El universo cojea, porque Messi cojea

Actualizado el 5 de diciembre de 2012
por Rafa Ramos
Barcelona vs. BenficaGetty ImagesLeo Messi salió del campo en camilla tras un golpe en la rodilla
LOS ÁNGELES -- No se lesionó un jugador. Se lesionó el alter ego utópico del universo. El otro yo que pretende encarnar cada aficionado al futbol.

No se lesionó sólo Messi, se lesionó la fantasía, la transferencia de sueños, y de anhelos de cada devoto del futbol que se postra ante la exquisitez de su juego.

Queda claro: cuando juega Lionel cada uno de sus cautivos seguidores ve cumplidos sus sueños rotos, pospuestos, en ciernes, o caducos, de hacer en la cancha lo que a veces sólo parece posible en las peripecias del FIFA 13.

Cierto: no todos. Mientras más de siete octavas partes del mundo encendían veladoras para que el golpe fuera sólo un maltrato del juego, la octava parte restante se relamía los bigotes, pensando que el Barcelona quedará postrado ante la ausencia del argentino. Sí, muchos de ellos, seguramente, madridistas, no todos, pero muchos.

Más allá del veredicto médico, ese que el MRI deberá ayudar a revelar en horas la dimensión del daño, hay una estampa intocable en la jugada en que el mundo entero ve como su rodilla, la de Messi, que es la del mundo entero, se contorsiona y se distorsiona ante el impacto.

Messi sufre el golpe. El dolor debió ser inmediato. Él resistió. Fue por la pelota. Era el objetivo, era el desafío, era el cometido, era la urgencia, porque Barcelona empataba 0-0 con el Benfica, y porque además rompiendo ese timorato marcador de rostro apático, él mismo cazaba al Bombardero Alemán, Gerd Müller.

El portero Artur Moraes, sano, entero, reacciona y magnifica el portento. Se recupera y ataja ese disparo agónico de Messi, que era un arco iris perfecto y letal buscando superar a los defensas, y teledirigido el ángulo contrario.

El guardameta arruinó la estampa, la anécdota, la leyenda, el capítulo, de una proeza más del argentino.

Y enseguida el drama, especialmente porque Messi es enemigo del drama. Reclama, cierto, cuando la cacería sobre sus piernas se vuelve cínica, descarnada, descarada, pero nunca teatraliza, nunca inventa una tragedia con la mímica usurpadora de la farsa.

Y ese antecedente dejaba en claro algo: había dolor y había daño en la rodilla de Messi.

¿Cuántos delanteros, al sentir el contacto del arquero habrían dado tres saltos mortales hasta caer como fulminados por un rayo divino?

¿Cuántos delanteros habrían volteado, antes que insistir en el balón, a reclamar al silbante por el penalti, la tarjeta roja, y de paso, una mentada de madre al portero Moraes?

¿Cuántos delanteros habrían fingido el desmayo total, rodado por el césped y habrían reclamado un quirófano ambulante y un cura, porque ese golpe les había arrancado la pierna primero y después la vida?

Messi es distinto. Messi fue por la pelota. Messi jugó limpio. Messi fue a justificar el hambre intacta de potrero. Messi fue a sublimar su misión como futbolista: el gol. Messi fue a consumar la obra del que compite: ganar. Messi fue a ser Messi.

Porque hubiera sido más sencillo, en ese brevísimo estertor del drama, dejarse llevar por el impacto, y asegurar, desde el casi inminente punto penal, la victoria del Barcelona y tal vez cazar al Bombardero Alemán incazable e inalcanzable.

Los médicos hablaban, avanzada la noche española, de un par de semanas a lo sumo, aunque la resonancia magnética tendrá la última palabra.

Queda claro: entre algodones, entre chiqueadores, entre linimentos y fomentos de guanamacho mezclado con yerbabuena (diría Alberto Cortez), ahí, bajo tratamiento, no está la rodilla de un jugador, está la rodilla del universo.

Insisto, como en otros Blogs, no es Messi el que juega cada semana con la camiseta del Barcelona, sino los 7 mil millones de personas, poquito menos tal vez, que hubieran querido ser como él, que hubieran querido sido él, o que aún anhelan ser como él.

Por eso, la ansiedad, la angustia, no es sólo del Barcelona y de la familia Messi. Hoy, todos sus seguidores, sus admiradores, sus adoradores, son Messi, y tienen, todos, la rodilla en terapia intensiva.

El universo cojea, porque Messi cojea.