De la ética de Klose a la estafa de Suazo

18:07 ET
Actualizado el
por Rafa Ramos
MéxicoGetty ImagesMiroslav Klose pidió al árbitro que anulara un gol de mano ante Napoli en la Liga A
LOS ÁNGELES -- La incongruencia. O la doble moral. A Humberto Suazo lo condecora Monterrey con su silencio. Y la Comisión Disciplinaria lo sentencia con un partido de castigo.

Cierto: la afición del Monterrey debe encender las veladoras, porque Suazo les apagó los cirios de la eliminación.

Suazo trabaja, labora, arma el penal con astucia, ingenio, dolo, perversidad y trampa. Y el árbitro Francisco Chacón compra.

Ese penalti, certificado en la red por el mismo Chupete, con un cobro de rechupete, avivó la exigua y frágil llama de esperanzas del Monterrey, aunque ahora su destino está en manos aviesas: manos de otros que quieren, pueden y deben clasificar.

Queda claro: en Monterrey nadie martiriza a Suazo. No significa que no haya hecho mal, significa que las desgracias siempre ocurren de la puerta hacia afuera.

¿Es justa la suspensión? Sin duda. Hay intención de engañar. El problema es que la torpeza del silbante Chacón se agiganta cuando no le muestra tarjeta al defensor del Toluca. La conclusión: premió el clavado pero no castigó la falta, porque no existió.

No olvidemos: Chacón ejerce la tibieza en grado extremo. De los diez encuentros que ha silbado en el Apertura 2012, los locales han ganado dos veces, los visitantes dos, y el resto, los otros seis, han sido empates. Un arbitraje timorato se siente protegido por la "injusticia salomónica" de un timorato empate.

Chacón trata de que haya heridos leves, pero no muertos, porque ene l futbol los muertos deambulan en las tribunas mediáticas, jalándoles las patas a los silbantes. Y este alopécico juez prefiere vivir en la ecuanimidad de sus temores.

Por ejemplo, este miércoles rescató al Monterrey en su casa. Abandonó el estadio sin miedos. Seguramente hasta lo felicitaron.

Pero así como Chacón se equivoca, o prefiere pasar por tonto antes que por difunto, el daño medular se origina en Suazo. Ojo: no es el primero, no será el último.

Y ahora la Comisión Disciplinaria queda emplazada a tratar de castigar a todos los farsantes del área que simulen desde un vahído bulímico o anoréxico, hasta quienes en alarde circense den tres vueltas de canguro y caigan inmovilizados, como anacoretas del Pancracio.

Queda claro que Monterrey debió pronunciarse ante la faramalla de Suazo. Su silencio es signo inequívoco de tolerancia, de apoyo, de respaldo y un aval certificado para que de ser necesario lo vuelva a ejecutar.

Y en el plan truculento y absurdo de la suposición, si ese tango de Suazo y ese tongo del árbitro, terminan por favorecer que Monterrey llegue a la Liguilla, el defenestrado delantero chileno pasará a ser, por arte de magia el Santo Patrono del Ardid.

"El engaño es esencial en el futbol", lo dijo Nacho Ambriz, dirigiendo a Chivas y tratando de redondear justificaciones al Cubo Torres tras uno de sus aparatosos desmayos de ninfa acalorada.

Y en un tono similar se expresó Chaco Giménez. "En el futbol todos somos mañosos. Nadie va a decirle al árbitro que no fue penal o que fue gol con la mano".

El 26 de septiembre, Miroslav Klose anota un gol con la mano para la Lazio ante el Nápoli. El árbitro lo valida. Los jugadores del Nápoli estallan. Klose busca al colegiado. Confiesa su falta. El juez reanuda y el gol se invalida. Los jugadores del Napoli abrazan al teutón.

La ética es un compromiso. Es un acto supremo de rectitud. Klose lo demostró.

Chaco en cambio justifica la trampa en su forma de vida, en su trabajo, en su profesión, en su oficio, no como un accidente, sino como un derecho y un método.

Klose hace historia y desata histeria de alabanzas.

¿Los otros? son historia de su propia histeria.