La cara de una revolución

Rafael Ávila tuvo un impacto mayúsculo sobre el desarrollo de los peloteros dominicanos, que ahora tienen tanta presencia en las mayores

12:35 ET
Actualizado el
Por Kevin Baxter
Especial para ESPN.com

 

Rafael Ávila sabe algo de revoluciones.

En su juventud en Cuba, fue parte de un grupo de trabajadores que intentó asesinar al dictador Fulgencio Batista, pero que rechazó la ayuda de un joven llamado Fidel Castro cuando éste se ofreció.

Decepcionado al ser dejado de un lado, Castro inició su propia rebelión. Ávila pronto se unió a él, y todos sabemos cómo terminó eso.

Víctor PérezÁvila, pionero en el desarrollo de talento en R.D.

Como muchos cubanos, rápidamente Ávila le dio la espalda a la rebelión que había apoyado y para 1961 estaba de regreso a Cuba en la fallida invasión de la Bahía de los Cochinos. Y todos sabemos cómo terminó eso también.

PERO...Ávila tuvo mejor suerte la próxima vez. Después de huir a Miami, donde cambió el arma por el bate y empezó una vida como coach y cazatalentos, recibió órdenes para empezar otra revolución-una béisbolera-en la República Dominicana.

"Al Campanis me dijo, 'Debes ir para allá y trabajar 100% en Dominicana. Vamos a tener la oportunidad firmar peloteros allá'", recuerda Ávila cómo le dijo el fallecido gerente general de los Dodgers.

"Campanis", agregó Ávila. "Tenía razón."

Mucha razón. Hoy en día República Dominicana, con una población menor que la del Condado de Los Angeles, es el origen del más del 10% de los ligamayoristas y más del 25% de los jugadores bajo contrato de liga menor. Incluidos entre los más destacados están Albert Pujols, David Ortiz, Pedro Martínez y Vladimir Guerrero.

Es posible que sin el impulso de Ávila-ni hablar de Jackie Robinson, la revolución cubana, el asesinato del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo, la expansión de Grandes Ligas y el draft amateur-nada de esto hubiera ocurrido.

Pero tal vez nos estamos adelantando mucho. Empecemos con Ávila, un ex jugador semiprofesional en Cuba que se unió a los Dodgers como escucha para Latinoamérica y que rápidamente se empapó en la cultura beisbolística dominicana.

Hace 36 años, se requería de cierta visión ver al país como una fuente tan fuerte de talento. Entre el debut de Osvaldo Virgil con los Gigantes en 1956 y el traslado de Ávila a la isla 14 años después, sólo 24 dominicanos jugaron en las mayores-aunque entre ellos figuraban el futuro Salón de la Fama Juan Marichal, los campeones de bateo Mateo Alou y Ricardo Carty, además del tres veces Todo Estrella Felipe Alou.

"Cuando llegué a R.D. en 1970, vi que tenían la habiliad natural," dijo Ávila sobre los dominicanos. "Lo que les hacía falta eran los fundamentos del béisbol. No sabían mucho de los fundamentos."

IN ENGLISH: A true pioneer

Avila led the charge in MLB's Latin revolution

Entonces Ávila se dedicó a enseñarles. Estableció un acuerdo de trabajo entre los Dodgers y los Tigres del Licey en Santo Domingo, la franquicia más antigua de la Liga Dominicana invernal. Ávila también llegó a dirigir el equipo en varias ocasiones, y fue instructor de la selección nacional.

Los jugadores dominicanos no fueron los únicos en beneficiarse. La experiencia también le enseñó al hijo de Rafael, Al, a evaluar talento, algo que sigue haciendo como asistente al gerente general de los Tigres de Detroit, luego un tiempo exitoso en el sur de la Florida donde supervisó un departamento de escuchas que descubrió al venezolano Miguel Cabrera, entre otros estelares latinos.

Pero en realidad dos ideas cambiaron el paisaje del béisbol dominicano. Una fue la academia de béisbol. La otra fue la Liga Dominicana de Verano. Los pioneros de ambos proyectos fueron Ávila y el escucha legendario de los Azulejos, Epifanio Guerrero.

"Cuando tienes una academia aquí, (los jugadores) entrenan por dos años, tres años. Juegan 72 partidos durante el verano", dijo Patrick Guerrero, hijo de Epifanio y director del programa dominicano de los Marineros de Seattle. "Es una gran diferencia cuadno ves a un tipo con 500 turnos al bate en un año, a uno con sólo un par de entrenamientos."

Los Dodgers llegarían a firmar y desarrollar los hermanos Ramón y Pedro Martínez, futuro Novato del Año Raúl Mondesí, José Offerman y Juan Guzmán (que brillaría en las mayores con Toronto), mientras que Guerrero envió al cinco veces Todo Estrella Tony Fernández, entre otros, a Grandes Ligas. El resto del béisbol intentó alcanzar a esos dos; y pronto, todos los 30 equipos de las mayores-además de algunos clubes japoneses-establecerían academias de desarrollo en Dominicana.

Pero sólo enseñarles los fundamentos a los muchachos no fue suficiente para provocar el cambio que causó este explosión beisbolera dominicana. Más de 1,500 jugadores firmaron contratos profesionales, convirtiendo a Dominicana en el productor más prolífico del talento de béisbol fuera de los Estados Unidos.

Tampoco ocurrió de un día para otro. El flujo de talento dominicano, que empezó a gotear hace 50 años cuando Virgil hizo su primera aparición en las mayores, dependió de varios eventos, incluyendo la integración racial en el béisbol; el triunfo de la revolución cubana, que cerró esa isla para los escuchas de Grandes Ligas; revuelo político en República Dominicana, que hizo disponible el talento allá; la expansión de equipos en las mayores; y la aparición del draft amateur en Estados Unidos, que aumentó la demanda por más jugadores de bajo costo.

"La hazaña de Jackie Robinson tuvo fuertes ramificaciones para Latinoamérica, porque eran cuestiones de raza lo que evitaba que se firmara a los negros", dijo Alan M. Klein, antropólogo cultural y cuyo tercer libro sobre el béisbol internacional, The Globalization of Major League Baseball, fue publicado hace poco.

Eso era verdad en particular en Dominicana, donde más del 85% de la población es negro o mestizo.

"Todo el mundo sabía sobre ellos, y habían integrado ligas allá desde hacía un par de décadas", dijo Klein, refiriéndose a los estelares dominicanos negros. "De hecho, el modelo para la integración racial se forjó&es esas ligas."

Agrega el productor de documentales Daniel Manatt: "La raza, sin duda, fue gran parte de la ecuación."

Después vino la revolución de Castro en Cuba, que en ese momento era el mayor proveedor de talento foráneo para Grandes Ligas. (Ávila calcula que unos 300 jugadores cubanos estaban bajo contrato con equipos de Estados Unidos.) Entonces, cuando el nuevo gobierno cortó las relaciones con Estados Unidos y prohibió el deporte profesional en la isla, el béisbol necesitaba un nuevo proveedor.

"Había escuchas por toda la isla buscando jugadores", dijo el Salón de la Fama cubano Tany Pérez. "Entonces, después de la revolución, eso se acabó. Y se fueron a otro lado."

El momento no pudo haber sido peor para los jugadores cubanos. En 1961-62, hubo dos expansiones en Grandes Ligas, abriendo cientos de puestos en las mayores y las menores. Sin acceso al mercado cubano para llenar esos vacantes, el béisbol extendió su alcance a R.D. y otros países.

"Cuando había sólo 16 clubes, había que ser una superestrella para jugar en las mayores", dijo Ávila. "Pero después de que Castro cerró las puertas de la isla y vino la expansión, se necesitaban peloteros. Por esa razón me mandó Campanis a buscar talento en Latinoamérica, sobretodo en Dominicana."

El firmar a los peloteros dominicanos no fue necesariamente fácil. Aunque los Gigantes y los Piratas tenían escuchas ya en el país, había serios obstáculos para firmar al mejor talento de la isla. Ramfis Trujillo, hijo del dictador Rafael Trujillo y jefe de la Fuera Aérea Dominicana, reclutaba a los mejores jugadores para su equipo militar y no era muy propenso a dejarlos ir.

Sin embargo, cuando el dictador fue asesinado en 1961, llegó una nueva era que, entre otras cosas mucho más importantes, facilitó las cosas para los equipos y sus operaciones en la isla.

"El draft en los Estados Unidos, Castro en Cuba y el asesinato de Trujillo--todo eso le abrió las puertas para que los jugadores llegaran hasta acá", dijo Ávila. "Fue una combinación de tres situaciones distintas."

De todas maneras, no fue hasta la década de los 90, cuando más de 130 dominicanos debutaron en Grandes Ligas, fue que la gotadera de jugadores quisqueyanos se convirtió en verdadera inundación. Ya para entonces, casi dos docenas de equipos tenían academias en el país. Los bonos por firmar en R.D. eran tan humildes-los Vigilantes firmaron a Sammy Sosa por sólo US$3,500-que los equipos podían llevar a varios dominicanos a sus filas por lo que costaría firmar a una sola selección mediana del draft en Estados Unidos."

"Tomó algo de tiempo para que sacaran lo mejor en cantidades", dijo Klein. "Si ves cada década, ves los números crecientes de los jugadores que llegaban de la isla. Ahora, R.D. produce un montón de jugadores-más de lo que yo hubiera pronosticado hace 15 años."

Y no hay indicios de que eso vaya a cambiar pronto. Con una gran producción de jugadores de parte de Venezuela, dice Klein que lo único que puede impedir que estos países sean fuente de hasta la mitad del talento en Grandes Ligas es una falta de visas de trabajo después del 9-11.

"No hay dudas que si levantaran las cuotas estrictas, lo veríamos", afirmó.

Epifanio Guerrero está de acuerdo, agregando de que a su juicio, las razones por las que no ha sucedido son medio sospechosas.

"Antes, podías buscar a un jugador y firmarlo. Ahora hay demasiadas reglas para hacerlo", dijo. "Para mí, han tratado de detener al jugador latinoamericano con todas esas reglas porque ya son demasiados. No sólo demasiados, sino con demasiada calidad. Le están quitando trabajo a los estadounidenses."

Ávila, a quien por su trabajo en la isla el presidente dominicano se lo otorgó el título de caballero hace dos años, no quiere participar en ese debate. Sí, el sistema tiene sus fallas. Pero desde que inició esta revolución Ávila, que reside en el sur de la Florida, MLB se ha convertido en una industria de US$86 millones en Dominicana, convirtiendo al béisbol en el segundo mayor sector de la economía nacional, detrás del turismo.

Y para decenas de miles de familias-la mayoría de las cuales nunca han conocido a Ávila-los frutos de dicha revolución les ha cambiado la vida.

"Estoy orgulloso de eso porque me encanta el béisbol", dijo Ávila. "Nací en Cuba y soy ciudadano de Estados Unidos. Pero en el fondo de mi corazón soy dominicano."