El Pinochómetro de Nación... para el Chepo

16:21 ET
FECHA
31/01
2013
por Rafa Ramos

LOS ÁNGELES -- Créalo o no, José Manuel de la Torre asegura que se solazó con su selección nacional en el 1-1 ante Dinamarca.

El apetito futbolístico del Chepo se regocijó plenamente con lo que vio en la cancha. Vaya paladar tan amargo.

AP Photo/Rick ScuteriEl Chepo espera que los rivales del Tri del Hexagonal le juegan tan intensamente como lo hizo Dinamarca

De tener a la mano el Pinochómetro que con maestría y sin piedad manejan en Nación ESPN tanto Adriana Monsalve como David Faitelson, el técnico del Tri se llevaría los honores.

1.- "Me gustó mucho mi equipo". Hubo superioridad manifiesta de territorio y de posesión de pelota. Natural: Dinamarca entendió que su adversario era el infante del bautizo y había que dejarle los juguetes para su fiesta: balón y cancha.

2.- "Me gustaron mis jugadores y el rival, muy fuerte, muy serio, muy organizado". Sí: Dinamarca se enconchó como armadillo. Le entregó las bandas, montó su trinchera, se despreocupó de atacar y sólo dejó como Llanero Solitario a Cornelius, que, increíblemente, por momentos era marcado por tres mexicanos. Dinamarca ahorró en el primer tiempo para aparecer en el segundo.

3.- "Seguramente la afición quedó satisfecha, fue un partido emocionante, aunque ellos querían que ganáramos, pero no siempre se puede". Un sector de la afición abucheó al equipo. Esperaban más, merecían más, exigían más, especialmente ante este adversario, con un equipo B, con un solo jugador de la Eurocopa, y algunos imberbes todavía con rastros de calostro en los labios.

De tres, tres. Rey absoluto del Pinochómetro de Nación ESPN. No se trata de si Chepo vio el mismo partido con ojos de experto, con ojos de líder, con ojos de mentor. Se trata de que a final de cuentas, en funcionamiento y en el resultado, el desenlace fue el platillo favorito de los timoratos: un tibio empate.

Hay dos conclusiones tras el bolo generoso de elogios y calificativos y bondades arrojados hacia el Tri por parte de su entrenador. Revisemos.

1.- Malo si pretende engañar. Malo si pretende hacer creer que aficionados y medios y sus propios jugadores alucinan. Malo si cree que con el fervor de sus lisonjas a su equipo puede borrar la imagen amarga que dejó en la cancha.

2.- Peor si de verdad se lo cree. Peor si en verdad ese es el saldo general de su cuerpo técnico. Peor si encima hace creer a sus jugadores que merecían más que lo que obtuvieron. Peor, si, recurriendo a una manida y ajada cita bíblica: "no hay peor ciego que el que no quiere ver".

Si acaso en su discurso, el punto más respetable sería cuando dice que así como le jugó Dinamarca, amontonado, enconchado, resistiendo como armadillo en histeria alucinatoria, le jugarán todos los integrantes de la Concacaf cuando acudan al Estadio Azteca, como ocurrirá este 6 de febrero con Jamaica.

Tácticamente es muy seguro que así será. Especialmente aquellos con la educación colombiana de montar su formación murciélago, colgando del travesaño a su oncena de manera lamentable porque son capaces de ir contra la esencia de futbolistas realmente notables como los que militan para Costa Rica y Honduras.

Pero, ojo: Dinamarca hizo ensayos con responsabilidad, pero sin pasión. Músico pagado toca mal son. Y los daneses hicieron lo propio en el primer tiempo: jugar a no dejar de jugar, pero sin meter la pierna, sin resoplarles ni resollarles en la nuca a los mexicanos y sin mascullarles desprecio en los oídos.

De hecho, cuando Dinamarca se dio cuenta que además de divertirse, viajar, cobrar, podía, por hobby, ganar el partido, se resolvió a hacerlo en el segundo tiempo. Hizo un gol, con un penal de dudosa legitimidad, pero Cornelius dejó ir otro que realmente explica porque sólo aspira a una selección B/C europea.

¿México es caso perdido? En absoluto. Chepo es un tipo inteligente. Puede vender farsas y cuentos en las conferencias de prensa, pero sabe que su destino le alcanzará en la cancha de futbol.

Tiene además, y en ello hemos insistido, el mejor cuerpo técnico en la historia de selecciones nacionales, tal vez en competencia con el de Bora Milutinovic en 1986, en el que había en verdad un grupo en el que seguía en mando Miguel Mejía Barón, y que no descuidaba detalles.

Y no olvidemos: México parecía enviado a la picota en cinco torneos, y en cuatro de ellos quedó campeón: Mundial Sub 17, Panamericanos, Toulón y Juegos Olímpicos.

Hay pues sabiduría en el grupo de trabajo, responsabilidades bien definidas, y todas son cumplidas con eficiencia.

Si Chepo de la Torre quiso vender refrigeradores en Alaska o calentadores en el Sahara con su discurso después del juego, al final de cuentas él único que salió ganando algo, fue él mismo, y es una distinción poco noble: el Rey Absoluto del Pinochómetro de Nación ESPN.