El Piojo ya no puede ser

19:56 ET
Actualizado el
por Rafa Ramos
Miguel Herrera Mexsport Herrera no sabe aún su futuro con América

LOS ÁNGELES -- No cumplió los objetivos. Es decir, no cumplió sus promesas. O sea: no llenó las expectativas de las Águilas del América.

"Si no llegamos a la Final, me tendré que ir. Lo sé y lo acepto", había dicho Miguel Herrera, DT de las Águilas.

Sin embargo, El Piojo se queda en El Nido. Ha sido ratificado. Otra vez se habla de 6 meses.

La decisión parece correcta. Parece justa. No siempre los fracasos son adjudicables a una sola persona.

El Piojo al menos resucitó al América. Lo hizo llegar a dos semifinales consecutivas, sumó 63 puntos en los dos torneos, uno más que los Xolos de Tijuana.

Es decir, ha sido el técnico más productivo en 2012 en puntos, que a final de cuentas no cambia la realidad: él y el América se quedan con las manos vacías: ni Libertadores, ni título.

Además, desarrolló al mejor goleador de 2012, con los 27 goles de Christian Benítez, e incluso supo controlar la tormenta tras aquel penalti errado por el ecuatoriano que amenazaba con fracturar el vestidor.

De esta manera, Herrera deja constancia de mejoría en el equipo, que aún está lejos de ser el espectacular que le reclama la historia, la afición, la directiva, y por supuesta la propia empresa propietaria de un producto que debe vivir en el pináculo del odio y el amor, de los vítores y de los vituperios, del respeto y el oprobio.

América no puede ser un gris patrocinador de lástima o de indiferencia. Nació para ser el villano que sedujera a unos e irritara a otros.

Ya se explicó en el anterior Blog que el fracaso del América no se fundamenta en el Nemesio Díez, el domingo, sino el jueves, en su propio Nido, en el Azteca, en la catedral del futbol mexicano, que le pertenece, pero que ha permitido que se metan a saquearlo y sobajarlo.

Ya cayó Rosinei, necesariamente deben seguir ese camino Rolfi Montenegro y algunos más.

Pero, el Piojo debe entender que tiene una lista de compromisos ineludibles:

1.- Saber contratar refuerzos, porque Hobbitt Bermúdez, Chema Cárdenas, Efraín Juárez y Rubens Sambueza no llenaron las expectativas ni los botines de adalides que se les habían asignado.

2.- Hacer respetar el Azteca. De hecho, las versiones aseguran que ese es el primer requisito innegociable que le ha impuesto la directiva: el Coloso dos veces mundialista debe estar abarrotado y festivo. El Circo Romano de Tlalpan debe ver rodar las cabezas de los osados, pero no debe derramar sangre propia.

3.- Y por supuesto: ganar todos los Clásicos y someter a todos los antagonistas virulentos, que en este caso, podemos decir, son los otros 17 clubes, bajo esa ternura con la que se maneja el América ostentando el rito de: "Ódiame más".

4.- Y a título personal, yo agrego uno, que queda sometido evidentemente al juicio del americanismo: las Águilas deben volar como lo hicieron apenas el domingo ante Toluca. Un equipo así cada fin de semana polarizaría aún más quién es el más odiado y el más querido en el futbol mexicano. Y quede claro, los jugadores ya no pueden dar menos que eso, sería un cinismo, una traición, una sinvergüenzada, que lo hicieran.

Además, el Piojo intenta salvar vidas de sus jugadores, así como sin duda salvó la de su propio presidente Ricardo Peláez. Son mellizos en esta aventura. Los une la ansiedad, la angustia y el nervio que genera, rodea y amamanta de histeria a esta institución.

Y ya es momento para el Piojo: sigue siendo un animador de torneos, pero incluso por desesperación personal, es el momento de ver como el clímax cada seis meses, es ajeno.

Acaba de cumplir diez años como entrenador, y tras crestas y valles en equipos chicos, ha roto el maleficio: también puede entregar buenos balances con un grande como el América, pero ha llegado el momento de que deje de sumar estadísticas maquilladas de pretextos.

Sólo los títulos resisten cualquier cuestionamiento.