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El portero que hizo cantar a Gardel

MÉXICO -- Perder los tres partidos del primer Mundial de la historia dejó marcados a los jugadores que integraron la Selección Mexicana en 1930. Salvo la gran experiencia del viaje, del privilegio de haber disputado el primer partido del certamen, con pocas alegrías regresaron aquellos 17 jugadores que convocó el técnico Juan Luque de Serrallonga.

Pero uno de ellos, el portero Óscar Bonfiglio, recibió un regalo inesperado. Tras perder frente a Argentina por goleada (6-3), en el tercer partido de México en ese Mundial disputado en Uruguay, el sonorense recibió la visita de una figura, un ídolo mundial: Carlos Gardel, quien lo felicitaría por atajar un penalti, un hecho sorprendente en aquellos tiempos. Así lo cuenta su nieto, del mismo nombre, en entrevista para ESPN.

"Después de parar el penalti, en ese tercer partido entre México y Argentina, ya en los vestidores, se acercó un personaje, una figura Mundial, que además era uruguayo, porque todo el mundo creía que era argentino, para felicitar a mi abuelo por su actuación y decirle: "Lo que yo vi ahora en la cancha fue algo maravilloso y me gustaría darle un regalo. ¿Qué es lo que le gustaría?". Y mi abuelo contestó: "Que me cante una canción, señor Carlos Gardel". Y le cantó 'El día que me quieras'", relata Bonfiglio, actor de profesión, pero todo un enamorado del futbol, una de las herencias de su famoso abuelo.

El Estadio Centenario de Montevido había disfrutado de un triunfo contundente de Argentina frente a México. De acuerdo con la cédula de FIFA, 42 mil 100 aficionados presenciaron la goleada propinada por los sudamericanos en el Mundial de 1930 a un representativo mexicano que se había formado con jugadores de los principales clubes del Distrito Federal de esa época (Marte, Atlante, Necaxa y América).

México había perdido 4-1 en su debut frente a Francia, en el primer partido de la historia de esta justa. Bonfiglio sufrió fuertes críticas y no vio acción en el segundo encuentro, por decisión técnica, pero regresó al marco ante la segunda derrota y la eliminación tras caer 3-0 frente a Chile.

Perder frente a Argentina no fue precisamente su mejor recuerdo. Óscar Bonfilgio Ríos, su nieto, recuerda en entrevista con ESPN que pese al abultado marcador, la actuación del equipo mexicano, y en particular de su abuelo, fue elogiada por quienes lo observaron. La felicitación del "Zorzal Criollo" Gardel fue de los pocos momentos gratos que vivió, pues el deporte era completamente amateur, y no recibían pago ni compensación económica. Sin embargo, los recuerdos son los mejores tesoros que pudieron haber recibido.

"Son recuerdos maravillosos los que me compartía mi abuelo, como haber sido el primer portero de la Selección Mexicana en el primer partido del primer Mundial, que finalmente eso representa el inicio de la historia de los Mundiales actuales. El haber recibido el primer gol y la primera goleada también, debo decir. Pero también el haber sido el único portero que había parado un penalti en un Mundial desde 1930 y no hubo otro que lo hiciera hasta Gordon Banks en 1970, en México. Él le paró un penal en el tercer partido de la Selección Mexicana a Paternoster, que era de la selección argentina", lo que provocó la admiración del afamado compositor de Tango.

Había algo que los unía, algo que les daba unidad, que era la Selección Mexicana, ser el equipo que representaba a su país.

-- Óscar Bonfiglio, nieto del portero de México en el Mundial de 1930

En su despacho de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), Bonfiglio recuerda con alegría las enseñanzas de su abuelo.

"Era la época romántica del futbol, a ese Mundial fueron todos por invitación. A la gente le interesó porque había visto el transcurso de los partidos de futbol en la Olimpiada del '28 de Amsterdam, en Holanda, donde participó la mayoría de la Selección que estuvo con mi abuelo en 1930".

La carrera de Bonfiglio lo llevó a destacar en el Marte, para después pasar al Asturias. Su carrera se vio truncada por una lesión que en aquel entonces no podía ser tratada como en la actualidad, por lo que de inmediato se dedicó a ser director técnico, pero sin mucho éxito, pues prefirió continuar su carrera de administración, una profesión que pudo seguir en la Secretaría de Guerra y Marina.

"Terminando la Revolución Mexicana llegó la época en que la gente de Sonora vino a apoderarse de la política central del país. Y él, que se hizo militar durante esta época, dentro de la Secretaría de Guerra y Marina empezó a practicar deportes, y en especial el futbol. Ahí fue cuando le nació esta gran pasión y este gran amor por el deporte. Estudiaba en el Colegio Militar, trabajaba para la Secretaría de Guerra y Marina, pero también trabajaba para el equipo Marte, que fue un equipo "patrocinado" por esta secretaría. A partir de ahí inicia su carrera deportiva.

"No había una Liga profesional en México, realmente era una liga amateur y se empezaron a juntar poco a poco, viendo que ya las carreteras estaban más limpias, que había transporte a través de trenes, ya la Revolución había terminado y de alguna manera tenían más libertad para trasladarse por lo pronto a ciudades cercanas a la Ciudad de México en las cuales pudieran crear equipos de futbol que atrajeran al público, como un entretenimiento", recuerda Bonfiglio, el actor.

Después de su retiro 'obligado', don Óscar aprovechó sus conocimientos y formación militar para encabezar varios proyectos, siempre ligado al futbol. "Empieza como entrenador, pero también trabajaba como jefe de intendencia en la Defensa Nacional, su carrera profesional era como administrador, y eso le ayudó mucho tanto en la cuestión deportiva para organizar ligas, equipos y deportistas, como para la creación, por ejemplo, más adelante, de la Segunda División, la creación del equipo Irapuato, la ayuda que le proporcionó tanto al Guadalajara como a la selección Jalisco (como técnico), a equipos como el Puebla, él fue presidente de algunas de estas instituciones. Eso es gran parte de lo que su carrera le dejó como administrador".

Bonfiglio Ríos recuerda que su abuelo rechazó la invitación de Emilio Azcárraga Vidaurreta, entonces dueño del América, para dirigir al equipo que sería uno de los más poderosos.

"Mi abuelo le dijo que no, que ya estaba cansado de eso. Le recomendó a un muchacho que acababan de correr del Zacatepec, Guillermo Cañedo. Mi abuelo no quiso dirigir al América, no por cuestiones de fanatismo. Pero ya se sentía cansado", recuerda el nieto del portero sonorense, quien heredó el gusto por el deporte en general, aunque en el futbol es fiel aficionado a Cruz Azul.