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Los Clippers están a la altura

LOS ANGELES -- Un día iba a suceder.

El periodo de transformación de Doc Rivers en Los Ángeles dio un gigantesco paso hacia adelante el domingo, y por primera vez los angelinos dieron muestras de que no solo pueden estar en la conversación, sino que además llegar lejos.

La sensación primordial que uno se lleva al ver a los Clippers, tanto en persona como por televisión, es que eventualmente encontraran la forma de perder ante el puñado de equipos más sólidos y experimentados que ellos.

Sin embargo, la actuación del domingo fue la muestra perfecta de que aun cuando la circunstancias no se dan a su favor, igual pueden ser capaces de salir airosos.
La victoria ante Oklahoma City Thunder, en condición de visitante en uno de los recintos más difíciles de la NBA, dejó en evidencia que los Clippers no solo pueden ganar cuando todas sus estrellas brillan y con el fervor de su gente empujándolos.

Más bien, ante los dirigidos por Scott Brooks se les dio todo lo contrario. Blake Griffin estuvo poco efectivo y además cargado de faltas.
Chris Paul sacó a relucir su puntería exterior en momentos claves, y su versatilidad toda la noche, pero aún se nota que no está en plenitud.

Jamal Crawford fue quien sacó la cara por el grupo, y aunque lo más sensato sería pensar que sus tiros de circo en algún momento van a dejar de entrar, el escolta sigue convirtiendo escépticos con cada triple bombeado.

Los Clippers tuvieron ventajas holgadas y déficits preocupantes. Sufrieron a un Kevin Durant incontenible, a la histórica capacidad de Derek Fisher de elevarse bajo presión y a Serge Ibaka haciendo de las suyas.

Perdieron la calma en varios momentos (Rivers, Paul y hasta el tranquilísimo Crawford recibieron faltas técnicas) pero se rehicieron.

Mostraron temple sobre el final, encestando sus últimos ocho tiros libres luego de que Durant les arrebatara la ventaja con un triple con cara de cuchilla al corazón.
Todo esto a pesar de casi no recibir contribuciones de una banca que esperan sea reforzada por la llegada de Glen Davis y algún otro salvador.

Cada miembro del quinteto titular jugó entre 33 y 41 minutos y la banca solo aporto nueve de los 125 tantos. Por contrapartida OKC tuvo 31 puntos de su segunda unidad.
La adversidad vivida, tanto psicológica como físicamente, fue un escollo más que tuvieron que superar, y que lograron sortear satisfactoriamente.

El triunfo de visitante tampoco puede ser descontado, ya que los Clippers han flaqueado en ese aspecto esta temporada.

Numéricamente el triunfo les permitió ponerse 5.5 juegos de la punta y a meramente seguirles el ritmo a Houston Rockets y Portland Trail Blazers en la carrera por no caer hasta el quinto puesto.
Sin embargo, desde lo emocional el triunfo fue mucho más.

Fue la certeza de saber que pueden lograr su objetivo, aún ante la cruel cara de los bajos rendimientos, de los brillos rivales y de la adversidad general.

Rivers dijo hace poco que sus jugadores empezaron a creer que pueden.

El domingo lo demostraron.