazo.

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