Los primeros esbozos de la liguilla mexicana muestran demasiadas previsiones, reservas y precauciones en la cancha. Todos -América, Pumas, Tigres y Pachuca- parecían tener miedo de dar un paso equivocado. Tras un campeonato regular mediocre y poco espectacular en lo futbolístico, lo menos que podemos permitir es una liguilla por el titulo jugada con mesuras. No podemos correr el riesgo de encontrarnos con un equipo que levante el trofeo "temblando" de miedo...

LOS ANGELES, CA.- Miedo, reservas, precauciones... Esas son las condiciones con las que ha comenzado la liguilla por el título del futbol mexicano.

Y el mensaje tiene que ser otro. Tiene que ser contundente, radical, intachable: Aquel equipo que se guarde algo, que especule en el campo, que arriesgue poco, no llegará a otra orilla. No puede el futbol mexicano darse el lujo, tras un torneo de tonos y de aromas mediocres, encontrarse de pronto como un campeón miedoso.

Y el balón comenzó a rodar.

En Pachuca, Tigres fue otra vez un monumento a la mezquindad, a la avaricia futbolística. Teniendo a los jugadores adecuados, las condiciones en el campo y un entrenador de gran experiencia decide conservar el 1-0 cuando podría haber liquidado la jornada de una vez y para siempre. Tigres postergó su pase a las semifinales dándole "oxígeno y vida" al peligroso Pachuca. Cuidado, porque habría que hurgar en el baúl de los recuerdos para darse cuenta de cómo Pachuca siempre encontró maneras y condiciones para jugarle a tope y hacerle daño a Tigres en su propio estadio.

Y en el otro frente con que comenzó la batalla por el título, también hubo espacios poco agradables de futbol y sí, en cambio, muchas reservas. El América salió a conservar un marcador y a tratar de apaciguar la idea de que terminó el campeonato regular en crisis. Mohamed llenó el medio campo de jugadores de contención, se guardó a Rubens Sambueza para la vuelta y solo intentó arriesgar un poco en la parte final del juego cuando envió al argentino Gonzalo Díaz y al colombiano Luis Gabriel Rey a la cancha.

Y no es que Pumas haya sido un ejemplo de compromiso en temas ofensivos, pero Guillermo Vázquez leyó bien el partido y cuando la noche pintaba para un cero-cero, envió al campo al argentino Daniel Ludueña y éste, con un pase exacto, le puso el balón para un remate sensacional de cabeza de Eduardo Herrera. Pumas recibió un premio que buscó y mereció.

La moraleja: el que tome más riesgos en la cancha podría encontrar los mejores dividendos.

Lo que está claro es que el futbol no fue un espectáculo rotundo en el inicio de la liguilla. Fue más bien otro paraje de incertidumbre futbolística como ha sido la característica del campeonato.

Falta que esta noche salgan a escena los otros cuatro finalistas: Toluca, Jaguares, Atlas y Monterrey. La advertencia esta ahí. Jugar con miedo y reservas no es el mensaje que deben enviar los ochos invitados a esta que debe ser, según los antecedentes, "una fiesta" del futbol mexicano. No podemos darnos el lujo de contar con un campeón miedoso.

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Messi/Cristiano RonaldoGetty Images
Los dos grandes futbolistas de la época en un enfrentamiento de todas las épocas. El argentino y el portugués están sumergidos en un duelo espectacular de donde emergerá leyenda e historia y donde, sin duda, nosotros somos los mayores beneficiados...en medio del fragor de la batalla se aceptan las comparaciones, las discusiones y las proyecciones sobre quién terminará siendo el mejor. Messi vs. CR7...¡A disfrutarlo!

LOS ANGELES, CA.-- El martes fue para uno y el miércoles, para el otro. Ejecución a ejecución, actuación con actuación, gol tras gol e historia ante historia. Los amantes del deporte somos afortunados. Tenemos ante nosotros uno de los grandes duelos deportivos de todos los tiempos. Una batalla amparada en la inteligencia, la destreza física, mental, la astucia, un encuentro de poder a poder entre dos de los mejores futbolistas de la historia, donde pueden existir muchos perjudicados, un ganador y una generación completa beneficiada por el nivel de juego del que somos testigos.

Lionel Messi aprovechó tres días de su aún poderosa carrera (tiene 27 años) para descomponer la marca de más goles de la Liga de España y la de más goles en la Champions League. Unas horas después de que el argentino había marcado un "Hat trick" con el Barcelona en Nicosia, emergió la figura de Cristiano Ronaldo, con el Madrid, en Basilea, para "advertirle" que mantendrá la batalla hasta las últimas consecuencias.

Los números son solo una imagen decorativa cuando Messi y Cristiano saltan a una cancha de futbol. Las estadísticas, la caída de récords, de marcas, de nombres legendarios son solo el monumento imaginario que se erige para conmemorar lo que cada uno de estos futbolistas es capaz de hacer sobre un rectángulo de pasto. Dos artistas, plasmando su arte, con "el pincel" que se refleja desde una acción física, pero que tiene un nacimiento en la rapidez con la que son capaces de pensar. Messi y Cristiano piensan más rápido que todos sus colegas en el campo de juego y ello los convierte en dos "seres supremos" en la historia del futbol.

La rivalidad, aunque ellos la nieguen, existe. Y existe a partir de una competencia entre dos grandes equipos de España y del mundo del futbol. Existe desde las condiciones de cada uno sobre el terreno de juego, de que muchas de sus obras se traducen en algo similar: los goles y los triunfos de sus equipos, pero en cuya preparación y terminación se alejan diametralmente al ser dos atletas y futbolistas de destrezas y estilos distintos.

Messi y Cristiano son, al mismo tiempo, un buen pretexto para encender la televisión, acercarse y sentir a dos atletas de la "vieja guardia", dos románticos jugando en un mundo esquematizado, casi científico en el que ha caído el deporte. Ellos crean, inventan, improvisan e intuyen generando alaridos y admiraciones a su paso.

Las grandes rivalidades han contribuido en la historia del deporte y de la humanidad misma. Algunas de esas confrontaciones fueron memorables y se mantienen frescas al pasar de generación a generación. Muhammad Ali y Joe Frazier, en el boxeo, o quizá Alain Prost o Ayrton Senna, en el automovilismo. "El Magic" Johnson y Larry Bird, en el baloncesto, John McEnroe ante Bjorn Borg en el tenis, Carl Lewis y Ben Johnson en el atletismo, Phil Mickelson y Tiger Woods en el golf y hasta el duelo entre los rusos (entonces soviéticos) Karpov y Kasparov en el ajedrez.

¿Dónde terminará este duelo? Nadie lo sabe. Tanto al argentino como al portugués les quedan aún temporadas a tope en su rendimiento futbolístico. Cualquiera de los dos seria un digno poseedor de la marca de goles en España o en Europa.

¿Cuál es mejor? Es una cuestión de gustos. Messi parece un futbolista más completo y Cristiano un rematador implacable. Cualquiera sería un legitimo ganador del Balón de Oro que la FIFA entregara el próximo mes de enero al mejor jugador del año.

Por ahora y mas allá de las rivalidades de camiseta --que son bienvenidas y naturales-- sentémonos a admirar a un par de figuras ya de carácter legendario que salen a la cancha a deleitarse y a deleitarnos con sus grandes condiciones futbolísticas.

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La jornada 17 del futbol mexicano está aquí, y otra vez presenta los mismos síntomas, una mezcla de morbo, emoción, irregularidad y mediocridad. Tras un campeonato malogrado, disperso, incoloro, ahora todo el futbol mexicano se concentra "en elegir" a los ocho candidatos por el título y a que a partir de la semana siguiente, cuando suene el silbatazo de la liguilla, renazca la esperanza de que el deporte finalmente cumpla con su cometido principal: emocionar y entretener... ¿Sucederá el milagro?

LOS ANGELES, CA.-- Una "vieja receta" de la liguilla mexicana dicta que pesa más el "cómo" al "por qué" llegas a esta fase del campeonato y otra antiguo pensamiento establece que durante esta fase del torneo hay que tener más pasión que futbol para ser el campeón.

Bajo ese "sol" en el horizonte, el América no es tan favorito al título como se creía en un inicio.

Un cierre del torneo vacilante, donde no consiguió triunfo en los últimos cuatro juegos, incluyendo un par de derrotas y el hecho de que durante algunos parajes del partido final del campeonato regular ante el Atlas fue abucheado por su propio publico, un América que muchas veces fue poco expresivo en la cancha, que no ganó ninguno de los tres "clásicos" que confronto esta temporada, es un América que esparce dudas sobre sus verdaderos alcances para ser el campeón.

La cara de preocupación de Antonio Mohamed lo decía todo el sábado por la noche en la cancha del Estadio Azteca. El entrenador había enviado a por los menos tres canteranos para tapar un poco la incapacidad de su equipo en los últimos minutos del certamen. Tres jugadores esenciales en el esquema de este América, Rubens Sambueza, Miguel Layún y Paul Aguilar estaban lejos de la cancha por lesiones. El entrenador espera que con esos futbolistas en la alineación, el equipo presente una cara distinta este miércoles en el inicio de los cuartos de final.

Pero lo del sábado no fue el único trago amargo de Mohamed y del América. El domingo se enteraron de algo peor.

En lugar de jugar ante Santos, que por momentos parecía el candidato más poderoso para convertirse en el octavo pasajero de la liguilla, el destino y las combinaciones le han puesto enfrente a los Pumas. El equipo universitario tuvo una muy mediocre campaña regular, pero tuvo tiempo de ganarle al América en la propia cancha del Azteca y un "Clásico" se vive y se juega de manera distinta.

El América será probado muy temprano en esta liguilla. Será probado en un renglón donde los pronósticos no le favorecen. Será probado pasional y anímicamente en un partido donde el futbol puede pasar a segundo termino y donde importan otra clase de circunstancias. Será probado en un escenario (la ciudad universitaria) a donde el América entra y sale con miedo.

Pumas tiene justamente lo que le puede hacer daño al América. Estoy seguro de que cualquiera otra opción habría sido más reconfortante para Mohamed y para sus jugadores.

La liguilla por el titulo esta por comenzar en México. Y no hay un claro favorito, no lo hay, ni siquiera el líder general, que abrazó números sanos en la mayor parte de su rubros pero que no puede sentirse a salvo. Al América, damas y caballeros, le toco "la rifa del Puma".

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La jornada 17 del futbol mexicano está aquí, y otra vez presenta los mismos síntomas, una mezcla de morbo, emoción, irregularidad y mediocridad. Tras un campeonato malogrado, disperso, incoloro, ahora todo el futbol mexicano se concentra "en elegir" a los ocho candidatos por el título y a que a partir de la semana siguiente, cuando suene el silbatazo de la liguilla, renazca la esperanza de que el deporte finalmente cumpla con su cometido principal: emocionar y entretener... ¿Sucederá el milagro?

LOS ANGELES, CA.- Los torneos cortos han provocado que todo se vuelva más rápido en el futbol mexicano. Los resultados, los futbolistas, los entrenadores, los procesos, los planes, los sueños... Todo se ha vuelto más rápido, incluso la ya vaga idea de que el futbol debe cumplir con una importante tarea de entretenimiento y diversión. Rápido: se busca un campeón, necesitamos un campeón, así no cumpla con ciertos requisitos y así no responda a las necesidades históricas de su posición.

Un malogrado y desgastado sistema de competencia nos ha llevado nuevamente a la misma situación. A un "callejón sin salida", hasta una pared que sigue frenando los niveles de desarrollo y espectacularidad del juego y donde lo único que es evidente es que la irregularidad y la mediocridad van de las mano del futbol mexicano.

Jornada 17 y última, por fortuna, dirían algunos. Jornada 17 que debe establecer a los ocho finalistas del campeonato y que vuelve a presentar parajes tan desconcertantes reflejados hasta en temas de cálculos, de matemáticas, con equipos que presentando un rendimiento muy por debajo del cincuenta por ciento de productividad acceden a la lucha por el campeonato y hasta amenazan con quedarse con él.

El problema es casi el mismo en muchas de las carencias del futbol mexicano: el dinero. Cuando el negocio se mezcla con la parte deportiva, se imponen "los verdes" (no los de la selección) sino los billetes verdes que son los que establecen la necesidad de tener una liguilla cada seis meses y de mantener, a pesar de que se sufren deterioros en todos los sectores, (la cancha, en la tribuna, en la selección, en el nivel general del futbol mexicano) a pesar de ello se impone la necesidad de generar dineros.

Pero hemos entrado a una situación de auto deterioro. Sabemos que este sistema nos hace daño, pero insistimos en que esa la mejor fórmula porque suponemos que en algún momento, como ha ocurrido en algunos parajes de la competencia de liguilla de los últimos años, aparecen el factor emoción, morbo, palpitación o llámele como quiera que termina cumpliendo con el cometido principal. Es decir, durante 17 fechas, "machacamos" el nivel deportivo de una Liga, plantamos partidos de pocas esencias técnicas, de un bajo nivel deportivo, de una casi nula espectacularidad y esperemos que "el milagro" ocurra en el mini torneo que ha de comenzar la semana que viene.

América, Toluca, Tigres y Atlas y quizá el Monterrey han cumplido, hasta cierto punto, con un torneo decoroso, pero Chiapas, León, Pachuca, Santos y Querétaro sienten que merecen también la posibilidad de pelear por el campeonato. Pumas y Cruz Azul son una vergüenza.

La liguilla se puede jugar sin tres de los grandes dueños de la pasión de las tribunas: Pumas y Cruz Azul necesitan de varias combinaciones para hacerse del boleto y Chivas, por cuarto torneo consecutivo, esta eliminado ya esa de posibilidad. Poco a poco, la necesidad del negocio le ha hecho daño al propio negocio. Lo que muchos tratan de confundir con equilibrio no es más que mediocridad.

Llega la jornada 17 y es una buena noticia. Es el final de un campeonato irregular y mediocre y la esperanza de que la semana que viene, cuando suene el silbatazo del inicio de la liguilla, comience "el milagro".

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Y el América lo sabe. Lo reconoce su historia en esta parte del campeonato y sabe que el último antecedente de una noche triunfal en Liguilla se debió más a la entrega que a una condición plena futbolística. Mohamed quiere que sus futbolistas estén mentalizados y concentrados en la peligrosidad de la parte final del torneo, porque sabe que para los intereses de su equipo de nada le sirven los treinta y pico de puntos o el comportamiento en el campeonato regular.

LOS ANGELES, CA.- Las crónicas antiguas eran muy claras y específicas: "El América se metía al 'bunker' de Coapa, y ahí, en los viejos dormitorios que olían a sus héroes y sobre los sagrados campos que sabían de las grandes gestas de su historia, se preparaba para un solo motivo, sin pretexto alguno: levantar el trofeo de campeón".

"Vamos por todo", dice Antonio Mohamed, por cuya cabeza no hay ni siquiera un atisbo de duda: El América es el rival a vencer y a partir de ahí, sin importarle demasiado si es primero o segundo de la competencia regular, el América lanza el reto: aquel que pretenda el campeonato, tendrá que pasar sobre ellos.

Y el primer mensaje es directo: Ni Layún (que es el músculo del equipo), ni Sambueza (que aporta la clase), ni Aguilar (que es una esencia fundamental del esquema) serán parte este sábado el último juego en el torneo regular ante el Atlas, donde el América trataría de asegurar el liderato general del torneo. Los tres, con alguna molestia muscular, son reservados para la mitad de la semana siguiente, cuando comience el verdadero reto del americanismo: el título de la Liga.

Mohamed entiende que este equipo vive de trofeos. Que sus treinta y pico de puntos y sus parajes regulares durante el campeonato no le sirven de nada si no cumple con una liguilla satisfactoria. El América no ha ganado nada aún. Se sabe, se reconoce como el principal contendiente, como el equipo más sólido, pero entiende que los momentos de mayor apuro estarán por llegar, cuando el margen de error sea mínimo y cuando la concentración será fundamental.

Al mismo tiempo, en el sentir americanista, siempre existe la percepción -quizá no equivocada- de que hay una motivación especial por derrotar al América en la fase de la Liguilla. Que los otros siete contendientes se pelean y hasta se agrupan para tratar al unísono de afectar sus intereses. Se juegan dos Liguillas al mismo tiempo: una que significa ganar el campeonato. La otra, está clara, echar al América.

Hay poco tiempo para corregir en temas futbolísticos. El América es lo que es: un equipo sólido y serio en asuntos defensivos, con jugadores de medio campo como Sambueza y Osvaldito Martinez que son capaces de generar futbol para hombres peligrosos, del frente, como Michael Arroyo, Oribe Peralta, Luis Gabriel Rey y Luis Angel Mendoza. No esperen demasiada espectacularidad ni vértigo. El América es un equipo medido, exacto, que no desperdicia ni talento ni energía. La gran preocupación de Mohamed sigue siendo la parte mental, un tema que le llevó a no ganar ningún Clásico en el torneo (vamos, ni siquiera le ganó a este Chivas en el Azteca) y que por momentos parece preocuparle. Pero para ello, para saber en qué nivel de compromiso está la cabeza del futbolista americanista habrá que esperar el silbatazo inicial de la Liguilla.

Aquellos días del "bunker" se terminaron, pero a decir verdad, la última vez que el América levantó un trofeo lo hizo -aquel lluvioso 26 de mayo del 2013- con más pasión y mentalidad que futbol.

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Sin "miedos"

FECHA
19/11
2014
por David Faitelson

La memoria reciente y lejana del futbol mexicano nos lleva a parajes sombríos cuando se trataba siempre de competir en otro nivel futbolístico. Las selecciones mexicanas que se atrevían a ir a Europa lo hacían carentes de personalidad y carácter para conseguir los resultados. Hoy estamos ante un nuevo panorama. Una selección formada mayormente por elementos que juegan, intentan jugar o se entrenan en las poderosas ligas europeas y un entrenador que logra transmitir un mensaje de entrega, lucha y sed por el triunfo. La cara del México futbolístico se ha transformado abriendo un paraje de esperanza para el mañana.

LOS ANGELES, CA.-- ...Y la toma de la televisión se concentró entonces sobre la banca visitante de la Arena Borisov: Acurrucados bajo la cobija, en medio de la gélida noche bielorrusa, frotándose las manos y arrojando el vaho en cada respiración. El futbol mexicano se moría de frío, más no de miedo.

Aún en la derrota, una derrota dolorosa por la manera y el tiempo en el que ocurre, la impresión generalizada que deja la Selección Mexicana de futbol en su mini-gira por tierras europeas es la de un equipo de personalidad, carácter y valentía en el campo de juego.

La memoria del futbol mexicano no puede ni debe engañarnos. La selección de Bora hace casi cuatro décadas que permitía cinco goles en tierras italianas. La de Lapuente que no metía ni los pies ni las manos en Wembley, la de Mejía Barón, la de Aguirre o la de La Volpe. Cuando a México le tocaba mostrar sus progresos en el nivel mas elevado y competitivo del futbol, le temblaba todo, le atormentaban sus miedos y complejos más ocultos y se desvanecía, se desvanecía en la cancha como un tobogán sin freno.

Gran parte del cambio obedece sin duda a un equipo amparado por una generación que juega o intenta jugar -o al menos se entrena- en uno de los niveles más desarrollados del futbol: las poderosas ligas europeas. Y a ello, sin duda, hay que sumar la personalidad de un entrenador que es capaz de transportar su mentalidad hacia la cancha y traducirlo en un equipo aguerrido, que no para de luchar y que generalmente está más preocupado por atacar la portería contraria que por defender la suya.

Hoy, México no se muere de miedo en ninguna cancha europea. Puede ganar, puede perder, puede tener momentos brillantes como ocurrió en Amsterdam hace una semana o parajes irregulares y confusos como los que se suscitaron en Borisov el martes por la noche, pero es una selección que en las buenas o en la malas conserva el temple y la personalidad.

Pero tampoco ello es una garantía absoluta de éxito. Es apenas el primero de muchos pasos que debe dar la Selección Mexicana rumbo a una faceta que le permita competir entre los mejores equipos del mundo en el futbol. El secreto sigue siendo la generación de futbolistas, que más temprano que tarde, deben emigrar hacia los escenarios del futbol europeo. Crecer ahí, desarrollar otros sentidos de cancha, de competencia, jugar y foguearse con los mejores. Salir, abandonar, renunciar al calor y a la comodidad de casa para dejar que el frío de las mejores canchas del mundo termine abrigando la esperanza de un crecimiento.

Hoy, Carlos Vela, "Chicharito", Giovnni, Jiménez, Guardado, Ochoa, Corona, Aquino, Herrera y Jonathan le aportan a México una solidez mental y competitiva que nos hace soñar con el mañana. Y un hombre como Miguel Herrera, que si bien fue concebido y forjado al interior de los muros de nuestro nivel futbolístico doméstico, entiende las necesidades casi ancestrales que tiene este futbol por salir a jugar sin miedo ni reservas.

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Más allá de lo positivo que en términos generales resultó la mini-gira europea, queda la sensación de que Miguel Herrera intentó inventar, experimentar y generar algo nuevo esta noche en Borisov, cuando concluyó el partido con cuatro delanteros en la cancha al mismo tiempo: Giovani, Jiménez, "Chicharito" y Carlos Vela. Cuando México era y se sentía más que su rival en la cancha, Herrera trató de jugar al ajedrez con los bielorrusos y terminó sacrificando a sus "peones" y "alfiles" y perdiendo a su "Reina" y a su "Rey". ¡Jaque mate!

LOS ANGELES, CA.-- Miguel Herrera pudo haber aprendido una maravillosa lección esta noche en la Arena Borisov: con los rusos puedes jugar a muchas cosas, menos a tomar vodka y mucho menos a jugar al ajedrez.

Hay un momento en la vida de un entrenador donde cree que sus decisiones, sus sentidos y su inteligencia están por encima de todo. Se cree intocable y poderoso, capaz de inventar, de generar algo nuevo y maravilloso en una cancha donde todo parece haberse experimentado e inventado ya. Miguel Herrera se sintió así esta noche en la Arena del BATE Borisov: planificó sus jugadas, estudió el tablero y terminó perdiendo una partida que México no tenía que perder.

Pero su atrevimiento y osadía se agradecen en la fría noche de Bielorrusia. Con el tablero de ajedrez dispuesto para el "Jaque Mate" mexicano, sacrificó a sus "peones" y "alfiles"; puso a la "Reina" como señuelo y terminó perdiendo al "Rey" en los últimos segundos. "Jaque Mate" a Mexico en Borisov.

Con el juego 2-2 y a falta de 10 minutos, Herrera decide realizar sus movimientos: A Giovani dos Santos y a Raul Jiménez, se la sumaron Carlos Vela y "Chicharito" Hernández en el ataque. Los cuatro al mismo tiempo. Más Guardado y Jonathan en medio campo le dieron espacio y condiciones a los bielorrusos que aprovecharon una de las tantas oportunidades que el medio campo y la defensa mexicana les permitían.

México concluyó siendo un equipo desbalanceado y desorganizado en el campo.

Al final del día, y más allá del sentido competitivo que tiene que tener siempre una selección como México para tratar de ganar los juegos donde sea y bajo las condiciones que sea, para esto sirven los partidos de preparación: para ensayar, para probar y para acertar o fallar. No pasa nada.

El balance de la "mini-gira" europea es positivo para la Selección Mexicana de futbol. Entre otras cosas, México demostró que con su base europea puede aspirar a tener un conjunto de mayor calidad en la cancha. El regreso triunfal de Caros Vela, la aportación de Raúl Jiménez y la madurez que enseñó Jonathan dos Santos son otros aspectos que se rescatan en el plano individual. Espero que las "salidas" a Europa se mantengan más allá de que la necesidad económica que tiene el futbol mexicano por jugar en los Estados Unidos prevalezca.

Un 3-2 ante Holanda magistral y un 2-3 ante Bielorrusia que supo a poco. Miguel Herrera jugó al ajedrez ante los bielorrusos, quizá ignorando algunos nombres como el de Karpov, Kasparov, Ponomariov, Kuzubov, Radjajov, mas de 250 grandes maestros del tablero que esa región ha aportado hacia el mundo. Ni hablar.

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El nuevo acuerdo entre el entrenador nacional y la FMF demuestra que el futbol mexicano sigue siendo un futbol de salarios inflados. Miguel Herrera se convierte en el octavo entrenador mejor pagado del mundo, pero México no tiene ese estatus como selección nacional en una cancha de futbol. Los entrenadores y los futbolistas en México viven de una mentira: su nivel deportivo no corresponde al de una industria poderosa, al de un mercado que genera millones y millones de dólares al año.

LOS ANGELES, CA.-- El "premio" para Miguel Herrera llegó. Finalmente llegó: un contrato que le garantizará su permanencia en la selección mexicana hasta el Mundial del 2018 y que lo ubicará, además, como uno de los 10 entrenadores mejor pagados en el mundo del futbol.

En un par de años, Herrera pasó de ser un entrenador que firmaba contratos de seis meses, prácticamente a destajo, en dependencia directa de los resultados que iba obteniendo en la cancha cada fin de semana, a un técnico cuyo salario tiene un nivel competitivo con el de entrenadores como Joachim Low, Vicente del Bosque, José Mourinho, Pep Guardiola, Carlo Ancelloti y Fabio Capello.

Está claro que nadie le regaló nada a Miguel Herrera y que sin duda merece un incentivo, tomando en cuenta las condiciones en la que aceptó el compromiso de dirigir a la selección mexicana y los resultados que entregó en los siguientes meses, incluyendo el Mundial del 2014. Pero ello no quiere decir que el futbol mexicano no mantenga una posición de sobrevaluo en cuanto decide establecer el salario de su entrenador.

Ni la selección mexicana, ni Miguel Herrera, ni el futbol mexicano en general, tienen las condiciones deportivas --no estoy hablando del tema de la economía, del mercado o de la industria-- para pagar esas cantidades a los futbolistas y a los entrenadores.

Y estoy consciente de que muchos defenderán la hipótesis de que los salarios tiene una correlación directa con los tamaños del negocio y que la selección mexicana produce, genera, vende y vende bien, pero me queda claro que cuando se trata de un futbolista o de un entrenador, no hablamos propiamente de un negocio, hablamos de una parte que debe darle preferencia a un aspecto meramente deportivo. El futbolista y el entrenador en México están muy por debajo de lo que el mercado dicta. Tienen, otra vez y siempre, la fortuna de trabajar en un mercado generoso y ganador en lo económico, pero que no están al nivel en la parte deportiva.

Los entrenadores en México son caseros, domésticos; salen poco y las únicas oportunidades que tienen de competir en el panorama internacional del futbol se refieren a los campeonatos mundiales, donde México no ha hecho gran cosa. Y los futbolistas mexicanos, salvo algunas excepciones, tampoco tiene una gran proyección en las mejores ligas del mundo. Lo increíble es la clase de salarios que se siguen pagando alrededor del futbol mexicano.

Un futbol inflado. Ese es lo que tenemos porque podemos presumir el octavo mejor salario del mundo para el entrenador nacional, pero estamos lejos, muy lejos, de ser la octava mejor selección del mundo en el futbol.

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Y al final se ratificó lo que ya conocíamos... Carlos Vela es un futbolista de grandes cualidades que puede y debe aportar mucho al equipo mexicano. Después, nos quedamos con algunos minutos de gran personalidad y competitividad en el campo y con un resultado, vaya resultado, un 3-2 en tierras holandesas que no se presumen todos los días. Se prendió la Vela en Ámsterdam y se llenó de calor y de fuego el futuro mismo de la Selección Mexicana.

LOS ANGELES, CA.-- Hacia el final de la jornada -que puede y debe tener connotaciones históricas- no queda muy claro qué fue lo más relevante de México en la Arena de Ámsterdam... ¿El resultado o la actuación de Carlos Vela?

El 3 por 2 ante Holanda es y será siempre valido, más cuando se trata de un equipo que por grandes pasajes del juego mostró personalidad y sitio en el campo y que pudo reponerse de momentos donde el rival crecía y parecía apabullar. Hace más de 50 años que ningún equipo de la Concacaf ganaba en territorio holandés. Ese dato, más el sitio que ocupa el futbol de esa nación en la historia y muy a pesar de la marcha irregular de este momento, tiene que darle la justa dimensión al resultado. Fue un partido de preparación, sin nada de por medio, pero fue un gran resultado.

El nombre de Carlos Vela también debe emerger como una de las grandes notas de la noche mexicana en Holanda. Vela regresó a la selección y lo hizo de manera poderosa, demostrando por qué ha sido el mejor futbolista mexicano de los últimos tiempos en las ligas más desarrolladas del mundo. Tocó pocos balones, apareció en jugadas clave y definió el partido cuando México más lo necesitaba. Ese es el Carlos Vela que ha madurado con la Real Sociedad y que apunta y amenaza con transformarse en un futbolista aún de mayores dimensiones. Hoy por hoy, tiene un nivel diferente al de sus compañeros y puede ayudar a fortalecer a una selección que cada día parece depender más del talento y de la alta competencia que pueden ofrecer los jugadores que actúan en las mejores ligas del mundo.

¿El resultado o Carlos Vela? Aunque lo primero pudo ser consecuencia de lo segundo, podemos cometer una grave omisión... No reconocer que en algún momento de la primera parte, sobre todo en los primeros 20 o 25 minutos del partido, México mostró una gran condición, digamos que la condición soñada de afrontar al máximo nivel a selecciones del tamaño de Holanda.

Sea como sea, con el resultado como las "ocho columnas" o la actuación de Vela, queda claro que este tipo de partidos son los que finalmente debe procurar el futbol mexicano para continuar en su proceso de crecimiento. Hay que volar, ir, jugar, confrontar y pelear en la cancha como México lo hizo anoche en Ámsterdam.

Bienvenido Vela, bienvenido el resultado y bienvenidos esos momentos de personalidad y de alta competencia que tanto anhela el futbol mexicano.

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PonceImago7Como en el Tri hace unos días, en La Coruña, Vela sonrió, pero no habló con los medios.

El delantero de la Real Sociedad es la gran noticia alrededor de la Selección Mexicana de Futbol, que ha quedado concentrada desde esta semana en Ámsterdam, para afrontar un juego de preparación este miércoles ante la selección holandesa. En el ímpetu y la pasión del aficionado mexicano puede existir espacio para una terrible confusión: Carlos Vela llega a "aportar" no a "cambiar" el presente del equipo mexicano. Carlos Vela es parte de un grupo de futbolistas europeos que pueden darle, finalmente, a México, la cuota de calidad que hace 136 días acabo con su sueño mundialista.

LOS ANGELES, CA.-- No es Messi, no es Cristiano, no es Neymar, no es Benzema, pero es un futbolista con pasaporte mexicano que en la última época ha logrado lo que ningún otro jugador de su nacionalidad ha sido capaz de hacer en las ligas más desarrolladas del mundo: tener regularidad.

Carlos Vela es la noticia que hoy cobija y abriga a la Selección Mexicana de Futbol. El escenario que le rodea casi es perfecto: enfrentar a la selección de Holanda en la Arena de Ámsterdam, en una fecha FIFA, cuando han transcurrido 136 días desde aquella malograda tarde del domingo en Fortaleza, Brasil, cuando México fue eliminado del Mundial. De la famosa tarde del "No fue penal" y hasta la oportunidad de probarse ante un consagrado mundial y con la presencia, además, del futbolista mexicano de mayores éxitos en las últimas temporadas europeas.

Lo que debe quedar claro es que Carlos Vela viene a "aportar" no a "cambiar" el presente de un equipo que está vías de formación para afrontar los retos competitivos que le depara el verano del 2015 y el camino para el Mundial de Rusia 2018. Si suponemos o pensamos que un solo futbolista puede darle a México un rumbo diferente en cuanto a su nivel de competencia, estamos y estaremos rotundamente equivocados. La fuerza del futbol mexicano se basa en su conjunto, en la capacidad que tenga de reunir a grupo de futbolistas en buen momento en zonas delicadas del campo y bajo un sistema apropiado. Luego y siempre, cuentan la solidaridad, la mentalidad y la personalidad.

Este mismo fin de semana, en alta competencia que significa la Liga de España y ante el campeón reinante del torneo (Atlético de Madrid), Vela demostró que ha madurado y crecido a tal forma que tiene futbol para ofrecer y seguir desarrollando a un nivel interesante para su carrera. A sus 25 años, en una campaña donde su club, la Real Sociedad, afronta problema en el sótano de la tabla, Vela intenta ponerse a los hombros a su equipo y demostrar, supongo, que tiene la capacidad futbolística y el carácter para emigrar algún día al nivel que sigue en los clubes europeos. Por algún momento, en el inicio de su carrera, coqueteo con esa posibilidad en el Arsenal. El tiempo se agotó para él en el futbol inglés y Vela encontró una salida al éxito en un equipo de media tabla en el futbol de España.

Junto a Javier 'Chicharito' Hernández, cerca de Giovanni Dos Santos, de Andrés Guardado y de Héctor Herrera, más otros nombres que deben dar el estirón en la selección como Jonathan Dos Santos, Diego Reyes, Javier Aquino y Jesús Corona, más, por supuesto la presencia de Carlos Vela, México intenta demostrar y demostrarse asimismo que puede lograr la "cuota de calidad" que finalmente le privo de continuar con su sueño en el último campeonato mundial. Pero no hay un nombre que le otorgue por sí mismo ese estatus o esa condición. Hay un grupo de futbolistas que debe y puede intentarlo.

@Faitelson_ESPN

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El deporte siempre ha sido parte de un mundo de rivalidades y de pasiones encontradas. Y esa competencia ha producido a equipos de gran envergadura y atletas de grandes alcances, pero lo importante aquí es que esa polarización de sentidos no termine apartándonos del mensaje y de la obra más importante: la del ser humano, la de un futbolista que es capaz de generar magia y arte a su alrededor para entregarnos algunos de los pasajes más impactantes y profundos en la historia misma del deporte. Apreciemos y gocemos al futbolista, más allá de su color de camiseta, de su credo futbolístico o de la tribuna que representa.

LOS ANGELES, CA -- No estoy muy seguro si la mayor parte de los aficionados -y también los que no forzosamente son aficionados al deporte- hayan comprendido la clase de futbolista que tenemos ante nuestros ojos.

Y entiendo muy bien que el deporte es un mundo de rivalidades, de pasiones, de preferencias, de ideas, de sentidos, de colores, de polarizaciones y que al final del día, ello puede determinar el gusto por un jugador o por otro. Pero más allá del color de su camiseta, de su credo futbolístico o de la tribuna que representa, tenemos prohibido cegarnos ante la realidad de lo que este futbolista significa para la historia misma del deporte.

A sus 27 años de edad, Lionel Messi puede darse un lujo que no cualquier futbolista en la historia puede presumir: alcanzar, en la misma semana, el récord de más goles en la historia de la Liga de Campeones de Europa y el de más goles en la historia de la Liga de España. ¿Hace falta agregar algo más?

Sí, podríamos agregar algo más, mucho más a una historia escrita no solo en condiciones de estadística, de récords, de trofeos, de logros, de distinciones, de premios, también está y estará siempre la forma en la cual este futbolista ha entregado su trabajo en la cancha. Para Messi no solo han sido los resultados, fehacientes, poderosos, infranqueables, también han sido las maneras y los métodos en los cuales lo ha establecido.

Y que corra el video en la más alta definición que impone la época de la tecnología: lo logra comenzando la jugada, con un amague, con un cambio de ritmo, con una potencia salvaje en las piernas, de derecha, de izquierda, con el hombro, la cadera o la cabeza, en perfil cambiado, barriéndose para cerrar a segundo palo o intuyendo la forma en la cual reaccionará el defensa. No hay un plan predeterminado para las ejecuciones de Messi: lo único que se impone es una condición que va más allá de los límites humanos para jugar al futbol.

Yo, igual que muchos de ustedes, disfruto de manera profunda el duelo que la época nos ha permitido atestiguar. Me gusta y reconozco cada sentido de competencia que Cristiano Ronaldo ofrece desde la camiseta del Real Madrid. Es un fuera de serie, con una personalidad radiante, avasalladora y una capacidad feroz en la cancha para hacer lo que mejor sabe hacer: meter goles y llevar a su equipo hasta el triunfo, pero cuando Messi se pone a jugar al futbol, los demás parecen simple y escuetos mortales que están para dar fe de la obra de un "elegido".

Los números, los récords, las estadísticas son solo una consecuencia de lo que Lionel Messi establece sobre una cancha. De alguna u otra forma, Messi ha utilizado esas condiciones numéricas y al propio Cristiano para mostrarnos parte de su grandeza.

Y entiendo que la pasión y la competencia son fundamentales en la vida de cualquier ser humano. El Real Madrid, el Barcelona, el Bayern Munich, los clubes ingleses o italianos. En gustos, en preferencias, en sabores, olores, se rompen todos los géneros. La competencia es válida, totalmente comprensible y resulta al final, insisto, en una situación de la que todos nos vemos favorecidos, pero que esa pasión no termine alejándonos o cegándonos de lo que alguna vez los libros de historia relatarán como uno de los más grandes jugadores de futbol de todos los tiempos.

@Faitelson_ESPN

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