<
>

Clay-Liston, el verdadero comienzo

El joven boxeador estadounidense Cassius Clay, de 22 años, se convertía en campeón mundial de peso completo. Getty Images

"Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen" escribió en algún momento de su vida literaria el español Camilo José Cela. Suponemos que al hacerlo no estaba pensando en el deporte y mucho menos en el boxeo. Pero en el día que celebramos los cincuenta años de la victoria de Cassius Clay sobre Sonny Liston, nos resulta imposible disociar la frase del acontecimiento.

Para Clay fue el inicio de su propia historia, un verdadero motor que empujó el éxito actual de esta disciplina. Para Liston, el inicio del injusto camino hacia el extremo olvidado de la historia. Porque ambos fueron pilares de ese despegue definitivo del más cruel y amado de todos los deportes.

Fue el 25 de febrero de 1964 en el Salón de Convenciones de Miami Beach en Florida. Sonny Liston era el campeón de los pesos pesados y Cassius Clay (Muhammad Ali) un locuaz y atrevido ex medallista olímpico con un record de 19-0 y 15 KOs. Era la segunda defensa para Liston que arrastraba una racha de 28 peleas y un aura de invencibilidad que repercutió en las apuestas: 7-1 a su favor.

Hasta ese punto de la estadística, las cosas transcurrían tranquilas, amparadas por esa aburrida rutina de "lo que debe ser será". Y es entonces cuando se produce lo que los guionistas llaman de "punto de giro" en sus libretos. Clay comienza a escribir la historia y Sonny Liston a padecerla. "Es un gran oso feo" dijo Clay refiriéndose a Liston en las entrevistas previas. Y extendió su protagonismo al propio pesaje transformándolo en una suerte de round previo a la batalla.

Ese día, Cassius Clay marcó el camino hacia la teatralización mediática del hasta entonces aburrido acto y convirtió la ceremonia de la báscula en un atractivo adicional. " Alguien va a morir en el ring esta noche" les gritó a los periodistas, antes de estrenar oficialmente la más célebre de sus frases: " Voy a flotar como una mariposa y picar como una abeja".

Cualquier comparación con otros grandes campeones no es una mera coincidencia, Clay demostró que la presión mental y el desequilibrio emocional eran herramientas de victoria ante rivales sensibles a padecerlas. Y Liston era uno de ellos. "No se puede golpear lo que tus ojos no pueden ver" le dijo mirándole a los ojos en el colmo de sus golpes verbales.

Fue el comienzo de una estrategia en la que nadie creía. Clay llegó a Miami cargando su imagen de un pugilista elegante, bien parecido, pero engreído y petulante. Para muchos, un simple bocón ansioso de llamar la atención.

Y había razones de mucho peso para no creer en Clay. Él había osado retar aun campeón que venía de masacrar por dos veces a Floyd Patterson y había vencido por la vía rápida a rivales con la dimensión de Cleveland Williams, Nino Valdés y Zora Folley. Además, toda una leyenda tenebrosa se tejía a su alrededor debido a su pasado en prisión.

El clima previo aumento la expectativa y desde su papel de simple desafiante, Clay se robó todos los reflectores. Fue un digno comienzo para la historia moderna del boxeo-espectáculo. Clay subió al cuadrilátero acompañado por Sugar Ray Robinson y Liston por Joe Louis.

Desde el primer campanazo, Clay mostró que su diatriba no se quedaba en el verbo, él conseguía trasladarla a sus manos con las que castigó duro a Liston, sin necesidad de recurrir a su emblemático juego de piernas. Los que esperaban ver una presión insostenible de Liston, asistieron a la superioridad técnica de Clay durante los primeros cuatro asaltos. En base a su velocidad mantuvo a raya a al campeón y consiguió lastimarlo, cuando en el tercer asalto le abrió un corte debajo del ojo izquierdo.

Al término del quinto round ocurrió un episodio que los historiadores suelen ver desde distintos ángulos, aunque sin ninguna unanimidad. Clay regresó a la esquina quejándose de un ardor extraño en los ojos. Para muchos, Liston utilizó alguna substancia en los guantes, pero nunca esa teoría fue comprobada.

Para el sexto asalto, el célebre entrenador en la esquina de Clay, Angelo Dundee, mandó a que su pupilo empleara su mejor estrategia, moverse sobre piernas y golpear. Allí el mundo entendió la frase: "flotar como una mariposa y picar como una abeja". Liston fue humillado en uno de los asaltos más recordados en el mundo del boxeo. La superioridad de su rival fue tanta en ese episodio, que el hasta entonces campeón, alegando una lesión en el hombro, se negó a salir para el siguiente round.

La victoria de Clay se materializó por KOT en el sexto asalto y al momento de la detención, las puntuaciones eran de 58-56 Clay, 58-56 Liston, y 57 a 57. El show del vencedor, sin embargo, no finalizó en ese instante. Lo que ya no podía realizar con las manos, lo haría con su boca y con otra andanada de golpes verbales. "¡Cómete tus palabras! " le gritó a los periodistas que dudaban de que podría derrotar a Liston " ¡Soy el más grande, me sacudí el mundo! " o el clásico "¡Soy el rey del mundo!".

Un mes después Cassius Clay cambió su nombre al de Muhammad Alí y día a día, dentro y fuera del cuadrilátero, fue construyendo su leyenda y protagonizando una epopeya mediática sin igual. Gran parte del éxito actual del boxeo, se lo debemos a ese protagonismo que se empeñó en sostener contra viento y marea.

Es verdad que el boxeo por más de cien años ha escrito páginas de gloria y en el altar de la historia, la contribución de tantos gladiadores jamás deberá ser olvidada. Sin embargo la injusta memoria no escribe el pasado por líneas rectas. Esconde a los derrotados como Liston y glorifica a los vencedores como Clay, el verdadero precursor del show y el espectáculo.

El 25 de febrero de 1964 es un punto de referencia ineludible, un parte aguas imposible de olvidar y que a los amantes de este deporte nos marca a fuego con el nombre del gran vencedor. Cassius Clay. Por eso lo del comienzo: Camilo José Cela tenía razón, aunque nunca pudo saberlo.