Chicharito puede competir

Actualizado el 1 de noviembre de 2012
por David Faitelson

LOS ANGELES -- No fue con los amagues de Lionel Messi, tampoco con la capacidad futbolística de Cristiano Ronaldo y mucho menos con los disparos de Radamel Falcao. Fue con la cabeza --no los remates a puerta-- fue con la fuerza mental con la que Javier Hernández abandonó la etapa de crisis.

"Chicharito" está "vivito y coleando" en el máximo nivel del futbol europeo cuando hace no mucho se hacían planes para descenderlo de nivel.

El sexto gol en su cuenta personal sobre el Chelsea, cuarto partido anotando de forma consecutiva, ha traído nuevos bríos al futbolista más emblemático que México tiene hoy en día, pero en este trance --que promete no ser el último de su carrera-- Javier Hernández ha puesto como escudo de defensa y de superación a la principal característica que le llevó a Europa: su preparación mental.

Cuando en otras épocas, en otros ejemplos de futbolistas mexicanos, lo más común habría sido dar la espalda, llorar, lamentarse y tomar el camino de vuelta a casa, a una "casa" que seguramente lo esperará con el abrazo --el apapacho-- cálido y sonriente y con la promesa de que en ese regreso --por más dramático que sea-- será tratado bien, con una buena paga y con un lugar preferencial, "El Chicharito" mostró una faceta completamente distinta. Se recuperó del momento, aisló su mente de los rumores, de las insinuaciones, de lo que era falso y no le ayudaba en ese momento y logró salir adelante en la cancha, un sitio donde la naturaleza le ha provisto de algunas características para jugar este juego, pero una cancha de donde él saca resultados gracias siempre a su poderío intelectual.

La vida un de un futbolista al máximo nivel del futbol no es sencilla. La vida de un goleador al máximo nivel del futbol es aún peor. Y seguro que habrá nuevos episodios, otros parajes vacíos, dificultad, falta de resultados, crisis colectiva y común. Sin embargo, hay una garantía, no sólo de un futbolista con ciertas aptitudes, también de un chico maduro y consciente a sus 24 años de que las cosas en la vida se ganan trabajando, trabajando duro en el entrenamiento, después del entrenamiento, cuando vuelve a casa, cuando estudia, cuando se concentra, cuando le da a su físico los descansos requeridos, cuando elige un libro y no un bar, cuando sabe que cada partícula de su cuerpo será fundamental mañana, cuando tenga que correr en los pesados campos ingleses, elevarse sobre la defensas rivales y ganar ese centímetro que puede marcar la diferencia.

Javier Hernández no es un futbolista de la élite de Messi, de Cristiano o de Falcao, pero respira en ese ambiente porque pone lo que tiene poner en la cancha y en la vida...