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Querétaro pide castigo para político racista
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LOS ÁNGELES -- Caos vial en Querétaro. Y un tipo, de vinculación panista, monta en cólera.

Iracundo, porque perderá horas-holgazanería-ocio-odio, Carlos Treviño llama "Simio" a Ronaldinho. Lo culpa de su demora.

Un caos vial que no genera, en realidad, el jugador, sino la ancestral ecuación corrupción-negligencia-incapacidad, que conjuga, con inmaculada eficiencia el inoperante gobierno al que él mismo perteneció y al partido político (PAN) al que hasta este lunes se le vinculaba.

Con un historial en redes sociales de marcada discriminación, racismo, odio y desprecio por sus semejantes a los que considera, obviamente, menos suyos y menos semejantes, Carlos Treviño desata una tormenta en la que termina ahogándose. Como en las arenas movedizas, muere atragantado de ellas, y como en el embrutecimiento alcoholizado de su odio, muere atragantado por la fobia que vomita.

Y Ronaldinho, sin manifestarse, tal vez sin enterarse siquiera, termina victorioso -aparentemente-, paseado en hombros por la marea de las redes sociales.

Ronaldinho ha quedado protegido. Momentáneamente. Porque, pregunto ¿alguien garantiza que cuando vaya a jugar a alguna de las junglas de la Liga MX donde los inadaptados gozan de impunidad e inmunidad, no se escuchen manifestaciones racistas?

¿Alguien, por ejemplo, mete las manos al fuego por los tipos de comportamiento -ojo, comportamiento- simiescamente salvaje, en tribunas como la de CU, y cuando se han perpetrado en Torreón, en el Azteca, en Pachuca, etcétera?

Fundamentemos algo: no todos los actos discriminatorios son racistas, pero, sin duda, todos los actos racistas son discriminatorios. Y consignemos que, por igual, racismo y discriminación, son actos incubados con mezquindad y ruindad.

E incluso en la sociedad se reacciona de manera equivocada: no es solidarizándose contra la víctima, sino solidarizándose contra el verdugo, como se exterminan este tipo de hechos.

Se resucita el término #TodosSomosSimios para cerrar filas con Ronaldinho, tal y como se hizo con Alves, hace meses, cuando de la tribuna voló una banana.

Insisto, la intención es buena, pero el mensaje es contrario. Ni Ronaldinho ni ninguna víctima de estos deleznables ataques necesita de solidaridad compasiva.

La solución no está en fusionarse vestidos de víctimas para defender a la víctima. La solución está en aliarse, en hacer una coalición contra el que hiere y no lamiendo las heridas de la víctima. A quien hay que cambiar. Castigar o erradicar no es a la víctima sino al alevoso e impune victimario.

Y cabe un acto de conciencia dentro de México. ¿Y los insultos contra Baloy, Burbano, Arizala, Carlos Darwin, Ayoví, Valencia, etc., en los estadios de México? O en sus casos hay tolerancia porque no son famosos o porque sus éxitos no tienen la inmortalidad de los de Ronaldinho.

Recordemos que en algunos se han visto envuelto hasta futbolistas como Pikolín y Verón, de Pumas, quienes hasta argumentaron "que las cosas que se dicen dentro de la cancha no deben salir de ella", sugiriendo que el afectado no tiene derecho a defensa, denuncia, sólo por los códigos torcidos de un campo de futbol.

Y esto lo podemos sacar de la cancha y de la tribuna. ¿Cómo es el trato a los centroamericanos que necesitan llegar a EEUU a través de México?

¿Cuál es el trato a los indígenas mexicanos que urgidos por el hambre llegan a las ciudades y se exponen a todo tipo de maltrato y violencia? ¿Y la repulsa del que va en el auto, contra el desfile en las esquinas de gente que busca el pan con el sudor de su frente, de su dignidad y de su orgullo ante el desprecio?

A alguien, cercano, torpemente, se le ocurrió decir que en nuestros comportamientos "todos somos simios".

No, lo grave, en el fondo, sería que todos fuéramos Treviños.

Por eso, insisto, ese tópico de #TodosSomosSimios prohija, estimula y fomenta los Treviños, y en nada ayuda a las víctimas.

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Cruz AzulAl paso que va, Cruz Azul no aspira a entrar a la liguilla del Apertura 2014
LOS ÁNGELES -- Debacle. Patética y bochornosa. En tan sólo seis meses. La Máquina de Cruz Azul es hoy una caricatura de su vigorosa edición de hace seis meses.

En la Fecha 8 del Clausura 2014, Cruz Azul se robaba el torneo de manera inclemente: 17 goles, 3 recibidos, invicto, líder. Mostraba cabalgata de campeón. Al final, el desahuciado, clasificado de carambola, el León, lo bajó del trono en la Liguilla.

Este Apertura 2014, La Máquina se hunde: ocho partidos, seis goles a favor, ocho recibidos, nueve puntos, pero, lo más grave, sin pistas, sin insinuaciones, sin asomos de mejoría.

Se proclamó que tras la derrota ante Chorrillo en Panamá, el equipo había celebrado una encerrona. Ahí, contritos, avergonzados, víctimas de su propia humillación prometieron un acto valeroso y ejemplar de resurrección.

La victoria sobre Querétaro pareció respaldar que ese juramento íntimo y colectivo tendría su fruto.

Pero, Cruz Azul se quedó sin palabra de honor. Empata con Chivas sin goles y después de reposo por Fecha FIFA, con tiempo de reacomodo, reordenarse y reencontrarse, al final, el Toluca les humilla en casa.

Lo penoso son los puntos clave de la hecatombe: sus presuntos pilares se derrumban. Chaco Giménez hizo actos de escapismo en el partido, al igual que su paisano Formica, mientras Joao Rojas se enemista con su entorno para justificar sus lamentables errores.

Y a eso se suma el desplome moral, futbolístico de uno de sus poderosos voceros de la redignificación del equipo.

Sí, porque José de Jesús Corona hace una representación de manos torpes, reacciones torpes y seguramente la gravísima lesión en el pescuezo que lo alejó de los amistosos del Tri, debió lastimarle una larga ramificación neurálgica: la pelota estuvo en sus manos y la deja pasar a su arco, en un remate sin fuerza, lejano, de cabeza, de Da Silva.

Y cuando los aparentes y enaltecidos pilares del grupo perpetran semejantes errores, quiere decir que se desvanecen las esperanzas de un verdadero liderazgo múltiple hacia la redención.

El Cementerio de los Cementeros está siendo inaugurado en este torneo. Cruz Azul se muere de todos los males posibles, incluyendo el infortunio.

Toluca, se sabe, no es nada nuevo en la conformación táctica de Cardozo, es frágil en zona defensiva. No le importa ser herido, mientras hiera más gravemente al adversario. Juega a matar o morir. Juega a matar y morir.

Eso permitió que en el arranque del juego Marco Fabián y Joao Rojas se plantaran en condiciones inmejorables de gol. Suficientes en número y suficientemente claras. Ambos fallaron. El primero se reía cuando se equivocaba. El segundo culpaba a compañeros, árbitro, adversario, clima y cancha para desviar y desahogar su única realidad: está jugando con más rencor que hambre.

Por eso, lo más grave, es que en el fondo de esa nueva Caja de Pandora que destapa Cruz Azul, no se vislumbra, como sí ocurría con la mítica caja, alguna esperanza.

Y en el caso de Cruz Azul, queda claro, llegar a 17 años sin título, como parece inminente que ocurra, no lleva a ningún carnaval, sino a un luto rigurosamente adictivo y prolongado.

Nuevamente, a mitad del torneo, se sabe, se visualiza el Cementerio de los Cementeros.

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LOS ÁNGELES -- Mientras el madridismo lanza sollozantes suspiros a La Premier (Di María) y a La Bundesliga (Alonso), el Atlético gana bajo una cuestión de higiene competitiva: Real Madrid juega a no ensuciarse ante Los Hunos del Atila Simeone, quienes juegan a ensuciar los 90 minutos, para limpiarse al final con las guirnaldas de la victoria.

El fin, dicho está, justifica los miedos de uno y los medios del otro. Real Madrid 1-2 Atlético de Madrid.

Madrid lamenta el suicidio corporativo de comprar mal y vender peor en la Bolsa de Valores porque depende de los impulsos individuales.

Y Atlético persevera en el saludable hábito de agregar piezas a la maquinaria: vende a sus obreros y contrata más obreros. Y si la producción se mantiene, la productividad se incrementa.

Un vestuario se oxida con el olor perfumado de lujo y el otro apesta agriamente a linimento y sudor. Y en la cancha, persevera el jornalero con pies de artesano, por encima de otro que no encuentra cómo ser equipo, a pesar del afán de asociar a genios.

Y sin émulos en el rival, sin guerreros anárquicos, rebeldes incluso al dogma del madridismo, como Di María y Alonso, el Atlético se sorprendió del excesivo respeto que por momentos presentó a los merengues. 2-1. Y los Colchoneros estuvieron más cerca de la befa de un tercero, que de ser alcanzados.

En una región casi esotérica en el ejercicio del futbol, como México, la atención se centraba en disfrutar de la coincidencia histórica de dos emisarios de su raza insatisfecha de, con y por el balompié, con Raúl Jiménez como titular del Atlético de Madrid y por el Real Madrid, el Chicharito, a quien oficialmente el equipo ya le rompió el acta de nacimiento y de identidad como Javier Hernández, al registrarlo con su seudónimo en la nómina arbitral.

Mejor lo de Jiménez que lo de Hernández. Ojo: centrarse en ver al ex americanista por su aporte en el área implicaría una miopía contemplativa.

Jiménez apareció tres veces en el área, lejos de la marca de Ramos y Pepe, propiciado todo por el recorrido que le pide Simeone. Provocó faltas, robó balones y funcionó como segundo marcador en alternativa. Fue útil en los momentos en que el Cholo consideraba más urgente controlar y desgastar antes del asalto final, ese abordaje clave anticipándose a Ancelotti.

Hernández murió de inanición. Aunque, es cierto, en el Manchester United llegó a morir a veces de gula y ansiedad.

Este sábado le escasearon balones al Chicharitos porque tras el 1-1, el partido se volvió un nudo que ningún equipo se atrevía a desenredar, hasta que Simeone hizo los cambios, uno de ellos Jiménez, pero no por inoperante sino porque en el reajuste ordenó una sociedad totalmente nueva y fresca. Por eso, el tercer gol merodeó, pero no llegó.

Al final, ni coincidieron en la cancha, más que en el pasillo de entrada y salida de los cambios, pero Jiménez fue utilitario y Chicharito no alcanzó a ser útil.

Pero, al final, el Derby Mexicano en Madrid fue una fantasiosa justificación para que las turbas americanistas y chivas, estiraran el pescuezo a un vecindario que, generalmente --no todos--, miran de reojo.

Recordemos un principio fundamental del Atlético y de Simeone: nunca llevan prisa. Nunca. Ni para golear cuando ganan, ni para ganar cuando empatan, y ni para empatar cuando pierden.

Para los Merengues perder en su Santuario tiene un costo elevado. No sólo la humillación de la otra mitad de Madrid, sino la carrera en la cosecha de puntos.

La Liga, ya se sabe, la definen en las victorias prescritas contra los chambelanes eventuales de cada semana y es ahí, sobre los cadáveres de los abundantes lacayos del torneo, donde Madrid, Atlético y Barcelona irán definiendo y defendiendo sus aspiraciones de ganar la Liga.

¿Y James? La presión lo asfixia. Su brillante Mundial fue producto de una libertad absoluta en la cancha. Este sábado sólo faltó que en el abuso de acomodos de Ancelotti, lo colocara detrás de Modric o como eje de ataque porque el vaivén de cambios y urgencias llevó al colombiano a estorbarse con Isco, con Kroos, a cruzar caminos con CR7, y lo más grave, a la desesperación de precipitar disparos, todos con la desgraciada puntería de aterrizar en la tribuna.

Las aguas volverán a su cauce en la Liga. El Madrid seguirá como bravucón victorioso --aunque a veces sufrido--, pero desfalleciéndose de nostalgia y fe por las ventas demenciales de su presidente Florentino Pérez.

¿En el Atlético? Ni sobra el que se queda, ni hace falta el que ya se ha ido.

En la Tribu del Atila Simeone, donde hay Hunos, no se extrañan ni los unos ni los otros.

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LOS ÁNGELES.-- Sostiene Guillermo del Toro en Pacific Rim que las matemáticas "son lo más cercano a la escritura de Dios".

Más allá de lo debatible y fascinante de la frase, tan propia del cineasta mexicano, los números de la selección mexicana en la Fecha FIFA de septiembre, rebasan los resultados y los marcadores mismos.

El Departamento de Estadísticas de ESPN, lejos de la divinidad y cerca de la tecnología, concluye aritméticamente detalles valiosos, pero insustanciales, para el Tri.

De entrada, debemos sostener que el 0-0 con Chile dibuja mejores horizontes que la pachanga ante Bolivia pese al 1-0. Cierto: al final, son amistosos, con los verdaderos desafíos a casi nueve meses de llevarse a cabo.

Con sus colosos mundialistas y europeos, Chile dividió oportunidades y control del juego ante México, que con un cuadro diferente totalmente, se vio superior a Bolivia.

Las estadísticas son más alentadoras que los marcadores, conforme la recopilación realizada.

Sumando ambos juegos, México generó 21 oportunidades de gol por 12 de sus rivales, ocho de ellas por Chile y cuatro por Bolivia.

El Tri hizo 32 remates, por 17 entre ambas escuadras sudamericanas. Sin embargo, al final, las mismas matemáticas inquietan: 21 oportunidades y 32 remates, y sólo consiguió un gol en 180 minutos gracias a Miguel Layún.

Mucha amenaza y poco daño. O en términos coloquiales, este canino del Tri, ladra mucho, pero no muerde.

Incluso, de los 18 disparos sobre Bolivia, sólo un 22 por ciento, es decir, cuatro, fueron directo al arco. En esa capacidad de remates e incapacidad productiva desfilaron el 'Cubo' Torres, 'Chuletita' Orozco y Oribe Peralta, el primero, un goleador probado en la MLS, y el tercero, un romperredes trascendental en Santos y México, porque el América lo sigue esperando.

Sobre el 'Cubo' Torres, de acuerdo a la compilación de ESPN, fue el más participativo con 29 toques de balón en zona de ataque, aunque sólo seis, los mismos que Javier Aquino, en el área rival. Pero, de goles, en ambos casos, ni hablar.

En el acumulado, el equipo del 'Piojo' Herrera sumó 149.5 toques de balón en posición ofensiva, por 108.5 entre Bolivia y Chile. Fascinante la superioridad, pero, al final, la cifra queda expuesta al ridículo si sólo se consigue un gol y con remate de Miguel Layún.

Prueba de la insuficiencia del dominio mexicano ante Bolivia son otras cifras: tuvo 231 toques de pelota más que los sudamericanos, 645 por 414, pero al final, en una jugada fortuita, estuvo muy cerca de anotar el gol del empate en la agonía del juego.

Queda claro que a pesar de un segundo tiempo de holgazanería irresponsable, México terminó siendo superior a Bolivia, y sin una escuadra del renombre en nómina como la chilena, ejerció momentos de superioridad en ambos juegos.

Y al final estas cifras hacen aún más patética y dramática la urgencia de gol del Tri.

El dominio utilitario en la cancha ciertamente reduce riesgos y debería incrementar las posibilidades de vulnerar al adversario, pero de poco sirve al náufrago morir ahogado en la playa, como fue recurrente, especialmente por parte de 'Chuletita' Orozco.

Así, esta aritmética reveladora, confirma que si los números son lo más cercano a la escritura de Dios, en el caso del Tri, están más cerca de ser garabatos del Diablo.

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LOS ÁNGELES -- Un round de sombra. Aunque en realidad Bolivia fue tal penumbra que ni sombra proyectó.

México ganó 1-0. Tuvo opciones de gol para imponerse por diez. Igual, de poco habría servido. De hecho, un marcador escandaloso habría sido reconfortante para los aficionados, pero perturbador para la seriedad de la revisión final.

El Tri asumió responsabilidad los primeros 45 minutos y apenas en espasmos del complemento. Con el marcador a favor, y con el rival superado, decidió despatarrarse sobre la hamaca y sobrellevar el reloj.

Pero, la preocupación fundamental sigue: los goleadores nominales no hacen goles. No por falta de oportunidades, sino por falta de capacidad para transformarlas en la red.

Miguel Herrera ensayó con el Cubo Torres, Chuletita Orozco y al final con Oribe Peralta. Los dos primeros generaron al ataque, pero más allá de ser piezas del proceso ofensivo, están ahí para hinchar el marcador, y ayer sólo desinflamaron las expectativas de gol del equipo.

Los supuestos hombre-gol no están sólo para jugar bien, sino para sentenciar partidos.

Cubo, Chuletita y El Hermoso deben dictar veredictos en el marcador, y no sólo en colaborar ofensivamente.

Bajo el esquema de Miguel Herrera, al Tri le sobran ingenieros, pero no encuentra al arquitecto que embellezca en la pizarra los esfuerzos del grupo.

El tanto lo hace Miguel Layún, quien tuvo una jornada festiva. El lado izquierdo de México no era una avenida, sino una pista de Fórmula Uno, con libertades increíbles para llegar a fondo y centrar.

Pero, el ataque del Tri se encargó, con la deficiencia de sus disparos, en construirle un innecesario y frágil monumento al arquero de Bolivia. Pero al final fue un monumento más a su impotencia y pueril intento por definir en gol, que por la magnitud floreciente del arquero.

Por lo demás, México pasó de la ebullición al hartazgo. Se cansó de ser el gato que jugaba con un ratón huidizo. Y en ese hastío de juguetear, llevó su propia penitencia.

Para el segundo tiempo, con el desdén evidente, con el afán de liberar el trámite del reloj, el Tri redujo la intención y la intensidad de sus esfuerzos.

Y eso seguramente generará, primero la comprensión de El Piojo, y enseguida el reproche del mismo entrenador, que lo ha demostrado entre sus exigencias, no basta con tener mal herido al adversario, sino que hay cebarse sobre él.

Válidamente, El Piojo sabe que en el futbol, amistoso u oficial, cuando se puede, como ante Bolivia, se debe hacer leña del árbol caído, y sus jugadores con esa parsimonia y actitud pusilánime, era evidente que renunciaban al cometido.

Difícil pues calificar al Tri. Por el primer tiempo se llevaría calificaciones aprobatorias. Por el segundo tiempo se llevaría calificaciones reprobatorias.

¿Estará el gol de México avecindado en España con Javier Hernández y Raúl Jiménez, o en el limbo de su inactividad con Alan Pulido?

Ha llegado el momento de saberlo. Oribe Peralta sigue trastabillando, mientras que el deslumbrante mexicano en la MLS, ayer, el Cubo, al margen de que dio un grato partido en general, no pudo, aunque oportunidades hubo, marcar el gol que necesitaba.

¿Chuletita? Ya se sabe. Lo lleva de cuna. Llega al área con el Pecho Frío de su ADN cruzazulino.

Al final, el más venturoso saldo del Tri fue el empate ante Chile y el primer tiempo ante Bolivia, insistiendo, por supuesto, en que la segunda mitad le dejó una lista de jaquecas, poco alarmantes, pero migrañas, al técnico Miguel Herrera.

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LOS ÁNGELES.-- Se materializarán más de cuatro siglos con atuendo de futbolista este viernes en el Estadio La Corregidora.

La cita será esperando que los cerros reverdezcan. Y el morbo, la ansiedad de filigrana y espectáculo elegirán a dos de los más venerados y venerables ancianos de ambas legiones.

En otros tiempos, en sus mejores tiempos, la presentación de la contienda sería fascinante. Un mano a mano de época. Ayúdeme. Sea mi cómplice. Alíese con mi imaginación. Tome el control del PlayStation de su memoria.

Elucubre, recree, fantasee conmigo. El 'Zinedine mexicano', diría Manuel Lapuente. Y el sucesor de Pelé, diría la prensa brasileña en su momento.

¿Extasiante esa cartelera? Sin duda. Claro, la madrastra gruñona que es la realidad riñe un poco con esa ficción, con esa entelequia.

En La Corregidora, Cuauhtémoc Blanco pujando hacia los 42 años, jugando con Puebla. Y Ronaldinho, pujando hacia los 35, en el Querétaro.

Y cierto, a su lado, de su lado, aparecen incluso algunos jugadores de venerable respeto por su esforzada, sufrida, agobiada longevidad: Sinha (38 años), Sergio Santana (35), Ricardo Osorio (34), Óscar Rojas (33), Juan Carlos Cacho (33).

Pero, de quienes se espera el repertorio que encandile, que seduzca, es ciertamente de Cuauhtémoc y Ronaldinho, sin dejar de lado el eventual estertor de calidad de Sinha, pero, es evidente, sin acercarse en picardía, improvisación y descaro de los fastuosos mencionados.

Los abuelos sacan a pasear sus mejores artes y sus mejores artimañas.

Queda claro, en el habitualmente oscuro, en penumbras, este futbol mexicano, no hay jugadores que garanticen la capacidad y el oficio para reinventar, para rescatar, para desempolvar los malabarismos prohibidos en un tiempo en el que músculo domina y predomina sobre estos insolentes que hacen del desparpajo y del cinismo, una floritura al servicio del futbol en complicidad con el balón.

Cierto, hay abismos entre ambos: Ronaldinho ha ganado todo. Absolutamente todo. Y sus aventuras en la cancha regodean las páginas de oro de las videotecas, con la firma de un Lionel Messi que lo cita como fuente máxima de inspiración, hasta el carnaval, o los tres carnavales, que entregó en su ocaso al Atlético Mineiro.

¿Cuauhtémoc? Los anales de Francia 98 siguen conservando su gol a Bélgica como el más espectacular del Mundial; y la Cuauteminha prevalece como el descaro arrabalero del jugador, aunque su palmarés apenas una página, mientras que al brasileño se le editan enciclopedias.

Su mejor antecedente es la Final de la Copa Confederaciones de 1999. México se impone en el Estadio Azteca y ambos, genios entonces, candidatos a reliquias hoy, se disputaron el liderato de goleo. Al final igualan con seis cada uno, con Cuauhtémoc como artesano de esa epopeya del Tri con un desenlace de 4-3. Cierto, entonces Blanco tenía 26 años y Dinho llegaba con 19.

Por lo pronto, este viernes, se encaran nuevamente. Los organizadores de este circo fascinante se frotan las manos. Lleno absoluto y millones de ojos ansiosos y expectantes.

Podría darse el frente a frente en los primeros minutos, o podría ingresar Dinho hasta los últimos minutos, cuando los adversarios hayan vaciado piernas y pulmones, y su marca sea menos demandante.

Y claro, hay otro perfil de revisión: ¿el futbol mexicano requiere de estos genios en su fase de vestigio o anacronismo para vivir su mejor presente?

Debe ser maravilloso para ambos, Cuau y Dinho. Pero debe ser casi ignominioso para los futbolistas mexicanos y extranjeros que en plena juventud se atreven a verse y a sentirse estrellas ante la hipocresía del espejo de su vanidad, pero no pueden amarrarle los zapatos a ninguno de ellos.

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LOS ÁNGELES -- Chivas iba por algo más que la victoria. Buscaba respuestas. Ansiaba conclusiones. Las encontró. Más allá del 3-0. Y por supuesto, más allá de que la víctima es el peor equipo del torneo: Leones Negros.

La victoria tiene réditos: tranquilidad, matemáticas menos insalubres, y arrojar más abajo a Leones Negros, con crisis entre técnico y directivos.

Y el saborcito de la victoria legítima. Sin complicidades del arquero rival, como el gol que se traga Pikolín.

Pero, el Guadalajara encontró respuestas que le urgían tanto como los puntos y la victoria, insisto, más allá de que Leones Negros ofreció su mejor partido del torneo.

1.- Deseable que no sea un espejismo Ángel Reyna.

No fue su más brillante juego, pero si el más útil de todos. Participativo, ofreciéndose como enlace, exigiendo la pelota, incluso por momentos arengando a compañeros, y, por supuesto, con la hambruna de gol.

¿Por qué este domingo sí y otros encuentro no? Tal vez la marca menos exigente del adversario, o tal vez esa encerrona al vapor.

Incluso, parece que tanto él como Fernando Arce entendieron finalmente la ecuación: si ellos se asocian, Chivas descubre potencial, y los delanteros y laterales saben que se generan posibilidades.

Insisto: que lo de Ángel Reyna no sea un espejismo, porque además, el tipo no tuvo sus ataques de histeria, reclamando faltas o protestando decisiones arbitrales. Parece pues que, finalmente, llegó el futbolista que Chivas creía haber contratado.

2.- La versión peina canas y tiene arrugas. Así como pasó con el Bofo Bautista en su momento, Jorge Vergara ha impuesto a Omar Bravo, y ha insistido en Aldo de Nigris.

Dos delanteros divorciados de la única pareja que los viste de gala, el gol, se acercan a los siete y seis meses sin anotar.

Carlos Fierro volvió a reclamar en la red la consideración del entrenador. Un jugador del perfil de Chivas, porque es de su cuna, porque ha sido campeón mundial, porque técnicamente, lo ha demostrado, puede jugar las cinco posiciones de ataque conceptual que se manejan en el Guadalajara.

El tiempo se agotó para Omar Bravo y para De Nigris. Citando a la popular Llorona: "ayer maravilla fui, ahora ni sombra soy". Que se les venere como ídolos, pero que, por beneficio de todos, no se les unja de lo que ya no pueden ser: salvadores.

Oportunidades tuvieron. Ambos. No sólo para definir, sino para, con la experiencia, con sus cicatrices, con su recorrido, con las heridas de batalla, pudieran ya, supieran y, elegir la mejor jugada. Fallan ellos y, por supuesto, fallan al compañero.

3.- El aparato defensivo tuvo menos problemas.

Los jugadores de Leones Negros buscaron sus 90 minutos de fama. El esfuerzo sublimado les permitió desafiar a Chivas, y confrontarlo en el marco de la aritmética de este torneo: igualdad de números, igualdad de fuerzas.

Castro recorrió más kilómetros que en ningún otro juego con Chivas, y Carlos Salcido recuperó el respeto: al renunciar al Tri, parecía juramentar su lealtad y tiempo completo al Guadalajara. Ante delanteros habilidosos, el Rebaño supo custodiarse, y sigue apareciendo en el fondo el notable arquero que es Toño Rodríguez.

Pero, lo relevante, y es una de las respuestas que necesitaba Chivas: saber el nivel de compromiso. Ha habido juegos en que no siempre De Nigris ayudaba en cobros de esquina, o partidos en los que Ángel Reyna se desentendía de la jugada, esperando que su séquito de esclavos recuperar la pelota para entregársela, mientras que esta vez era un sabueso más.

Esa era tal vez la respuesta que esperaba el Guadalajara: los aburguesados, quieren, pueden, porque deben, dejar de serlo.

Ojo: que esta radiografía, que hubiera podido apestar a autopsia, tampoco reivindica ninguna de las demenciales promesas de Jorge Vergara: "Estamos para clasificar y ser campeones".

Chivas dio el primer paso, y puede atribuirse sin duda en parte a ese cónclave con mezcla de aquelarre en la casa de Vergara.

Chivas dio el primer paso, como en el caso de los adictos: aceptó sus culpas, para después asumir sus responsabilidades.

Por eso, al decir que lo deseable es que no sea un holograma de fantasía la grata actuación de Ángel Reyna, el concepto abarca a todo el equipo.

Ese rendimiento no le garantiza al Rebaño ni guirnaldas ni laureles, pero si les garantiza que no habrá exequias, porque no habrá difunto.

Pero, están en esa frontera angosta de sobrevivir o recaer. La diferencia está entre elegir correctamente: persistir o claudicar.

El resto de sus rivales no son Leones Negros, pero tampoco les aguardan invencibles, menos en este torneo que viene a ser de los más irregulares y mediocres de los últimos años.

Para Chivas lo importante es, entonces que encontró respuestas y escapó a la autopsia.

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LOS ÁNGELES -- Fantasía. Inspiración. Favela. Magia. Descaro. Fascinación. Improvisación. Fútbol de gala de un Ronaldinho que vestía de novia a la pelota cada partido.

Incubadora de lo impensable, de lo inimaginable, Ronaldinho es el mago más vertiginoso del mundo. Y sin apadrinarse con tecnología o parafernalia, sólo con la complicidad de un balón, recreaba al cosmos azorado, pasmado, embobado y seducido del futbol.

Pisa México, ilusiona al americanismo, y elige al Querétaro, mientras el oleaje suave de la memoria rescata del destierro todos los videos, las anécdotas y las fechorías amables de este tahúr de la pelota, quien vivió su clímax con el Barcelona.

No es novedad: Ronaldinho juega al futbol. Pero, le dio a este deporte una pecaminosa y exquisita percepción distinta. Lo reconfiguró bajo la trilogía de la "I", esa que hoy parece tabú entre los genios: inspiración, instinto e ingenio.

Hoy, a excepción de Lionel Messi y Zlatan Ibrahimovich, los estetas del futbol han entregado piernas, voluntad y talentos a las urgencias esclavizantes de los técnicos. Los puntos y su dictadura han puesto bajo cautiverio al genio y al ingenio.

Acróbatas y saltimbanquis de la pelota se han visto obligados al prejuicio dirigencial de imponer la transpiración sobre la inspiración. Corren más y piensan menos. Son menos niños ilusionados y más amargados trogloditas.

Y en el fútbol, alterar el orden de estos factores, no sólo altera sino que degenera, prostituye y contamina de manera promiscua el producto.

Por eso, que uno de esos escasos locos recale en México, siempre implicará la garantía de que al menos el boleto que se pague será retribuido. Una sola de esas explosiones de Ronaldinho, de las que asomaban en el Atlético Mineiro, una sola de ellas, bastará para recrear y reembolsar el tiempo, dinero y esfuerzo de quienes acudan al estadio.

Queda claro que Ronaldinho ya no es el mismo. Pero, también, queda claro que Ronaldinho sigue siendo él mismo. La magia sigue intacta. El hechicero viejo sabe todavía mejores trucos que el hechicero nuevo.

De aquel dientón, desgarbado, tímido y simpático imberbe que a los 17 años asombró con Gremio, hoy a los 34 años, hay un futbolista menos dientón, menos desgarbado, menos tímido, más simpático y más sabio; de menos recorrido, menos impulsivo y explosivo, pero igual de letal, retozón y bullicioso con el balón.

¿Qué puede hacer Ronaldinho futbolísticamente por Querétaro? A un equipo de músculo, de resistencia, de consistencia, le va a agregar aseo con la pelota, un evidente peligro de gol como generador o realizador, aunque, insisto, ya no puede emular a aquel que hacía un promedio de medio gol por partido con el Barcelona, pero la maquinaria sigue carburando poderosamente.

Es evidente que deberá ponerse en forma y en ritmo. Es evidente que las facultades necesitarán de ejercitación, orden y disciplina. Es evidente que tendrá un séquito de jugadores que querrán ponerse a su servicio. Es evidente que saltará algún carroñero que pretenderá ganarse un poco de fama, de la mano del crimen.

Y además, lo menos importante para unos, pero trascendente para otros, es que evidentemente será un impacto tsunámico en la mercadotecnia del futbol mexicano.

Interesante que el futbol mexicano, además, se atreva a invadir terrenos que parecían privilegio de la MLS. Llevará para el próximo torneo a Kaká, Villa y quizás a Xavi, pero sabrá que el pez más exquisito escapó a su acuario: Ronaldinho.

Pero, sobre todo, qué mejor regalo para cualquier aficionado que un futbolista que aún es capaz de sorprenderse a sí mismo con su inspiración.

Qué mejor obsequito para cualquier balompié, que un futbolista que aún es capaz de maravillarse a sí mismo con sus pericias.

Vaya, que mejor ofrenda a una nación futbolera que un futbolista que aún es capaz de llorar por sus propios goles, como lo dice él, "porque son siempre un regalo de Dios".

Y qué mejor coincidencia: Querétaro, en sus orígenes, lleva a la palabra otomí "Maxei" o "Ndmaxei", que significa Juego de Pelota. Es decir, qué mejor que sumar a Ronaldinho, a uno de esos que son amos locos del juego y amos locos de la pelota.

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LOS ÁNGELES.-- La buena: ya hay un prediagnóstico psicológico en Chivas: ansiedad. La mala: que lejos de solucionarse, puede empeorar.

Además, los delanteros de Chivas han hecho un recorrido de 180 grados, en su perturbación: primero fallaban oportunidades de gol por exceso de confianza. Ahora fallan por falta de confianza en sí mismos.

Con una preocupación agregada: la mejor manera de combatir la ansiedad de manera inmediata, más allá de una larga terapia, es con medicamentos. El problema: todos esos fármacos encajan en la lista de productos prohibidos por FIFA.

Pero, la mejor poción, la pócima ideal para los delanteros de Chivas, por encima de la terapia individual y de elíxires prohibidos, la recibieron ya: en una especie de terapia grupal, el equipo entero se liberó a sí mismo de cadenas de culpas.

Esa respuesta de sanación colectiva, al quitarle presión de sentimientos de culpabilidad, de responsabilidad y fracaso en metas generales, reconcilió a unos jugadores con otros, y en general con el proyecto mismo.

Todas estas consideraciones se originan como conclusiones primarias tras los primeros encuentros entre los grupos de ayuda que tiene Jorge Vergara con estas Chivas que están en riesgo de descenso.

Puntualmente, los jugadores dejaron de sentirse culpables y de endosar culpas, para pasar a sentirse útiles, y dejaron de verse y sentirse como víctimas y simultáneamente como victimarios.

Tras la reunión cumbre en la casa de Jorge Vergara, entre el plantel, cuerpo técnico y especialistas, la conclusión fue alentadora, casi la certeza de que el equipo saldrá transformado ante Leones Negros el domingo, después de lavar cuidadosamente, y sin maltratar, la ropa sucia en casa.

Con conclusiones puntuales, especialmente en torno a la ansiedad, se cree que el futbolista de Chivas ha desarrollado una sobrecarga emocional por el miedo al fracaso, pero, especialmente, por miedo a fracasar fallándoles a los propios compañeros y al cuerpo técnico, hacia el que hay un respeto total de solidaridad.

Incluso, pudo interpretarse que por temor al desprecio por equivocarse, el futbolista llega a sufrir de menosprecio, principalmente centrándolo en sí mismo, por ello, al encontrar el respaldo colectivo terminó por ser un alivio para todos.

Y especialmente, ahora el enfoque de trabajo con los jugadores de Chivas es dimensionar la responsabilidad.

La presión del riesgo de descenso, ha creado una obsesión que hace sentir a los jugadores que no están a la altura del reto.

En medio de las tormentas mediáticas, inconscientemente los futbolistas han terminado por dudar de sus habilidades y aptitudes de rescatar al Guadalajara. Y por lo mismo, su actitud con personalidad ante el reto se ha debilitado, sin percibirlo el mismo jugador.

Por eso, queda claro, las soluciones no llegan de manera absoluta y definitiva, con una encerrona.

Sin embargo, al menos, tras la aparente liberación de esas condiciones traumáticas, de falta de confianza, ansiedad, menosprecio de habilidades, y sentimiento de daño y de poder defraudar a compañeros, institución, cuerpo técnico, afición y familias, se espera una mejor postura de los jugadores de Chivas ante los Leones Negros.

El resto de las conclusiones ya rayan en la obviedad: una victoria transformará la confianza del equipo, y un gol resarcirá la fe en sí mismos a Omar Bravo y Aldo de Nigris.

Y el otro punto de complejidad, es que a pesar de la experiencia de algunos de los jugadores, algunos de ellos con trayectoria respetable, el peso de su propia personalidad, no alcanza para ejercer liderazgo, además de que en Carlos Bustos ven toda la sabiduría táctica, pero no el poder de convocatoria, reflexión, mando y persuasión, que en la crisis actual se requiere.

Pero, se concluyó que lejos de aportar una solución drástica y dramática, cesar al entrenador si no hay el mejor resultado posible ante los Leones Negros este domingo, podría ser totalmente contraproducente.

Por lo pronto, la primera sesión, dejó esa sensación, que Chivas terminará su Vía Crucis ante los Leones Negros. Pero, claro, el equipo de la U de G, también tiene sus propias urgencias y una voz que levantar durante los 90 minutos.

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Alemania vs. ArgentinaTélam
LOS ÁNGELES.-- Un juego inútil. Intrascendente. Innecesario. De esos en los que parece que sólo ganan los mercenarios, esas rémoras voraces del futbol.

Alemania no deja de tener cuatro estrellas en el firmamento de su camiseta. Y Argentina no deja de ser Subcampeón del Mundo.

Pero, en medio de la futilidad e intrascendencia del amistoso, incluso de la victoria 4-2 sobre los monarcas mundiales, la Casa Blanca del Real Madrid fue apedreada cibernéticamente por sus propios religionarios.

Florentino Pérez apagó el celular y empezó a rezar Padres Nuestros y, para ser exacto, cuatro Ave (Di) Marías. Y la penitencia es pobre. La irá pagando en dos infiernos: en el Santiago Bernabéu y en el Old Trafford.

Porque lo que construya Ángel di María vestido de Diablo Rojo, será un recordatorio en el Santiago Bernabéu, cuando no encuentre un potencial suplente con la eficiencia todoterreno del argentino.

'El Fideo' despertó el apetito gourmet en el Manchester United, y empezó a provocar agruras en la amenaza de inanición que queda para los merengues.

Di María tuvo una jornada perfecta en el carnaval exuberante de Dusseldorf, puntualmente inútil, es cierto, pero esplendorosa. No cambia la amargura de la Final en el Maracaná, pero el anecdotario, esa biblioteca de fantasías, se enriquece.

Tres pases para gol, de altísima complejidad técnica, un gol, el cuarto, y un festín casi burlón, sardónico, cáustico, humillante sobre los alemanes, que si bien no cambio ninguna historia, fue una dedicatoria estruendosa para Florentino Pérez.

El presidente del Real Madrid había convertido en una delirante obsesión, deshacerse del jugador que fue clave en la Décima Orejona y que dejó, hasta antes de lesionarse con Bélgica, la constancia de ser el pilar argentino en el Mundial.

Cierto, el mundo de los hubiera es el limbo pantanoso donde el ajedrez de los impotentes y frustrados juegan sus partidas de consolación y confortación. Es decir, especulan en el desagüe de los resultados, pero, ese pero, si hubiera, si hubiera estado Di María pleno, entero, listo, en cancha en esa Final del 13 de julio...

Por lo pronto, el madridismo, el de la cancha y el de la tribuna, ponen cara de niños glotones ante la pastelería. Di María era suyo, y Florentino, no quiso retenerlo. Hoy es imposible, con lo que cobró por él, encontrarle un relevo tan perfecto como lo era 'El Fideo' en el menú de Ancelotti.

Será una larga penitencia para Florentino. Este miércoles debió rezar cuatro Ave (Di) Marías para que la exhibición del argentino sea un momento deslumbrante, fugaz, una candileja, una golondrina sin verano, que no mantenga ese magnífico nivel mostrado desde hace un año.

La gran diferencia es que en el Real Madrid nunca encontró las consideraciones de líder, mientras que en el MUFC llega con los honores a esa jerarquía cincelada en la cancha. Ha dejado de ser un peón al servicio del rey CR7. Hoy es caballero en una mesa redonda sin privilegios.

El menosprecio de Florentino, y él lo sabe, puede convertirse en desprecio del madridismo, si la nueva baraja que le entrega a Ancelotti, no le ayuda a consolidar un póker de ases.

Porque este martes, Di María fue el Ángel Vengador del desdén madridista, y fue el tardío, muy tardío, aunque no menos suculento, Ángel Vengador de lo que el Mesías, Leo, no pudo, no quiso y no supo hacer ante Alemania.

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LOS ÁNGELES-- Javier 'Chicharito' Hernández no levanta ni polvo con sus propios comentarios, acartonados, diplomáticos, sobrios, obvios, reiterados, mesurados, de casillero. Pero otros se encargan de hacerlo por él.

Tomás Boy lo estigmatiza: "Hace carrera de suplente en Europa". Sergio Ramos se va al otro extremo: "Es un jugador que marca época".

La llegada de Javier Hernández al Real Madrid montó una inocua e inofensiva Guerra Civil entre los mexicanos: los chivas defienden al último referente de un Rebaño esterilizado, mientras los antichivas lo reetiquetan con vituperios y escarnios.

Entre los mexicanos no hay mejor diversión que hacer leña del árbol caído, y si no está caído, pues hay que derribarlo. Y Chicharito hace tiempo que es un mustio arbusto, tras las trasgresiones sufridas en el Manchester United por Ferguson en sus últimos días como técnico, por David Moyes, y ahora por Van Gaal que ni siquiera sabía al principio su apellido.

Hoy se habla de accidente y de fortuna, e incluso de que Ancelotti no tuvo ni voz ni voto en el proceso de elección o al menos de selección.

Pero un argumento poderoso lo tienden al sol nuestros compañeros Víctor Macín y David Esquivel en ESPNDeportes: Javier Hernández fue el verdugo de los sueños del Chelsea de Carlo Ancelotti.

En el artículo, Macín y Esquivel puntualizan cómo Hernández devastó las ilusiones del entrenador italiano.

1.- Todo comenzó con la Community Shield. Chicharito hizo el segundo gol del Manchester United, y su primero con los Diablos Rojos. Un gol inolvidable: un autopase al rostro que remata él mismo con la boca.

Y fue su primer título y el primer arrebato a las promesas de títulos por parte de Ancelotti al Chelsea.

2.- Y esta relación sadomasoquista entre Chicharito y su nuevo técnico Ancelotti, se extendió a la Champions de 2011. En el Juego de Vuelta, de nuevo, Javier, le hace tragar hiel a Ancelotti, marcando el tanto que clasificaba al MUFC y elimina al Chelsea.

3.- Y apenas tres semanas después de ese segundo flagelo, el 8 de mayo, Hernández hizo lo necesario para ganarse el desprecio a Ancelotti, en quien por lo visto dejaba además algunos guiños de respeto.

En la recopilación, Macín y Esquivel, detallan como el tanto de Chicharito sentencia la Liga Premier y la coronación del Manchester United, y la consiguiente salida del técnico italiano por no cumplir las perspectivas estrictas del Chelsea.

4.- Y uno más. En la International Champions Cup, en Ann Arbor, ante 109,318 espectadores, Chicharito cierra el marcador por 3-1 ante el Real Madrid de Ancelotti, y de esa manera los Diablos Rojos pasan a la final del torneo veraniego en EEUU.

Pensar en que con semejantes antecedentes, Ancelotti no tuvo ni voz ni voto en la unción de CH14, parece ridículo.

¿Porqué lo llevaría Ancelotti?

¿Lo lleva como castigo? ¿Por respeto o por desprecio? ¿Como esperanza de que haga a otros lo que le hizo a él? ¿Cómo presión para poner fin a las visitas al limbo que hace Benzema?

Al final, queda claro, Javier Hernández no es ni un Titulado en el Doctorado de Suplencias en el Futbol Europeo, como lo estigmatiza difamatoriamente Tomás Boy, ni tampoco ha marcado época, como lo vanagloria Sergio Ramos, a no ser, claro, una época de calamidades que le provocó a Ancelotti.

Como sea, entre sus facultades, y ante defensas más ordinarias, menos poderosas atlética y físicamente que las de la Premier, con su poder de repentización y olfato de área, sostengo lo disparado (¿o disparatado?) en Raza Deportiva de ESPNDeportes: Javier hará en la temporada más de 20 goles, con los minutos que irá sumando en las cuatro competencias que aguardan al Real Madrid: Liga, Champions, Copa del Rey y Copa Mundial de Clubes.

"Los sadomasoquistas feos tienen su casa llena de espejos", escribió el humorista catalán Jaume Perich. La Casa Blanca del Madrid espera que este contubernio entre Chicharito y Ancelotti, encuentre su clímax de reencuentro en el marcador.

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