Calero: En el cielo de la inmortalidad...

Actualizado el 4 de diciembre de 2012
por David Faitelson
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Los Capitanes recuerdan a Miguel Calero

Al final, y aún siendo muy joven, Calero se ha ido de esta vida como soñamos irnos todos: Con el reconocimiento de sus semejantes de que fue una buena persona, humilde, entregada, bondadosa, noble, un tipo de corazón abierto al que jamás olvidaremos...

LOS ANGELES -- Encontrar una dimensión para el legado de Miguel Calero es prácticamente imposible: Lo que él dejó en la cancha y fuera de ella no se mide en juegos, en triunfos, en jornadas de gloria, en títulos, ni siquiera en la capacidad de encabezar a equipos ganadores. A Miguel Calero hay que "medirlo" como lo "midió" la opinión publica en los momentos finales de su vida, cuando aún se aferraba a una esperanza.

Tuve la "Diosa" fortuna de estar cerca del club Pachuca en la últimas dos décadas, mientras una organización pequeña empezaba forjar una gran historia. Y uno de los culpables de ese impresionante crecimiento se llama Miguel Calero. Desde el principio, cuando prácticamente fue "adoptado" por Jesús Martinez y Andres Fassi como un hijo, el portero colombiano-mexicano se transformó en el estandarte de los Tuzos que marchaban a la gloria.

Lo más importante de Calero no ocurrió, sin embargo, debajo del marco en el Estadio Hidalgo y tampoco lo vio usted por la televisión. Lo más puro, poderoso y cristalino de la obra de Calero tiene que ver con su corazón, con su trato, con su personalidad y con la manera en que forjó un grupo a su alrededor. A partir de ahí, prácticamente, se desarrollaron todas las gestas de los Tuzos en el futbol.

Calero era el hombre clave del vestidor cuando se trataba de arropar a un joven, de abandonar una mala racha, de proteger al débil, de conciliar los problemas que tiene cualquier grupo de seres humanos. Su inteligencia, su bondad, su sacrificio, su nobleza siempre estuvieron a la orden de las necesidades del equipo de futbol.

Muchos lo comparan con algunos de los mejores nombres que han venido al futbol mexicano. La diferencia con Miguel Marín o con Héctor Miguel Zelada estuvo y está en otro lado. No en la cancha, no en el tema de jugar para un equipo de mayores alcances y dimensiones mediáticas. La diferencia la marcó una personalidad avasalladora, un don de ser humano, un futbolista integral a la antigua, que priorizaba las necesidades del alma antes de las materiales. Ese era Miguel Calero.

"Nací tuzo, soy tuzo y moriré tuzo...".

Tuve muchas anécdotas con él. Cada vez que lo encontraba me arremedaba con el "canto" del color... "Era la noche de los Tuzos....", me decía apenándome y al mismo tiempo llenándome de orgullo y satisfacción. Recuerdo la primera o mejor dicho la segunda vez que Pachuca fue campeón, en el vestidor del estadio Universitario de Monterrey, cuando en pleno festejo me regaló el suéter con el que había jugado esa noche. "Esto es para ti", me dijo y me abrazó. Yo no lo merecía. Regalé el suéter y me quedé con su abrazo. Más tarde, siempre me reía con la escena del avión, un pequeño avión de Aeromar, con hélices, que había rentado Jesús Martinez para que el equipo campeón volviese directamente a Pachuca para celebrar con sus aficionados. A Calero no le gustaba volar. Tenía miedo y justo cuando el capitán accedió a que Gabriel Caballero pasara a sentarse en la cabina de mando, Calero se levantó temblando y exigiendo que cada quien volviera su sitio. Lo recuerdo bien: estaba sentado en la fila 3, junto al "Ratón" Ayala que es otro de los que las alturas le causan cierto pánico.

Otro día, cuando le pedí en el Estadio Hidalgo que se pusiera un traje de superhéroe, para tratar de llevar a la pantalla la descripción más exacta de lo que él era y hacía en la cancha.

Rentamos un traje de Supermán y lo pusimos en lo más alto del Estadio Hidalgo. Hubo un momento en que Calero detuvo la grabación y me dijo: "Estamos haciéndolo mal. Supermán solo hubo uno en el futbol mexicano y ese fue Miguel Marín", me dijo.

La vida es así. Dios se lleva también a los buenos y estoy seguro de que a Calero se lo ha llevado con un motivo muy especial.

Al final, y aún siendo muy joven, Calero se ha ido de esta vida como soñamos irnos todos: Con el reconocimiento de sus semejantes de que fue una buena persona, humilde, entregada, bondadosa, noble, un tipo de corazón abierto al que jamás olvidaremos.

Te veremos pronto Miguel, si Dios no presta la misma atención que tuvo para ti: Llevarte al cielo de su inmortalidad...