La noche más triste de "La Bombonera"...

Actualizado el 3 de diciembre de 2012
por David Faitelson
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Toluca no presentó gran oposición a Tijuana

A las 7 de la noche con 59 minutos, el infierno estaba congelado, sin llamas, sin azufre, sin trinche, sin mascara, sin chorizo...Mohamed corrió hacia el graderío&Iba pensando en todo, en nada, en sus Xolos y en Farid que lo veía desde el cielo. Tijuana campeón...Tijuana campeón..."Ole...Ole...Ole, campeón, campeón...".

TIJUANA -- Mientras la vieja "Bombonera" perdía su magia, su semblante y hasta su autoestima, el ladrido de un "perro" encendía una renovada pasión en el futbol mexicano. Era, sí, la noche más triste en la historia moderna del Toluca.

Y "El Diablo" se escondió justo cuando debía firmar su undécimo mandamiento...

Y La Bombonera entro en shock, en pánico, en silencio, derramando lágrimas de impotencia, gestos, reclamos, dolor, mostrando caras largas y vacías...

En la noche más triste en la historia de La Bombonera, un perro ladro cuando tenía que hacerlo, provocando el éxtasis de su pequeña pero caliente tribuna...

Damas y caballeros, señoras y señores, el perro mordió el título, lo abrazo, lo hizo suyo y se marchó al cielo dejando vacío el infierno...

Créalo o no, Tijuana es campeón...Tijuana es campeón...

Cae la tarde. Nublada, caprichosa, melancólica por un horizonte que no permite ni siquiera permite vislumbrar la cumbre nevada del volcán.

El primer domingo de diciembre del año 2012 no tiene por qué ser diferente a otros domingos de finales en alrededor de este estadio.

Ellos saben muy bien a qué viene, qué buscan y qué deben lograr...

Destellos rojos en el panorama&máscaras, banderas... el chorizo y "El Diablo", la camiseta con el "9" de Cardozo, las calles de los puestos ambulantes, el desorden y la reventa. Huele a azufre en las inmediaciones del Nemesio Diez mientras los cantos amenazantes de la "Perra brava" imponen, marcan territorio, establecen poderío, desafían al visitante.

Tijuana no vino solo a Toluca...Lo hizo con su viento del norte, con sus historias del sueño americano, de "mojados", con su renovada pasión, su espíritu inquebrantable...

El grito más joven del futbol mexicano también entiende el valor de la jornada...Se maquillan, cantan, gritan, se motivan...Ellos están abajo en las apuestas, pero ellos ponen los momios de la explanada y creen, tienen fe, esperanza...

En algún momento de la noche, el Nemesio Diez dejo de creer...

Los "dioses sagrados" de La Bombonera no aparecían: Ni Pereda, ni Epaminondas, ni Estupiñan, ni Saturnino...

Y mientras Sinha buscaba, mientras Tejada rebotaba, mientras Lucas Silva naufragaba, el Xolo se paraba bien en la cancha...El Xolo jugaba con los tiempos, con su impecable orden, disciplina táctica, con el sello de un "Turco", con su concentración absoluta, con sus sueños de grandeza...

Y del baile, del canto, del júbilo por suponer que el Diablo lo puede hacer todo es el infierno a la desesperación y la angustia...

La noche negra, obscura, larga, angustia sobre la capital mexiquense. No hay viento, pero el frio empieza a bajar desde las montañas y el pasto se llena de escarcha. La casa del superpoderoso, del infranqueable, del invencible, cedía terreno espacio y se ahogaba en el poco oxigeno de sus 2, 400 metros de altitud.

Y entonces, las vibraciones llegaban desde un pequeño rincón detrás de la portería oriental, ahí mismo donde el panameño Tejada desperdiciaba las mas clara opción de la noche, ahí atrás de Cirilio, donde Tijuana se apoderaba de la noche, del estigma, de las pulsaciones...

Los Xolos cantaron "el cielito lindo" y se bañaron insaciablemente en adrenalina, en litros de adrenalina pura, destellante y mágica...

Y silbatazo final que no llegaba. La lenta agonía del Toluca. La impaciencia tijuanense por gritarlo.

A las 7 de la noche con 59 minutos, el infierno estaba congelado, sin llamas, sin azufre, sin trinche, sin mascara, sin chorizo...

Mohamed corrió hacia el graderío&Iba pensando en todo, en nada, en sus Xolos y en Farid que lo veía desde el cielo...

La lágrimas de Nacho Palou...

El abrazo de Moreno y de Leandro...

La emoción de Edgar Castillo y el pequeño Cristian en brazos...

La felicidad de Arce...

El júbilo de Gandolfi...

La familia Rhon, el ingeniero y su hijo Jorge Alberto con el trofeo...

Tijuana campeón...Tijuana campeón...

"Ole...Ole...Ole, campeón, campeón...".

Bronca en la tribuna de sombra más sombreada que nunca en el Nemesio Diez. Paso acelerado de os aficionados a la búsqueda de una salida, de aire fresco y puro para alejarse de la asfixia que provocaba la cancha, su invencible cancha roja.

La noche más triste en la historia de La Bombonera...

La noche donde El Profe Meza se iba por la puerta de atrás...

La noche "El Diablo" no pudo sentenciar el undécimo mandamiento...

La noche donde un Xolo mordía el trofeo, silenciaba el infierno y viajaba al cielo de la gloria...

Xolos, Chivas: dos caras distintas...
No sé finalmente qué fue lo que más me sorprendió del colofón que el futbol mexicano propuso para el 2012: Si la coronación de un equipo con apenas tres temporadas en la máxima división o el hecho de que Chivas haya descompuesto lo único que parecía aferrase a cierta esperanza en su futuro inmediato.

Tijuana levanto una Copa en la noche más triste en la historia de La Bombonera y Jorge Vergara colecciono más "huesos" para su baúl en otra insípida jornada en la historia moderna de las Chivas.

La principal diferencia entre en un hecho y otro es que Tijuana sabe lo que quiere y cómo lograrlo. Chivas, en cambio, está hundido en la indecisión, en el capricho, en la incertidumbre de su dirección.

"Lo que teníamos en mente era un equipo que se alejara de los problemas del descenso y que en algunos años mas pudiese ser un protagonista de la Liga. Jamás pensamos que esto sería así", decía un muy conmovido Ignacio Palou, director deportivo de los Xolos de Tijuana y el hombre quien es considerado como el arquitecto del repentino éxito del equipo fronterizo.

Solo cinco años después de su fundación como franquicia futbolística, padre e hijo, Jorge Hank Rohn y Jorge Alberto Hank Gonzalez, celebraban efusivamente sobre el césped de un semidesértico Estadio Nemesio Diez que instantes había caído en el desamparo y la angustia de saberse vencido por un equipo que no tenía las dimensiones históricas del poderoso Toluca de la última época. El futbol mexicano entendió, al mismo tiempo, una lección extremadamente valiosa: cuando las cosas se hacen con orden, con inteligencia, cuando se crece estructuralmente y se planea, cualquier clase de sueño es posible. Y Tijuana lo hizo así, estableciendo prioridades, buscando soluciones y colocándose metas ambiciosas. La gente correcta en el sitio correcto con las decisiones correctas.

La otra cara de la moneda se llama Chivas. Diez años después de haber tomado al equipo, Jorge Vergara ha llevado al popular y querido club hasta su peor crisis deportiva de todos los tiempos. Trajo a Johan Cruyff, aposto por un proyecto para que Chivas creciera y tratara de emular a las grandes formulas europeas del futbol. Protegió al holandés contra viento y marea y nueve meses después bastaron seis palabras para decidir que todo había terminado: "No se alcanzaron los objetivos establecidos", rezaba el escueto boletín del club Deportivo Guadalajara. Al mismo tiempo y de forma extraña y hasta contradictoria, Chivas ratificaba a John Vant Schip como su entrenador. Esa una pena que Chivas no tenga control de sus emociones y no tenga definido cómo y cuándo saldrá de su profunda crisis. Hoy, no solo preocupa el trance deportivo también el institucional. Las idas y venidas de Vergara tienen a Chivas detenido, suspendido en el tiempo y en la distancia, sin coherencia ni rumbo definido.

En la misma noche, el futbol nos mostró dos caras diferentes. La de un equipo nuevo que entrega una bocanada de aire fresco y motivante al futbol mexicano y que, definitivamente, sabe qué quiere y cómo lograrlo. Y la de Chivas, sumido en los caprichos de un temperamento, navegando a la deriva, sin viento, sin brújula, sin horizonte.