Atlético confirmó su paso a octavos de Copa con un empate sinsabor

MADRID (Paola Núñez/Corresponsal) -- En el partido más frío en años en el Vicente Calderón, el Atlético de Madrid sacó un deslucido empate por 2-2 ante el Hospitalet de la Segunda División B para sellar, gracias a un global de 5-2, su pase a los octavos de final de la Copa del Rey donde se enfrentará al Real Madrid.

Ni siquiera fue debido a la temperatura; peores noches ha visto Madrid en este otoño con unos 8ºC con cielo despejado. Atlético de Madrid había encaminado la eliminatoria con un 3-0 en la ida por lo que el partido se antojaba a mero trámite y ni los precios populares (hasta cinco euros por boleto), ni el simple hecho de presenciar el último partido en casa de 2014 atrajeron a la afición. En las gradas había 10,000 personas, la entrada más pobre de la temporada, que desperdigadas por todo el recinto, daban la impresión de no llegar ni a la mitad.

Y como trámite lo tomó también Diego Pablo Simeone, que prescindió de nueve titulares. Sólo Mandzukic y Koke, que portó el gafete de capitán, fueron requeridos para apuntalar a un equipo que fallón y en cámara lenta, no hilvanaba una jugada. El rival exigía poco o nada y se contentó con robar el balón de tanto en tanto aunque con una buena dosis de agresividad.

El partido, de por sí falto de lustre, tuvo varias pausas por faltas y un susto para los rojiblancos cuando Mario Mandzukic quedó tendido en el suelo quejándose de un tobillo. Aunque no pasó a mayores, Atlético entendió que no debía arriesgar más de la cuenta.

De tal manera que en toda la primera parte hubo un solo disparo a puerta. Y con eso bastó. Fue al minuto 20, cuando Mario Mandzukic sacó la máxima renta de una jugada que había iniciado en los pies de Raúl Jiménez. El mexicano había robado un balón para poner un pase entre líneas para Mario Suárez, quien en el borde del área grande sacó un potente disparo que Craviotto alcanzó a rechazar tan sólo para dejar el balón a modo para el croata.

El Atlético se animó, pero la renta era ya de 4-0 y no había terminado de entrar en calor, así que aunque generaban oportunidades casi sin esfuerzo, los remates de cabeza de Raúl Jiménez y Mandzukic resultaron demasiado débiles; el remate de Saúl, demasiado desviado.

La tibieza en ataque la terminó pagando la descuidada defensa, de confección inédita y con un debutante, que olvidó que aunque en Segunda B, Rubén Alcaraz es el máximo goleador de su categoría y como tal, marcó el 1-1, si bien de manera fortuita, pues su disparo pegó en Saúl antes de colarse en la portería de Oblak.

El Atlético, que ya se había permitido demasiados lujos, decidió entonces despertar, si acaso por una cuestión de honor. Volcado al ataque, no tardó demasiado en recobrar su ventaja gracias al oportunismo de Mandzukic, que de palomita anotó el segundo, aunque de poco ayudó si de terminar el año con una victoria en casa se trataba, pues a siete del final, Rubén Alcazar se volvió a hacer presente en la portería de Jan Oblak, esta vez con un disparo con efecto que se coló en la portería tras rozar el travesaño.

Lejos de afinarse, las torpezas de la versión alterna del Atlético, se multiplicaron.

Simeone guardó a sus titulares, Koke y Mandzukic, y dio la alternativa a dos canteranos más, Carlos y Keita, quien cerca estuvo de amargar la noche a los pocos asistentes con un terrible despeje que oportunamente atrapó el arquero esloveno.