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¿Por qué Ayrton Senna todavía es un mito a 30 años de su muerte?

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A 30 años del fatídico accidente de Ayrton Senna (1:55)

El piloto brasileño falleció por un accidente en el Gran Premio de Imola. (1:55)

Todos adoran a Ayrton Senna. Pilotos, aficionados y expertos, para nadie pasa desapercibido, odiado o amado, pero siempre reconocido como un piloto diferente, como una leyenda de la F1.


Cuenta la leyenda que una vez en el auto, Ayrton Senna entraba en un trance místico que lo llevaba conducir de una manera mágica, sobrenatural, inverosímil, técnicamente imposible y esa es una de las razones que lo hicieron una leyenda.

Se cumplen 30 años del momento en que el piloto que elevó el concepto de la palabra ‘piloto’ a un nuevo estándar, a un nivel inédito, perdió la vida en la curva Tamburello del circuito Enzo y Dino Ferrari de Imola. Tres décadas de aquel 1 de mayo de 1994 y Ayrton Senna es todavía, incluso cada vez más, un mito.

¿Cómo es posible este fenómeno Senna en el mundo de lo inmediato? ¿En una sociedad que no investiga y no le interesa saber lo que pasó antes? Hoy, Senna ‘vive’ en el recuerdo de cada aficionado a la Fórmula 1, a pesar de que hoy lo que cuenta es lo que vemos, lo que tenemos a la mano, donde lo ‘viejo’ no sirve y donde los ‘GOAT’ surgen en cantidades espectaculares.

Las razones de esa adoración a un piloto que murió en el milenio pasado, que no conoció el Internet, se basan en todo lo que hizo, en todo lo que pudo haber hecho, pero sobre todo en cómo lo hacía.

Su personalidad, misticismo, filosofía en la vida, la pista (las cuales se unían, pero no se mezclaban), su carácter generoso con unos e implacable con otros, su manera de humillar a sus rivales e insaciable deseo de victoria, son parte del personaje, pero lo que realmente lo hizo una leyenda fue su manejo fuera de este mundo en un tiempo en que abundaban los grandes pilotos en la F1 y cómo pudo sobresalir entre todos ellos.

Demoledor de rivales

El pilotaje y efecto de Ayrton Senna en la Fórmula 1 se podría ejemplificar con una anécdota contada por Jo Ramírez, quien fuera coordinador del equipo McLaren durante más de dos décadas y amigo cercano del volante paulista nacido el 21 de marzo de 1960.

Recuerda Jo Ramírez el Gran Premio de Mónaco de 1988. Ayrton Senna era un recién llegado al equipo, donde el que mandaba era Alain Prost, ya dos veces campeón del mundo y ganador en el Principado los tres años anteriores.

Era apenas el tercer GP de la temporada, Senna bajó de su auto tras su intento de vuelta rápida, la famosa ‘flying lap’ y se sentó junto al camión del equipo, aún inmerso en el estado de abstracción en que se imbuía antes, durante y después de subir al auto. Parecía que su espíritu estaba en otra parte.

Alain Prost no lo podía creer. Buscaba en la telemetría, escarbaba en los reportes, preguntaba a Jo Ramírez: ¿En dónde me pudo sacar ese tiempo? El culpable de la tribulación del gran piloto francés era Ayrton Senna.

La confusión e incredulidad del hombre que había ganado tres veces seguidas el Gran Premio de Mónaco provenía de los 1.427 segundos que su coequipero brasileño le había sacado en la calificación para la carrera.

Sí, un segundo y 427 milésimas entre el primero y el segundo lugar que tenían autos idénticos, esos radiantes McLaren-Honda MP4/4. En la F1 una décima de segundo es una distancia razonable, dos o tres soportable, entre cuatro y un segundo es una vida, así que casi segundo y medio es una eternidad.

Mientras Prost no salía de su asombro y le pedía a Ramírez explicaciones, Jo pudo ver junto al camión de McLaren que Senna, a quien Alain daba la espalda, movió la cabeza dentro de su trance y le guiñó un ojo al coordinador mexicano con un esbozo de sonrisa socarrona.

Ayrton Senna disfrutaba, no sólo cuando vencía a sus rivales, sino cuando los humillaba. Y todos sabemos que en el automovilismo tu coequipero es tu primer y principal rival.


Su conducción era sobrenatural

Mucho se ha hablado y escrito sobre el estilo de manejo de Ayrton Senna. Cómo y por qué era tan rápido y hay varias teorías.

Primero era su manera de tomar las curvas. Si se pone atención en los videos de Senna en comparación de otros pilotos al tomar la misma curva se escucha y se observa cómo de alguna manera revolucionaba el motor al momento que bajaba la marcha en la entrada de la curva y repiqueteaba el acelerador durante el ápex para mantener bien arriba esas revoluciones y salía más rápido que el resto.

Era bajar y subir la velocidad, al tiempo en que viraba y bajaba y subía marchas, aplicaba el freno, pero sin que de estar la máquina revolucionada.

“Prost me decía: '¡Yo no puedo hacer eso!'”, narra Jo Ramírez.

Explicarlo en términos anatómicos equivaldría a que para hacer esas maniobras se requería un ser humano con tres brazos y tres piernas. Esto porque al tiempo que pisaba el acelerador para subir las revoluciones, pisaba el clutch para cambiar de marchas y frenaba (punta, talón), pero por la precisión y fuerza de la maniobra parecía que tenía otra pierna.

En el tronco superior no era diferente, hay que recordar que esos autos no tenían una dirección asistida, era un volante duro, sin muchos controles y una palanca de velocidades en H (hasta 1991), luego secuencial, que requería una mano en ella para cambiar de marcha hacia arriba y abajo durante las curvas. La eficiencia de Senna hacía pensar que tenía un brazo más, por la precisión de su viraje y la armonía de sus cambios.

Escucharlo pasar por una recta era como escuchar una escala de Mozart, una sonata en motor mayor que contrastaba con el arrítmico sonido de sus contemporáneos.


Estilo del coche que baila

Pero era particularmente en las curvas donde la “danza” de su monoplaza era un sello irrepetible.

“Sobremanejaba el auto de una manera que parecía que bailaba en cada curva”, cuenta Jo Ramírez.

Sobremanejar es un término que se refiere a llevar el auto más allá de su límite y rescatarlo, pues Senna lo hacía varias veces antes y después de una curva. La nariz del auto tenía un vaivén casi rítmico que correspondía a ese pequeño exceso y luego lo ‘cachaba’, pero esto no lo hacía perder tiempo, al contrario, y ese era el famoso ‘baile’.


El mejor calificador de la historia

Las 65 pole positions en 161 Grandes Premios en su tiempo fueron un récord en la F1, aunque hoy ya están muy lejos de las 104 de Lewis Hamilton o las 68 de Michael Schumacher. El porcentaje de pole por carrera de Senna es de 40.37%, sólo superado por Juan Manuel Fangio (56.68%), Jim Clark (45.83%) y Alberto Ascari (43.75%).

Veinte de esas 65 fueron con autos notoriamente inferiores a la marca más poderosa de ese momento, el manejo antes descrito, su foco y sensibilidad lo ponían por delante del resto. No sólo era destreza o pericia, era entendimientos del ‘espíritu’ de la máquina, los neumáticos, el asfalto y el circuito.

“No ha habido un piloto mejor en una vuelta lanzada”, dijo Jo Ramírez. “Entraba en un trance”.

“Cuando Schumacher rompió ese récord de Senna, dijo que no significaba nada, que estaba triste, porque ese récord era de Ayrton y yo se lo agradecí personalmente”.


Manejo en el piso mojado

Legendarios son, entre otros, los Grandes Premios de Mónaco en 1984 y Donington en 1993, donde la desventaja de sus monoplazas se vio borrada por el agua que manaba del cielo.

La leyenda de ‘Magic’ Senna se empezó a labrar en Mónaco 1984, cuando al volante de un auto Toleman hizo una demostración de manejo acuático que estuvo a punto de darle el triunfo.

Senna había calificado en el lugar 13 de 20 con Alain Prost (sí, ahí también inició su historia con el francés) y bajo un torrencial aguacero hizo del limitado Toleman el auto más rápido en el callejero circuito del Principado.

El brasileño redujo una diferencia de 48 segundos en menos de 20 vueltas, hasta que el comisario de la carrera, Jacky Ickx la detuvo ante la insistencia de Prost, quien ya tenía a Ayrton a sólo tres segundos.

Nueve años después vino la famosa ‘Vuelta de los Dioses’, bautizada así por los ‘sennofilos’ por el derroche de manejo omnipotente de Senna en Donington, el Gran Premio de Europa.

Ese año los autos Williams eran casi invencibles. Su suspensión activa y control de largada les daba una gran ventaja, lo mismo que a los Benneton, que también contaban con tecnología similar.

El McLaren de Senna, más limitado, sólo encontró igualdad nuevamente en la lluvia.

Calificado en cuarto sitio, Ayrton Senna ‘como pez en el agua’ rebasó en la mismísima primera vuelta de 74 a Karl Wendlinger, Michael Schumacher, Damon Hill y Alain Prost y para el segundo giro ya les sacaba cuatro segundos.

“Conducía un Fórmula 1 como si fuera un auto de rally o un go kart”, señala Ramírez en entrevista con ESPN.

La intuición para encontrar la tracción entre los charcos del circuito inglés fue catalogada por Jo Ramírez como “las mejores dos vueltas en la historia de la Fórmula 1”.

Lo cierto es que ese GP fue un ir y venir de la lluvia que provocó abandonos y muchas paradas en pits (Prost hizo 7), pero al final la tabla del resultado vio a Senna 1 minuto y 23 segundos por delante del segundo lugar, que fue Hill, y único que terminó en la misma vuelta que el brasileño. Al resto les sacó una, dos o hasta cuatro vueltas de diferencia.

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4:50
El día en que Juan Fossaroli tuvo una gorra de Senna

El especialista de F1 de ESPN narró cómo obtuvo un objeto del piloto en el Gran Premio de Brasil de 1993.


Era humano, cometía errores, pero errores legendarios

Senna se equivocaba, era un ser humano y cuando lo hacía también quedaba como un momento imborrable.

En el GP de Mónaco de 1988, donde calificó casi segundo y medio mejor que Prost, imprimió un ritmo de carrera tal que había lapeado a todos menos cuatro autos, no cesaba el ritmo y parecía quererles sacar un giro a todos.

A 14 vueltas del final, el jefe de McLaren, Ron Dennis le pide que afloje el ritmo, y al principio no lo hace, pero luego obedece. Con una ventaja tal hay que administrar la carrera, pero termina estrellado en Portier y se va desconsolado a refugiar de la prensa en su apartamento en Mónaco. Unas horas más tarde diría que iba con tal concentración que el llamado de Dennis lo sacó de foco y por eso chocó.

En el GP de Alemania de 1991, Senna cometió un error infantil en la primera vuelta al darse un trompo, pero lo subsanó con una remontada del lugar 27 al cuarto y al final dijo feliz, recuerda Jo Ramírez, que había sido la mejor carrera de su vida.

También son famosos sus choques con Prost en Japón, que marcaron la enemistad entre ambos y mostraron a un Senna que podía buscar justicia por su propia mano, sin importar la limpieza de la acción. Ayrton tomó revancha de lo sucedido en Suzuka en 1989, con un percance en 1990. Nadie dijo nunca que Ayrton era un santo.


Respeto y odio de sus rivales, incluso de leyendas

Nadie que haya competido contra Senna pudo dejar de tener sentimientos encontrados: frustración-admiración, odio-respeto, incredulidad-asombro.

Senna se ganó el respeto de su ídolo, el maestro, el campeonísimo Juan Manuel Fangio, quien lo ungió como su sucesor.

Pero también pilotos del pasado y presente lo adoran e idolatran, tales como lo son hoy Lewis Hamilton, Sergio Pérez, Fernando Alonso, Daniel Ricciardo, Pierre Gasly y Charles Leclerc. Varios de ellos no lo vieron correr o no habían nacido cuando murió, sin embargo, el brasileño es su inspiración.

De otras generaciones están el mismísimo Michael Schumacher, Adrián Fernández, Juan Pablo Montoya o su hijo Sebastián Montoya, quien hoy es un adolescente en la F3, quienes son sennistas de corazón.

El mismo Prost, una vez retirado hizo las paces con Senna y era uno de los más compungidos en su sepelio. Llevo una manija de ataúd y ha reconocido que su grandeza va ligada a la del paulista.

Eres tan bueno como los rivales a los que venciste y por la manera en que lo conseguiste. Senna no habría sido una leyenda sin Prost, Lauda, Nelson Piquet, Nigel Mansell, Gerhard Berger, Jean Alesi, Michele Alboreto, Keke Rosberg, Elio De Angelis, Jacques Laffite, René Arnoux, Riccardo Patrese y, por supuesto, el gran Michael Schumacher.

La muerte de Senna privó al mundo de ver el duelo contra Schumacher, que habría abarcado, tal vez toda la década de los 90’s y seguramente los campeones de esos años habrían tenido que ‘ceder’ sus coronas a Ayrton.

Hoy los pilotos usan las famosas frases de Senna como “el segundo lugar es el primero de los perdedores” o aquella de "no eres más un corredor de autos si ves un hueco y no vas por él”.

Otro detalle que habla de la grandeza de la leyenda de Senna es que sus números, que ya no son más récords de la F1 tienen un significado especial para los pilotos que los alcanzan.

Llegar a 161 Grandes Premios, 41 victorias o 65 pole positions te pone dentro del “Umbral Senna” y eso ha sido motivo de lágrimas para Schumacher y Hamilton, quien es tan sennista que ya hasta ciudadano brasileño es.

Para un piloto de la era que sea, poder conducir alguna vez en su vida un auto que fue de Senna es uno de los momentos más importantes de su vida.

El misticismo, personalidad y magnetismo de Senna es algo único en el deporte motor, habrá muchos campeones, pero sólo un mito eternamente joven, Ayrton Senna da Silva.