Trabajadores vs. rentistas

Barcelona, Milan y la Champions League como batalla cultural

Actualizado el 15 de marzo de 2013
Alejandro Caravario Por Alejandro Caravario
ESPNdeportes.com
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Barcelona goleó a Milan y avanzó
Con el 4-0 en Camp Nou, Barça remontó el 0-2 y pasó a cuartos de final de la Champions League. Dos goles de Messi.Tags: barcelona, messi, milan, champions league, uefa

BUENOS AIRES -- Parece que el ciclo del Barcelona todavía no ha concluido. O está ingresando en una transición que no hace mermar su potencial y su conducta exitosa.

Quiero decir: tal vez haya cambios de nombres, ajustes de funcionamiento, errores novedosos que revelan que los futbolistas catalanes son humanos, pero sin que eso implique una caída y mucho menos la disolución.

De confirmarse estos indicios, se trata de una buena noticia para el fútbol. Si nos aburre la hegemonía (a mí me aburre), tendremos que esperar que un equipo tan dotado y generoso como el Barcelona lo empuje del trono.

Las fórmulas como las del Milan sólo generan ilusiones efímeras (el partido en San Siro) o humillaciones (la revancha en Camp Nou).

Mientras veía el partido con algunos colegas, escuché una frase que al principio me pareció excesiva, pero luego la encontré bastante ajustada a la realidad: "Es una batalla cultural".

Y así es. No vamos a ponernos solemnes ni a contarle gajos ideológicos a la pelota. No es necesario para comprender que Barcelona-Milan enfrentó a los rentistas con los trabajadores. De elite, con un sello artístico, pero trabajadores al fin.

Los italianos, luego de un planteo tan conservador como eficaz, lograron una ventaja de dos goles en la primera cita. Luego viajaron a Barcelona a vivir de esa renta. A sentarse sobre la riqueza acumulada con más oportunismo que esfuerzo y dejar que corrieran los minutos y los adversarios.

En este razonamiento resuena la lógica del capital financiero. Mover la plata en busca de diferencias rápidas y que produzca Magoya. Que laburen los tontos. Que creen los losers.

El Barcelona, en cambio, elabora cada gol que factura. Corre y juega por demás. Si le alcanzan dos goles, mete cuatro. Si necesita cuatro, mete seis. O pierde, pero jamás se sentará a vivir de los dividendos de antiguos logros.

En algún momento de su aciaga noche, el Milan entendió que subejecutar su talento podía pasar de ser una avivada a una catástrofe.

Porque confiar en que uno va a anular por completo a Messi o va a impedir que el Barcelona filtre sus pases criminales es de un optimismo desenfrenado.

Y si esas dos son los únicas tareas previstas, es altamente probable que la noche no termine bien. A veces creo que la gente que dice saber de táctica y se la respeta por eso se aleja peligrosamente de la inteligencia más elemental. Como les ocurre a los fanáticos.

Así que en un momento el Milan salió. Y demostró ser mucho mejor que su versión ultradefensiva. Demostró que había perdido el tiempo. Y que adultos talentosos como Robinho, por citar un jugador desperdiciado de modo imperdonable, no deberían delegar en un entrenador, por mucha reputación de tenga, la elección de la forma de morir.


Alejandro Caravario nació en Buenos Aires en 1963. En más de 20 años de actividad en el periodismo gráfico, pasó con suerte diversa por innumerables redacciones: Clarín, El Gráfico, Llegás, 7 Días, Perfil, Crítica de la Argentina, entre otras tantas. Fue uno de los fundadores del diario deportivo Olé y director de su revista, Mística. De pluma versátil, ligeramente esquizoide, se ha movido en géneros que van desde el deporte hasta la reseña literaria. En sus momentos de ocio, que no son pocos, se aboca a la narrativa: es autor de un libro de relatos (Sangra), y tres novelas (Costumbres de la carne, Palermo y Mamá se hizo las tetas, ésta última inédita), obras de notable mérito, de las que, lamentablemente, el público casi no se ha enterado. Consulta su archivo de columnas.