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miércoles, 3 de octubre de 2012
Jóvenes entrenadores; más desafíos

En el ancho mundo del deporte, pocas disciplinas conocen rivalidades tan intensas tanto dentro como fuera del escenario deportivo como se dan en el boxeo. Las idiosincrasias de los entrenadores solamente salen a la vista cuando se trata de peleadores de primer nivel, pero cada uno de ellos va creando, de acuerdo a sus posibilidades, una escuela de valores y de técnicas que a menudo encuentran su punto justo y comienzan a destacarse por encima de la competencia, como lo fueron en su momento los cruces que involucraron a gigantes como Ray Arcel y Charley Goldman en los '50s, y más tarde Angelo Dundee y Eddie Futch en los '70s, Lou Duva y Emmanuel Steward en los '80s, y tantos otros.

Y al parecer, ese momento está llegando para dos entrenadores que vienen abriéndose camino a la sombra de los mejores preparadores de campeones del mundo y se afianzan como los nuevos referentes de este duro oficio.

Lo peculiar de este surgimiento de nuevos rostros es que se nutren de una historia familiar rica en tradiciones boxísticas, y que emergen casi simultáneamente en un mismo sitio, amenazando de cerca el dominio de quien hasta ahora poseía el título de mejor entrenador del mundo.

Y es que a apenas unos kilómetros del Wild Card Gym del célebre Freddie Roach, entrenador de Manny Pacquiao y otros valores de primer nivel que lo han catapultado a un reconocimiento internacional durante muchos años, se encuentra la localidad de Oxnard, donde se hacen fuertes dos de los entrenadores ascendentes de la actualidad. Y cada uno, con su impronta personal, se postula como el próximo gran criador de campeones del futuro cercano.

"Yo admiro mucho a los entrenadores como Freddie Roach, que por algo ha ganado todo lo que ha ganado", afirma Pablo Sarmiento, actual entrenador del campeón mediano Sergio Martínez y uno de los más promisorios talentos en esta vocación que tiene partes iguales de psicología, preparación física, capacitación profesional y filosofía del deporte. "Pero también admiro a Robert García, a su hermano Danny, y a muchos otros. Queremos llegar a un nivel como el que está Freddie Roach, pero nos cuesta mucho y sabemos que tenemos que trabajar al mismo nivel que los boxeadores, entrenando muy duro y madrugando mucho".

Sarmiento, llegado a la ciudad de Oxnard de la mano de su hermano Gabriel [quién también fue entrenador de Martínez] provenientes de España pero nacidos en Argentina, conoce muy bien a García por la cercanía física que los une, pero también por compartir un lugar entre los entrenadores emergentes que se hacen notar gracias a los resultados de sus pupilos, lo cual es algo que le ha estado fallando a Roach últimamente. La excusable derrota de Pacquiao, su nave insignia, fue seguida por las caídas inexcusable de sus otras grandes estrellas, el británico Amir Khan, y el mexicano Julio César Chávez Jr. Eso amenaza a Roach y pone en peligro su puesto como el entrenador más destacado del mundo en la actualidad.

Pablo Sarmiento Aquí han venido varios boxeadores, pero pocos han quedado en el equipo. Primero porque los entrenamientos míos son muy duros. Aquí se viene con la idea de ser campeón del mundo pero las reglas las pongo yo.

-- Entrenador Pablo Sarmiento

La competencia entre estilos de entrenadores ha moldeado la historia del boxeo desde sus inicios, y los estilos de cada entrenador se palpan sobre el ring no solamente en lo que hace a preparación física sino principalmente al enfoque mental. Y es en este punto en el que se producen los cambios, a menudo imperceptibles, que luego van tomando forma hasta transformarse en factores decisivos en el estilo de cada campeón.

"Yo en particular me levanto a las cuatro y media de la mañana. Y es todo el año así. Pero es algo que quiero hacer porque quiero ser un buen entrenador y ganarme un puesto entre los mejores entrenadores del mundo", afirma Sarmiento, un ex boxeador que heredó el puesto de jefe de esquina en el equipo de Maravilla Martínez tras el regreso a España de su hermano mayor y mentor principal, Gabriel, por problemas de visado. La distancia con Gabriel, de todos modos, no le ha impedido a Pablo abandonar el estilo de vida espartano que ha llevado a Martínez y al resto del equipo de Sarmiento (entre quienes se cuentan el dominicano Javier Fortuna, el español Gabriel Campillo y el ascendente panameño Azael Cosio, entre otros.

"Los boxeadores, cuando llegan aquí y ven el trabajo que hago yo, saben de la seriedad con que trabajo", cuenta Sarmiento, quien además es preparador físico del grupo. "Mi escuela de boxeo es hacer un boxeo inteligente, para que no gane la fuerza sobre el ring sino la inteligencia, y en lo que más me baso es que el boxeador sepa defenderse y no se deje golpear".

Con un gimnasio poblado de peleadores pero selecto en su formación, Sarmiento apuesta a que el éxito de sus pupilos y el rigor de sus entrenamientos se conjuguen para actuar como factores de selección entre los peleadores que se acercan a su gimnasio a intentar formarse en ese entorno.

"Aquí han venido varios boxeadores, pero pocos han quedado en el equipo. Primero porque los entrenamientos míos son muy duros. Aquí se viene con la idea de ser campeón del mundo pero las reglas las pongo yo", dice Sarmiento. "Aquí se hace lo que digo yo, o tienen que dejar el equipo. Y hay boxeadores que no aguantan el entrenamiento y que están acostumbrados a otra cosa. Yo tuve a varios boxeadores que han tenido que pegar la vuelta. Los últimos son dos argentinos que no aceptaron las reglas que tengo yo aquí y se tuvieron que ir", afirma Sarmiento, quizás en una velada mención al reciente abandono del grupo por parte del duro fajador argentino Héctor Saldivia, relatada vívidamente en las redes sociales por parte del mismo púgil.

Del otro lado de la calle, García se muestra más receptivo a la hora de seguir sumando boxeadores a su nutrido grupo de clientes.

"Tengo suficiente para los que tengo ahorita y para varios más" asevera García. "Eso me da una ventaja más, porque si yo tengo un peleador bueno que pueda venir y entrenar junto a Maidana, por ejemplo, y que puedan hacer sparring juntos, pues los junto también a ellos. Y eso les va a servir a ellos porque van a aprender uno del otro. Ahora que se arriman las peleas entre Brandon Ríos y Marcos Maidana estoy pensando en entrenarlos juntos, porque pueden hacer un buen sparring ellos dos", asegura.

La diferencia entre ambos entrenadores en este punto dispara también una comparación interesante entre la metodología de ambos a la hora de comparar el trato con sus peleadores. Habiendo sido boxeadores en su juventud, tanto Sarmiento como García conocen de cerca los rigores de la preparación previa, pero ambos tienen una mirada diferente sobre el tema.

"Yo pienso que me ha dado muy buen resultado", comenta García, cuando se le pregunta sobre la eficacia de su método relajado de entrenamiento en el cual sus peleadores no se recluyen en campamentos aislados, sino que viven con sus familias durante toda la preparación previa a un combate.

"Cuando yo peleaba, me iba a campamento por dos meses antes de cada pelea, y llegó un día que me cansé del boxeo. Yo aborrecía el deporte. Ya a mis 26 años hice mi última pelea. A esa edad decidí no volver a pelear. Pasas en campamento por dos meses cada vez que peleaba, y luego descansas un mes o dos meses y luego regresas a otro campamento estando alejado de tu familia. Yo tenía dos hijos pequeños y no los tuve en el primer día de clases, no estuve en días festivos por el boxeo, y llegó un momento en el que lo hacía porque era lo único que sabía hacer, no porque lo amara o porque gozara boxeando. Ahí decidí retirarme y disfrutar de mi familia. Y ahora a mis peleadores les doy esa libertad", explica García.

Más allá de sus métodos de trabajo, García atribuye su éxito al buen entendimiento que sus pupilos han tenido con respecto a su manera de enfocar su labor.

"Creo que todo se debe al trabajo duro que le echa todo el equipo, no solamente yo sino todo el equipo. Los peleadores tienen mucho que ver con hacer lo que uno les pide y hacer lo que uno les indica en las peleas, y eso hace que todo el equipo luzca y se vea bien. Yo creo que también influye tener una buena relación con el mundo boxístico es importante. De esa manera no falta quien te tenga en cuenta cuando andan buscando entrenadores para sus peleas", asegura.

García no solamente es tenido en cuenta cuando alguien busca un entrenador experimentado, sino también en momentos especialmente delicados en la vida de un boxeador, cuando no encuentra el rumbo y las soluciones no aparecen en el horizonte. Esto ha quedado evidenciado en sus últimas incorporaciones a su plantel.

Robert García Yo vivo de esto. Esto es lo que hago todo el día. Yo vivo del boxeo, y vivo en el gimnasio. Yo estoy ahí desde las 10 de la mañana y no salgo del gimnasio hasta las 9 ó 10 de la noche.

-- Entrenador Robert García.

"Yo creo que los promotores y manejadores me han mirado a mí como un entrenador que levanta a los peleadores que ya están acabados", revela García. "Te voy a dar unos ejemplos. Cuando yo estaba empezando como entrenador me mandaron a Brian Viloria cuando mucha gente lo daba por acabado y luego de que ya había perdido su campeonato. Ya no le daban ninguna chance de regresar, pero yo lo empecé a preparar, él peleó varias veces y luego volvió a ser campeón del mundo cuando noqueó a Ulises Solís. Fue un triunfo que pocos pensaban que podíamos lograr. Ahora ha venido Kelly Pavlik, que es un peleador que muchos pensaban que no podía regresar, que estaba con problemas personales, y ahí lo llevo. En este año veremos si vuelve a las peleas importantes, quizás por el campeonato del mundo. Maidana, igualmente. Perdió su última pelea, no se vio muy bien, y ahora me lo mandaron a mí. Por eso digo que yo tengo esa clase de peleadores, esos a los que ya no les tienen mucha fe, vienen conmigo y yo les doy ese ánimo y esa confianza para volver a triunfar y a lograr cosas grandes. Con eso demuestro que yo estoy haciendo un buen trabajo. Pero también tuve a peleadores desde sus inicios, como a Brandon Ríos, como a Víctor Ortiz y a mi hermano Mikey".

"Yo vivo de esto. Esto es lo que hago todo el día. Yo vivo del boxeo, y vivo en el gimnasio. Yo estoy ahí desde las 10 de la mañana y no salgo del gimnasio hasta las 9 ó 10 de la noche", asegura, dando así explicaciones del porqué de su éxito actual, en un presente que incluye a clientes destacados como el filipino Nonito Donaire, el estadounidense Kelly Pavlik, el argentino Marcos Maidana, y su boxeador más emblemático, el ex campeón ligero Brandon Ríos.

El caso de Sarmiento es notablemente diferente. Quienquiera que eche un vistazo a su grupo de boxeadores podrá apreciar al menos a dos campeones de primer nivel como Martínez y Gabriel Campillo, el español ex monarca semipesado. Pero el trabajo para llevar a la cima a estos peleadores no fue tan sencillo. Ambos tuvieron que ganarse su lugar peleando en territorios hostiles en peleas usualmente desventajosas en lo deportivo y lo económico, y aún hoy en sus épocas consagradas les cuesta obtener un lugar de privilegio en la mesa de negociación. Sarmiento entiende que entrenar a boxeadores provenientes de países en los cuales el boxeo no tiene la fuerza económica para darles el soporte adecuado, conlleva el riesgo adicional de pelear siempre en terreno enemigo. Ppero su manera de ajustar ese desbalance es con más trabajo y mayor sacrificio.

"Bueno, con Campillo me pasó", afirma, al señalar que el boxeador madrileño fue claramente robado en un par de ocasiones recientes en peleas de campeonato, sobre todo en su pelea ante Tavoris Cloud en febrero pasado, donde cayó por una controversial decisión diviida en Corpus Christi, Texas. "Es verdad, no tenemos la misma ventaja de tener boxeadores que son de aquí y que tienen ventajas naturales, y sabemos que tenemos más desventajas que los otros para llegar, pero estamos ahí, trabajando para llegar. Para eso estamos trabajando".

A pesar de recibir a boxeadores ya encaminados al éxito o con pergaminos comprobados, García simpatiza con ese punto de vista.

"Qué bonito hubiese sido que me hubiesen mandado a Manny Pacquiao cuando era campeón del mundo, ¿verdad?", dice García. "Qué bueno hubiese sido tener a Julio César Chávez cuando era campeón del mundo y ahora nomas gozar de buenos triunfos. Pero no sé por qué no me han tenido la confianza de mandarme un peleador que esté ya hecho y que esté triunfando. Porque me encantaría lograr peleas millonarias y gozar de esos triunfos. Ha sido un poquito más difícil para mí, pero soy joven, tengo 37 años recién, y poco a poco voy a lograr ese reconocimiento también y los peleadores van a empezar a venir".

Aún así, ni García ni Sarmiento tienen mucho más para quejarse en lo que hace a calidad de peleadores en sus escuadras. Y la posibilidad de tener que llevarlos desde abajo en lugar de tomarlos ya cuando sus estilos están afianzados le agrega otra dimensión al desafío diario.

"¡Claro que sí! Para mí eso es un reto", señala García. "Que yo empiece a entrenar a un peleador que poca gente en el boxeo le da oportunidades de lograr algo, y yo poco a poco sacarlo adelante, pues claro que es satisfactorio. Con eso creo que estoy demostrando que tengo las cualidades y tengo lo que hace falta para hacer campeones del mundo. Tengo pocos años como entrenador. No tengo lo que muchos otros entrenadores tienen. Pero a los pocos años que tengo creo que puedo levantar a un peleador casi dado por muerto, como dicen, para que vuelva a lograr algo grande".

Por una vez, Sarmiento está de acuerdo en ese mismo punto de vista.

"Todos los boxeadores que me llegan son boxeadores ya hechos", afirma el entrenador argentino. "Pero igualmente trato de que cuando lleguen aquí, hacerles seguir la escuela que tengo yo, de boxeo inteligente. Trato de que hagan el mismo boxeo y que aprendan de que arriba del ring no vale ni la pose ni la pegada, sino la inteligencia".

Con su estilo particular y personal, cada uno apunta a hacerse un nombre propio que les traiga el renombre y el reconocimiento de quien hoy por hoy es el entrenador más buscado del mundo, un puesto que ellos esperan ocupar en el futuro no muy lejano.

"Para mí es el mejor. Es el número uno", sostiene Sarmiento en relación a Roach. "Yo soy muy joven en esto, y admiro mucho su trabajo y todo lo que ha ganado. Admiro también mucho al entrenador de Cotto, el cubano Pedro Díaz. También a Robert García, yo he ido muchas veces a su gimnasio y hace un muy buen trabajo con los boxeadores. Yo de todos voy sacando y aprendiendo un poco de todos y voy mejorando".

García también apuesta a su juventud y a su futuro a la hora de evaluar sus perspectivas, a pesar de que su apreciación por Roach sigue sin ser la mejor.

"Tener a un peleador como Pacquiao lo cambia todo", dice García en referencia a Roach. "Cambian las bolsas, la cantidad de dinero, pero también la atención, porque todo el mundo habla de él. Todos quisiéramos tener a un peleador como ése. Lo que ha logrado Freddie con Pacquiao es algo muy grande, pero también tiene mucho que ver el peleador. Yo pienso que Pacquiao con Roach, con Emmanuel Steward, con [Ignacio] Nacho Beristain, con cualquier entrenador que menciones yo creo que Pacquiao hubiese sido Manny Pacquiao. Si ahorita miramos peleadores que haya entrenado Roach, de nueve han perdido siete u ocho. Yo creo que ha dejado de atender a los peleadores como debe de atenderlos porque ya ha logrado mucho con Manny. Se ha notado en las peleas que sus peleadores han venido perdiendo que ya no les pone la misma atención, y pues eso no lo quiero aprender de él. Al contrario, yo quiero aprender a no cometer esos errores. Yo quiero seguir logrando cosas grandes con todos mis peleadores, ya sea Nonito Donaire, Brandon Ríos, Kelly Pavlik, con todos. Por eso tengo sus horarios diferentes para cada uno de mis peleadores. Yo tengo al menos dos horas para cada quien durante el día. No los entreno todos juntos, o no estoy solamente en la semana de la pelea con ellos. Porque si el peleador no luce bien, entonces la culpa es del entrenador".




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