Hacia dónde vamos

14:09 ET
Actualizado el
por Pepe Sánchez
Pepe Sánchez
Sebastián Lobos para Prensa WBEEl base argentino ya no jugará para Weber Bahía Basket

Ya estamos metidos en la temporada 2012-13 de la Liga Nacional, siendo este el tercer año del primer ciclo de cuatro temporadas en el que nos propusimos alcanzar ciertos objetivos con WBE.

Empezamos no más de cuatro personas y hoy ya somos veinte los que trabajamos en la organización. Más allá del contínuo crecimiento como organización deportiva, el hecho de generar trabajo y brindar oportunidades a gente con tremenda capacidad -y de nuestra propia ciudad- es algo muy gratificante. Sorprende el talento del que estamos rodeados y que uno, por ignorancia, suele creer que lo mejor esta allá, lejos, en otra geografía. La realidad es que todo está a la vuelta de la esquina, en tu barrio.

¿Por qué un ciclo? ¿Cuál es la razón de extenderlo a cuatro temporadas?

Cuatro años es un período suficientemente largo para trabajar con tranquilidad y poder construír en base a los objetivos propuestos. Pero también es lo suficientemente corto en el plano deportivo como para disfrutar de distintos objetivos cada temporada, sin tener que reinventarse en cada Liga que comienza.

Me explico con ejemplos.

Uno de los objetivos (escrito, con la importancia que tiene escribir todo lo que se dice y, aún mejor, hacerlo público para asumir un compromiso mayor) fue conformar un equipo profesional de trabajo.

Eso es difícil de conseguir de un día para el otro, y aunque se logre antes de lo previsto, se necesita TIEMPO para cimentarlo, para ver decantar ciertas cosas que sólo el tiempo deja ver. La transición del modelo club al modelo profesional es un cambio que tiene que darse tarde o temprano, sobre todo porque venimos de una cultura en la que lo profesional sólo aplica a quienes compiten, o sea, jugadores, entrenadores, árbitros.

Este período de tiempo, cuatro años, es suficiente para poder equivocarse, corregir, volver a equivocarse y volver a corregir. Si bien en este aspecto avanzamos mucho en dos temporadas, esperamos afianzar la estructura y dar un salto para optimizar el funcionamiento general en el tercer y cuarto año de competencia.

También considero que es suficiente tiempo para modificar completamente el cambio de mentalidad, terminando de convertir a nuestra organización en profesional en todas las áreas.

En lo deportivo, el generar procesos de largo plazo (independientemente de los actores), con objetivos escalonados, genera no tener que repensar cada temporada en base a los resultados de la anterior. Hay un plan y se respeta. Si algo cambia, entonces se modifica y se comunican las razones (tienen que existir las mismas para pensar una modificación drástica).

¿ Cuáles son las ventajas de tener un plan y comunicarlo? Que todos tienen acceso a dicha información. En el plan se explica el cómo, cuándo y porqué de lo que se hace. Esto ayuda a disminuír la ansiedad e incluye al seguidor en la idea (¡lo puede contar él mismo!). Genera confianza en las personas que están al frente, pero no basada en triunfos, sino en que nada esta improvisado, todo está planificado.

El triunfo del hincha pasa a ser el poder visualizar lo proyectado, el ser testigo, el haber sido parte del proceso. Si además lo planeado se ve reflejado en triunfos deportivos (esa es la idea), el círculo cierra por completo, pero NO es dependiente del mismo.

Terminados esos cuatros años, se traza un nuevo ciclo. Se renuevan los objetivos, se vuelven a escalonar en otra etapa. Se renueva la ilusión de volver a empezar. Todo se recicla.

En estos más de 40 días que llevo fuera de acción -jugué ante Obras, pero estuve parado durante la pretemporada- pude desarrollar un poco más mi otro lugar en la organización.

Entonces, ¿dónde queda el factor sorpresa, la improvisación? Eso aplica al VERDADERO juego, a cada partido, cada jugada, donde sí juega el factor azar (lesiones, pelota que entra o que sale) y le da al deporte el significado que tiene en nuestras vidas: ese espacio donde el jugador artista da rienda a la improvisación y genera adrenalina en la gente a quien representa con los colores que lleva, con la historia que arrastra o simplemente por el hecho del disfrute del espectáculo.