Cuarenta y cinco

15:13 ET
FECHA
08/04
2013
por Francisco Alemán

AUGUSTA -- No se piensen que me estoy sacando años. Ya pasé ese número y les aseguro que lo extraño, pero hace 45 años sucedía algo difícil de olvidar para el deporte argentino. Un 14 de abril de 1968 Roberto De Vicenzo cumplía 45 años y los festejaba en Augusta jugando la última vuelta del Masters.

Roberto De Vicenzo
APDe Vicenzo tras el error: pierna estirada, cara en mano

El único argentino presente aquel año fue Raúl Travieso, que jugó el Masters y no había pasado el corte. Hace algunos años hablé con Travieso sobre aquel domingo y me contó que De Vicenzo estaba confiado, que creía que podía dar la sorpresa y que si su putter lo acompañaba podía llevarse el premio mayor. El putter no lo necesitó en el primer hoyo porque embocó su segundo golpe desde el centro del fairway. Un par de birdies más en los dos capítulos siguientes pusieron al Maestro al tope del leaderboard y la atención se centró sobre él.

La ronda transcurrió sin errores hasta llegar al 17 en donde dejó su approach prácticamente dado para lograr un birdie más. Su compañero de juego de aquel día, Tommy Aaron, se había pasado del green en el 17 y seguramente no prestó mucha atención al gran golpe de De Vicenzo. Tan poca fue la atención que en forma involuntaria le anotó un par en lugar del birdie.

De Vicenzo pegó un drive en el 18 y cuando llegó a la pelota discutió con su caddie sobre qué palo usar. Alguna duda debe haber quedado en su mente, porque el golpe resultó en un hook que picó a la izquierda del green y rodó casi 20 yardas hacia la izquierda. El lie era horrible ya que todo el mundo había pisado y apoyado las famosas sillas allí. De Vicenzo optó por jugar con su putter y la arrimó a poco menos de dos metros. Falló el putt y cuando controló la tarjeta no se dio cuenta del error que había en ella.

El resto es historia conocida.

Tengo una profunda admiración y un enorme respeto por Roberto De Vicenzo. En mi primer viaje de golf a Europa, en 1981, empecé a darme cuenta del real valor del maestro. A cada lugar que llegaba y decía que era de Argentina, la pregunta era inmediata: "¿Como está Roberto?"

Tuve el enorme privilegio de jugar con él en su última ronda en el Abierto de la República en 1988, y de compartir algunas entrevistas, y quiero agradecerle por haber dejado el nombre del golf argentino en lo más alto en cada lugar que visitó.

¡Abrazo, Maestro, y gracias!