La Serie de los Refuerzos

12:02 ET
FECHA
08/02
2013
por Leonte Landino
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Serie del Caribe: Yaquis celebran la victoria
Tags: beisbol
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HERMOSILLO, México -- Al concluir una vez más la Serie del Caribe es hora de evaluar resultados. Tras dos grandes fracasos en el terreno de juego en las últimas ediciones en Mayagüez y Santo Domingo, Hermosillo sacó la cara por México y colaboró a que la edición de este ano fuera un éxito.

Pero hablemos claro. Estamos en presencia de un torneo que dejó a sus asistentes y millones de seguidores por la televisión atónitos con la apertura del mejor y más moderno parque de pelota en territorio latinoamericano; que incorporó finalmente la figura de un "Juego Final" para definir el torneo, y que tuvo la suerte de contar con una combinación de resultados que crearon un ambiente muy competitivo en lo deportivo.

Además de un intenso duelo entre Escogido y Obregón que se definió en 18 entradas donde finalmente los anfitriones se impusieron para coronarse campeones del caribe con un jonrón de Douglas Clark.

Bajo el simple formato "todos contra todos", los Leones del Escogido hubiesen ganado con marca de 5-1 al vencer a Magallanes en la sexta fecha, dejando el juego de Obregón contra Caguas con muy poco interés. Al contrario, Luis Alonso Mendoza confeccionó una joya desde el montículo para ganarse el boleto a disputar una final.

Pero con esto la Confederación del Caribe aún no puede cantar éxito en un replanteamiento del sistema de competencia. Ojala que el éxito del Juego Final sea esa barrera traspasada que les demuestre que para lograr mejores resultados se deben tomar decisiones agresivas en favor del juego y su fanaticada.

La vistosidad de Hermosillo 2013 fue solo un "pañito de agua fría" para el mayor problema que enfrenta el torneo y donde no se vislumbra una solución a corto plazo: el tema de los refuerzos.

Mientras más pasa el tiempo, ni la Confederación, ni los presidentes de liga, ni los clubes miembros, se ponen de acuerdo en la institucionalidad del evento en cuanto a las formas de participación de los equipos, continuando con esa ambivalencia de no saber si los nueve que saltan al terreno representan al equipo campeón o son un seleccionado nacional con el mejor material disponible.

La Serie necesita una clara reglamentación que regule la conformación de equipos que no confundan al aficionado ni al televidente, dejando en claro que esto es un torneo de campeones, no de países. Es decir, una especie de manual de estilo para los clubes, organizadores, prensa y fanáticos.

Voy más allá, si esto fuese una competencia de países apoyo la idea de que las Federaciones (Gubernamentales) de Béisbol metan su mano (a veces negra), por ser competencia de estos organismos la regulación y confección de selecciones nacionales con fondos públicos. Pero como estamos hablando de equipos que pertenecen a ligas conformadas por dueños de equipos, la idea de promover el país no tiene ningún sentido, más que la mera representación y por motivos de mercadeo.

Imagínense ustedes que el FC Barcelona gane la Liga de España y en la Liga de Campeones de Europa, por alguna u otra razón sus jugadores no puedan o no quieran ir. Entonces se colocan una camiseta que dice "España" y saltan a la cancha con 9 de 11 jugadores refuerzos de los demás equipos para jugar. Imagínense a un Cristiano Ronaldo con una camiseta que dice España en el pecho y jugando para el Barcelona contra el Manchester United.

¿Dígame usted si esto no es una situación bizarra? (¡Únase a la Conversación! @ESPN_Beisbol y @LeonteLandino)

O que los Angelinos de Anaheim ganen la Serie Mundial y quieran disputar una serie contra el campeón de Japón, pero como Albert Pujols y Mike Trout no quisieron jugar más, los Angels se llevaron a Mark Teixeira y Curtis Granderson para sustituirlos por que igualmente los Yankees son un equipo de su mismo país y por eso se colocan el uniforme de USA, además el mismo del Clásico Mundial.

Pues este es el escenario hasta donde ha llegado la Serie del Caribe.

En esta edición, los Leones del Escogido armaron un trabuco para disputar la final ante las Águilas Cibaeñas contratando jugadores de Puerto Rico, Cuba, Venezuela y México. Pero al ganar el título, las restricciones de los equipos de MLB (negociadas por la Confederación) y las regulaciones de la misma Confederación no les permitieron llevar a la mayoría de sus piezas porque un jugador que tenga ficha con un club en una liga determinada no puede jugar Serie del Caribe con otra liga, lo cual es absurdo.

Es decir, Cristiano Ronaldo, ficha del Real Madrid, no puede jugar Champions League con el club español contra el campeón de Portugal por el hecho de que originalmente fue firmado en su país por algún equipo en los inicios de su carrera. O si es cambiado a un equipo de otro país tampoco puede jugar son su nuevo club.

Una vez más...bizarro.

La Confederación debe crear un Comité de Reglas y Estilo, que elimine de una vez por todas esas tintas grises para evitar que un jugador como Nelson Figueroa, vestido con el uniforme del Escogido y en su dugout diga: "Yo no sé a quién hay que pedirle permiso, ni se quién me está negando el permiso, pero lo único que sé es que quiero jugar y no me dejan".

El Escogido terminó llevando 19 jugadores de refuerzo de una plantilla de 28 jugadores en el roster para la Serie, Magallanes por su parte llevo a 18, Obregón a 13 y los Criollos a sólo 4.

Y no tiene nada que ver con los jugadores, porque a Escogido le fue muy bien llamando a Miguel Tejada y Hanley Ramirez, pero ese no es el punto. La idea es ver a los cuatro campeones luchando a ver quién es el mejor, y obviamente esto ya no sucede.

Antes de pensar en otros posibles equipos participantes, el torneo debe tener condiciones de igualdad para todos apostando por la habilidad gerencial de cada equipo en el momento cumbre de la temporada invernal y el verdadero compromiso de sus jugadores.

Pero en los últimos anos los dueños de equipos, gerentes y hasta presidentes de las ligas han dejado claro que el momento cumbre de la temporada invernal es la Serie Final de cada país, lo que le quita el prestigio que el torneo internacional de campeones debe tener y para lo que realmente fue creado en 1949.

Si en mis manos estuviese, los equipos no podrían llevar ningún refuerzo y deben vestir obligatoriamente la camiseta del club, mas no del país.

Hay un tema aún más grande que son las restricciones que los equipos de MLB imponen a sus jugadores, pese a que "en teoría" no pueden, y las excusas que los jugadores dan para descansar antes de reportarse a los entrenamientos primaverales.

Para evitar los refuerzos se deben acudir los rosters expandidos. En Venezuela, cada equipo tiene uno o dos equipos de "Liga Paralela de Desarrollo" que hacen que su nómina total sea de casi 100 jugadores, activos o inactivos. En Dominicana, México y Puerto Rico no existen categorías inferiores, pero si un roster expandido de donde se pueden escoger jugadores.

¡Usted nunca ha visto a los Yankees acudiendo a Boston para que le presten un par de lanzadores para disputar una Serie Mundial! Para eso es que tienen suficientes peloteros para cubrirse.

Si el caso es que exista un consenso en los refuerzos, debe haber un límite de no más de cinco jugadores "sustitutos", algo que podría ser solo aceptable si consideramos el fin de inyectarle mayor talento al torneo seleccionando jugadores con excelentes actuaciones en la temporada. Los esfuerzos gerenciales del equipo campeón deben ser de "convencer" y "pedir los permisos respectivos para que los mejores jugadores de su plantilla digan presente en la competencia internacional. Por eso en el pasado veíamos grandes jugadores en la serie lo que hoy es una rareza.

Si yo quiero ver en el terreno a Dominicana contra Venezuela me espero cada cuatro años el Clásico Mundial de Béisbol, que a pesar de que tenga deficiencias en cuanto a la conformación de rosters por las mismas regulaciones de MLB, al menos tiene reglas claras para todos.

Yo quiero ver en la Serie del Caribe a los mejores jugadores disponibles de mi equipo, mas no de mi país. Seguir alentando esa idea patriótica disfuncional es un engaño al fanático y a la naturaleza del torneo.