Clásico Mundial: Cuba genera polémica

Actualizado el 23 de noviembre de 2012
por Jorge Morejón

Apenas quedaron oficialmente conformados los cuatro grupos para el III Clásico Mundial de Béisbol, que se disputará en marzo, y ya empezó la controversia.

El escenario de la polémica fue el programa radial Zona ESPN, que se transmite desde Miami con la conducción de los colegas Renato Bermúdez, Luis Fernando Pérez y Sebastián Martínez Christensen, con la participación de Cuba como eje de la discusión.

En un mundo ideal, la selección cubana debería estar ubicada en uno de los dos grupos que se disputarán en el continente americano, ya en la llave de San Juan, donde aparecen Puerto Rico, Venezuela, República Dominican y Brasil. O ya en Phoenix, Arizona, donde estarán Estados Unidos, Canadá, México e Italia.

En un mundo ideal, además, desde La Habana llamarían a integrar el equipo a la par a los mejores jugadores de la isla y a los Kendrys Morales, Yoenis Céspedes, Aroldis Chapman y compañía.

En un mundo ideal, los organizadores del certamen obligarían a Cuba a incluir a sus peloteros, jueguen donde jueguen, so pena de sanciones y en caso de una negativa desde la isla, armarían un equipo con los exiliados.

Pero Cuba está bien lejos de lo que pudiera considerarse ideal y lamentablemente, es imposible desligar su deporte del tema político.

¿Qué hace Cuba ubicada en el grupo A, que se jugará en la ciudad japonesa de Fukuoka, junto a los anfitriones y las débiles selecciones de China y España?

No puede olvidarse que Antonio Castro, hijo de Fidel Castro, es vicepresidente de la Federación Internacional de Béisbol (por obra y gracia de no se sabe quién). Pero el caso es que lo es y debe haber movido todas sus influencias para colocar a la selección de la isla en esa llave geográficamente tan lejana y que además es, desde el punto competitivo, la más débil.

De esta manera, los cubanos garantizan casi al seguro uno de los dos boletos que concede ese grupo a la segunda ronda, pues ni chinos, ni españoles, parecen rivales capaces de sorprenderlos.

Para los jerarcas del béisbol en la isla es un imperativo ya no ganar, algo que no conocen desde hace años, pero al menos hacer un papel aceptable y por razones que van mucho más allá de la cuestión exclusivamente deportiva.

El deporte en Cuba es propaganda, como lo fue en la desaparecida Unión Soviética y en sus satélites del este de Europa.

Pero sobre todo, la ubicación de la selección en Fukuoka busca esquivar la posibilidad de tener que disputar la segunda ronda nada menos que en Miami, la capital del exilio cubano en Estados Unidos.

Son muchos los motivos y todos mezclados con el tema político.

En Miami, pueden apostar, el Marlins Park se reventaría de cubanos ávidos por apoyar a la selección de su país de origen.

El exilio ha ido cambiando y ya son cada vez menos los intransigentes que, a pesar de tener sus razones poderosísimas y justas para ello, formarían piquetes de protesta frente al estadio para repudiar la presencia de los peloteros "de Castro".

Encima de eso, la tentación a escapar en busca de un mejor futuro sería incomparable en Miami que en cualquier otro sitio, aún cuando el equipo cubano, si avanza a las semifinales, jugaría en territorio estadounidense.

Todos estos elementos constituirían una distracción extradeportiva que al parecer, los organizadores del Clásico prefieren evitar, aunque para ello tengan que ceder a las presiones políticas que llegan desde La Habana.