ChivasMexsport
LOS ÁNGELES -- Chivas pasó de la traición al suicidio en un solo acto. A Carlos Salcido le faltó juventud, reflejos y la sabiduría de los años para evitar el gol sin usar la mano: penalti y expulsión.

Y a partir de ahí, en un trámite taciturno, engorroso, desidioso, el Querétaro administró el tiempo para cimentar un 4-1 doloroso para Chivas, que aparece décimo quinto en la Tabla General y en la de Porcentaje, dos termómetros inequívocos de su crisis y decadencia.

4-1 y Ronaldinho, sin figurar en la cancha, fue figura en la red: cobró el penalti tirándole un embuste en la finta a Toño Rodríguez y después, con precisión de billarista, metió su golpe seco en un pase a Sanvezzo.

¿El resto de su presencia en cancha? Poco y nada del brasileño. Pero en tiempos de músculo y lucha sorda, el par de desplantes de talento le otorgaron orejas y rabo de estas chivas rasuradas de los cuernos.

Lo peligroso para Chivas llega de inmediato: Puebla resucitado y Cuauhtémoc Blanco rejuvenecido, por su segundo aire y porque contra Chivas, diría José Alfredo, saca juventud de su pasado.

Ante un Guadalajara sin el castigado Salcido ni el lesionado De Nigris, una eventual victoria del Puebla pondría de nuevo en la plancha de autopsias al Rebaño, cuyo entrenador recibirá, de acuerdo al código Jorge Vergara, un correo electrónico o un tuitazo de despido o el silencio total como respaldo.

Son inequívocos los contrastes: los Camoteros mejoran y Chivas sigue trastabillando, mientras que Leones Negros, con cambio de dueño y plantel en diciembre, puede tomar el segundo aire salvador.

Es necesario ser justos. Chivas jugó por momentos mejor con 10 que el Querétaro con 11 y cuando la forestal removió a De Nigris del camellón, el Guadalajara aún tuvo mejor funcionamiento y tuvo posibilidades de emparejar a uno, a dos el marcador.

El 4-1 es una radiografía inexacta de lo que pasó en la cancha, pero agravado el trámite por un error de Toño Rodríguez.

A fuerza de insistir, a Ronaldinho se le agradecen sus fantasías otoñales de Globetrotter de la Liga MX, pero sigue esclavizando a sus compañeros a competir con 10 a pesar de la dictatorial orden para que los balones encuentren al brasileño como generador y orquestador, y en general todos obedecen, menos Sanvezzo, quien le negó dos servicios cuando Dinho estaba de frente y perfilado para el disparo.

¿Culpa de Carlos Bustos? Sin duda en dos aspectos: esa terquedad de mantener a De Nigris y a Omar Bravo de inicio. Ya se comentó aquí, aunque lejos de pretender conocer mejor al equipo que el entrenador argentino, pero una combinación entre Arce, Reyna, Giovanni y Fierro, incluso agregando a Bravo, debe bastarle para generar y definir, no sólo para amagar con la pólvora mojada.

Las versiones insisten en que Chepo de la Torre saldrá del ostracismo en el que lleva un año, tras su paupérrimo paso por el Tri en el Hexagonal Final, y llegaría a Chivas, aunque seguramente el técnico se encontraría con jugadores a los que eventualmente sacrificó, manoseó, denostó y al final generó un conflicto al exhibirlos mientras dirigió a México.

Aunque podría ser que ante Puebla, el próximo domingo en el Omnilife, y ante Cuauhtémoc Blanco, Chivas esté realmente definiendo el futuro de su entrenador.

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LOS ÁNGELES -- Vuelve a ganar. Esta vez sin golear y sin gustar. Al América eso le consuela, pero no le basta. O al menos, no debería bastarle.

2-1 sobre Pachuca. Aunque sus delanteros no encuentran el gol en 360 minutos y los aficionados no encuentran ese escalofrío excitante para ir al Estadio.

Y América gana con el ceño fruncido. A pesar del golazo de Miguel Layún y del festival de renglones torcidos de sus delanteros en su intento por definir.

La sensación es más amarga cuando Pachuca decide apostar por matar o morir, y Mohamed demuestra que el apodo de Turco le queda grande como inspiración guerrera: reculó y eligió jugadores de marca al decidir despojarse de anhelos de victoria.

"La victoria por mi sangre y la derrota con mi sangre" es la arenga turca en la guerra. Pero, al Turco Mohamed, seguramente, tan solo leerla le debe meter miedo, escalofríos.

Este Turco que no reacciona como turco, reacciona con miedo grande y trata al América como equipo chico. Cuando llega el gol salvador de Miguel Layún eran momentos en que Pachuca metía estremecimientos al cuadro bajo de las Águilas, producto de haber entregado ambición y renunciado a la victoria digna.

Cierto, los números cobijan cualquier discurso del cuerpo técnico en El Nido. Líder general, mejor goleo, a cinco puntos de asegurar su pase a la Liguilla y, además, siempre se puede descolgar del tendedero de emergencia que las victorias son producto de un colectivo y que todos luchan sin importar quién anote.

Pero para un equipo que sumó seis refuerzos este año, con más de 25 millones de dólares gastados, 10 de ellos sólo en Oribe Peralta, la afición y la misma directiva seguramente esperaban más que un equipo que elige a veces el espíritu ratonero.

El 'Hermoso' Peralta sigue siendo un jugador que desquita cada centavo en la lucha, la guerra y el esfuerzo. Cierto, su contrato no lo dice específicamente, pero el sentido común sí, él está para hacer goles.

Pero se reitera así la falta de socios y no de ociosos al ataque. Oribe no tiene a un Carlos Darwin Quintero.

Y a cambio, Rubens Sambueza, inestable, encuentra siempre un muro que no puede romper y que lo separa de Oribe.

Y Michael Arroyo sigue jugando para el mejor club de la liga del egoísmo, el Michael Arroyo FC. Puja mucho, intenta más, muestra sus dotes, pero al final su aporte no se traduce en las urgencias de balones de gol del equipo y él mismo, por precipitación obsesiva de gloria, desperdicia varias en condiciones inmejorables.

Pachuca, por momentos, fue el mejor cómplice del América. Timorato, distraído, pobretón de espíritu en la primera mitad, se dedicó a evitar su muerte, más que a jugar futbol.

La segunda mitad, tras darse cuenta de que estaban en condición de encarar de poder a poder, los Tuzos fueron por más, superando incluso el autogol de Daniel Arreola, que llegó a hacer más ignominioso el nulo rendimiento del ataque americanista. Una traición salvaba a El Nido.

Después, cuando se demostró a sí mismo que podía, entonces, Pachuca supo y quiso, pero sólo Nahualpán pudo embocar una de las numerosas que tuvieron.

Y el subcampeón parece arrastrar el síndrome del campeón. Pachuca, como León, pierde los partidos por negligencia y los gana cuando entra con espíritu de arrepentimiento.

América pues, su afición, su directiva, gana con el ceño fruncido, en espera de que alguien le muestre a Mohamed un lema sabio y gallardo, como para que le llamen Turco dignamente: "La victoria por mi sangre y la derrota con mi sangre".

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LOS ÁNGELES -- Enemistados de por vida, los fraternaliza de manera odiosa la urgencia de victoria. Chivas y América comparten el escenario de resultados de emergencia.

Curioso: uno, Chivas, pareció desterrar la preocupación ante Leones Negros. Otro, América, comenzó con la desazón ante Leones Negros.

Ante la U de G, Chivas insinuó que despierta: 3-0 incuestionable, pero, sobre todo, una actitud distinta en la cancha.

Y ante la U de G, América prolongó una racha de 270 minutos sin gol y tres juegos sin victoria en la Liga, más allá del eufemismo rimbombante de ese 10-1 sobre el Bayamón en Puerto Rico.

Por eso la urgencia de victoria: Chivas pretende demostrar que puede salir de la crisis, y América pretende demostrar que no hay crisis, sino un bache de malos resultados.

En el caso de las Águilas, tampoco puede olvidarse los escenarios en los cuales vence 3-2 a un desahuciado Morelia, y después se vienen el empate sin gol ante Jaguares, pasando por la derrota ante los Pumas, hasta el empate sin goles con los Leones Negros. Es decir, han sido cuatro malas actuaciones en realidad, las que tienen en ascuas a El Nido.

El Guadalajara suma tres juegos sin recibir gol, aunque en poco memorables empates con Veracruz y Cruz Azul, pero mantiene el candor de su arco ante Leones Negros, al que le hace tres goles en el aplazado de la Jornada 3, mientras que el juego entre Rayados y Rojiblancos se deberá resolver hasta el 15 de noviembre.

Los desafíos inmediatos son exigentes. América enfrentará a su segundo equipo de la mitad de la tabla hacia arriba, el primero fue Tigres y lo venció a domicilio 0-2.

En el caso de Pachuca, Mohamed se encuentra a su primer maestro en sus pretensiones de ser entrenador: Enrique Meza.

Y el Turco sabe que con tres juegos sin victoria y sin goles, su liderato, que parecía holgado, se ha vuelto frágil, endeble. Una combinación de resultados podría recluirlo en la cuarta o quinta posición si cae ante Tuzos. Y entonces sí, el ambiente saludable se enrarecería en Coapa.

Por el contrario, una victoria, factible sin duda, colocaría a las Águilas a cuatro o cinco puntos de asegurar la Liguilla, cuando el torneo apenas asoma a la segunda mitad de su trámite.

Chivas tiene un panorama más exigente. Con nueve puntos, la tercera peor defensiva, recibe a Querétaro con la necesidad, especialmente, de sacudirse la persecución en la Tabla de Porcentaje.

Tendría una ventaja el Guadalajara: si Querétaro elige a un Ronaldinho fuera de forma, más allá de su gran talento, podría superar a los Gallos Blancos.

Pero si esta vez Nacho Ambriz desafía los fariseos intereses de sus patrones, puede plantar a un equipo de músculo y talento, que sigue en zona de clasificación.

Con Chivas sigue además un extrañamiento público. Jorge Vergara lo ha negado, pero entonces qué o quién obliga a Carlos Bustos a seguir forzando las apariciones de Omar Bravo y Aldo de Nigris, jugadores con prácticamente un lastre de siete y seis meses sin hacer un gol, cuando Carlos Fierro sublimó su poderío con dos goles a Leones Negros.

Curioso pues que ambos enemigos irreconciliables, Chivas y América, confronten la Fecha 9 con esa urgencia de ganar; uno, dicho está, para demostrar que sí está resucitando, y el otro para demostrar que no hay crisis, pese a que líder general y todo, no encuentra su mejor funcionamiento en las cuatro recientes jornadas de la Liga.

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LOS ÁNGELES -- La fiesta se tragó al festejado. Y a los huéspedes también. Un contubernio del destino. Ronaldinho pudo resucitar al Querétaro y terminó dándole el tiro de gracia.

Lo sofocó al querer darle respiración de boca a boca.

0-1, ganaba Tigres. Y vino la travesura de Danilinho. Penalti. Obsequio para su paisano. Obsequio de bienvenida. Venga y vista de héroe como con Brasil, con Barcelona, con tantos.

Y Ronaldinho eligió que su gol fuera más parte de la grandilocuencia que del resultado. Quiso sobrevivir al trámite simplón vistiéndolo de parafernalia. Quiso ponerlo atuendo de gala y lo convirtió en pordiosero.

La pelota terminó en la butaca donde la ignominia jala los cordones crueles del destino. Y todo terminó 0-1.

Sí: la fiesta se había tragado al festejado. Y a los invitados también. Sólo quedó a salvo la cena. El Día de Acción de Gracias de Ronaldinho, el guajolote se vistió de Tigre y se escapó vivo y festivo, cuando todos querían una porción de él.

Antes y después del Holocausto de su presentación en México con la Copa MX, Ronaldinho había hecho y haría poco. Cinco balones filtrados, dos de ellos telegramas de gol, y además algunas demostraciones de que su astucia está una milésima de segundo por encima del resto.

Y Ronaldinho pagó culpas ajenas. Fue la penitencia de pecados ajenos.

Voracidad y precipitación lo pusieron en la cancha. Lo querían ahí todos. Directivos, medios, aficionados. Hasta los adversarios mismos, unos Tigres que se decidieron a usurparle el protagonismo y la novia al maniquí de la noche.

Fuera de ritmo, lento, desconcertado, desidioso, el brasileño pecó de menosprecio o pecó de cómplice en el circo ajeno. Y si hubo tolerancia porque no peleaba pelotas, ahora, con el penalti desperdiciado, y la obsesión por buscar la epopeya individual en tiros libres, debieron agotar la paciencia a la que tiene derecho.

La culpa no es sólo suya. ¿Hasta dónde empeñó Nacho Ambriz el resultado? ¿Hasta dónde empeñó el futuro en la Copa? ¿Hasta dónde cargó con la soberbia de los dueños de querer regodearse pública, impúdica y socialmente precipitando al jugador, y encima sostenerlo 90 minutos?

Y encima elige al peor adversario, porque es el mejor con la pichicatería en la cancha: los Tigres del Tuca. Tras el gol de Hérculez Gómez, quien lo ladró efusivamente, se vinieron 80 minutos ladera arriba para los Gallos Blancos.

Pero hubo algo peculiar. ¿Qué demonios hacía Roanldinho metiéndose a esperar el balón a la zona más congestionada de la cancha, como lo era el lindero del área rival?

Donde se obsesionaba Ronaldinho en colocarse, sólo había otro jugador capaz de entregarle el balón ahí, en medio de esa boscosa zona de la trinchera de Tigres. Y ese otro jugador era otro Ronaldinho que evidentemente no existe.

Nacho Ambriz lo sabía. Y eligió. O aceptó que eligieran por él. Si en el segundo tiempo suelta en la cancha a su equipo original, habría sacado no sólo el empate, sino la victoria. Sin duda.

Pero el dictamen dictaba una dictadura: los balones debían terminar en Ronaldinho, y debía jugar todo el encuentro. Querétaro echó la casa por la ventana. Pero el carnaval previsto, pagado por anticipado, terminó en funeral.

Insisto: la fiesta se tragó al festejado, y la cena se fugó del horno con los puntos, la novia y el protagonismo.

¿Después de la exigencia, mínima cierto, de los 90 minutos, podrá y deberá Dinho jugar ante Chivas en el Omnilife?

La lección es implacable: Querétaro deberá aprender a jugar con diez, mientras Ronaldinho esté fuera de forma, aunque, si alcanza su mejor nivel, llegarían, posiblemente, momentos en lo que el Querétaro disfrutaría de jugar con 12.

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Herculez GomezMexsport
LOS ÁNGELES -- Hérculez Gómez usa el término "perros" para clasificar o definir a algunos reporteros.

Ya alguna vez Ricardo La Volpe, como técnico de la selección mexicana, llamó "burros" a los medios acreditados a seguir al Tri.

Y alguna vez, mientras se preparaba para una conferencia de prensa con Monterrey, Jonathan Orozco explicó en su cuenta de Twitter, que esperaba terminar pronto de atender "a estos imbéciles", refiriéndose a los reporteros de la fuente.

Ángel David Comizzo, en su militancia con el León, nos relata el colega Paco Vela, le pegó una corretiza a un reportero en la mismísima redacción de un diario leonés.

Primero, una aclaración. Este oficio es un privilegio. Tan lo es, que los deslices o dislates de los mencionados, no dejan huella, porque sus voces o sus actos, son reflejo de su propia impotencia o de la amargura de un momento complicado en su labor, que además es un trabajo que se lleva a cabo en una casa de cristal y con vidrios de aumento.

Llama la atención el caso reciente de Hérculez Gómez, un personaje que a través de poco, cierto, muy poco, contacto directo a través de Twitter, siempre se observó cortesía y, puede agregarse tolerancia.

Y mientras el Hércules original, el mitológico, desarrolló su tarea más peligrosa de las 12, ante Cerbero, el perro de tres cabezas de Hades, al Hérculez mexicano, queda claro, lo sometió el perro de tres cabezas de sus propias circunstancias: en Tigres le han robado el balón y la cancha, aunque él ha perdido el gol.

"Le estás dando de comer a los perros. A éste, guau, guau& y a éste& y a éste", dijo el delantero a una seguidora, mientras señalaba a los reporteros puntualmente.

En su momento, Hérculez demostró tener el argumento más exquisito del delantero, desde aquel Puebla, en el que el efecto del técnico 'Chelís' Sánchez Solá, le sacó su mejor versión, pero tras esas jornadas gratas con Santos, hasta su aterrizaje a un Xolos en transición, y su llegada al feudo de Tuca, terminaron por hundirlo.

En Tijuana fue reclutado a sólo 21 partidos en dos temporadas y no marcó, mientras con Tigres suma 52 minutos en aventureras y aventuradas asignaciones como suplente.

Cierto: su crisis en cancha, debe resolverla en cancha. Por lo tanto, buscar una catarsis furtiva persiguiendo señuelos externos, como los medios informativos, revela sin duda la insuficiencia o fragilidad de sus esfuerzos.

En lo personal, llama la atención el exabrupto. Hérculez ha demostrado ser un tipo de poderoso temperamento. Los goleadores lo son. Y lo saben, indudablemente: si un goleador pierde la red no es culpa del mundo entero, sino sólo de él, aunque en Tigres, con Ferretti, las hormonas volátiles del Tuca deciden antes que sus inestables neuronas.

En otros casos, como el de La Volpe, es reflejo de su inestabilidad. Bañó a fotógrafos en pleno Mundial, recriminó a reporteros, y durante la Copa América de Perú los llamó "burros e ignorantes", cuando además ya había testamentado que "un carnicero o un taxista de Buenos Aires sabe más de futbol que la afición mexicana".

Aunque después se disculpó por la "burrada", aceptó La Volpe que el término le encajaba perfectamente a él mismo, porque reconoció que trabajaba como "burro", es decir de manera agotadora y exhaustiva con sus equipos, aunque ya tiene ocho años de fracasos acumulados, consistentes. Es decir, sus rendimientos con clubes, desde 2006, sólo merecen calificaciones reprobatorias y orejas de burro.

¿Jonathan Orozco? Bueno, él mejor que nadie sabe por qué ha quedado reiteradamente fuera de selecciones nacionales. No es inteligencia lo que le ha sobrado para saber manejarse en concentraciones del Tri.

La relación entre futbolistas y medios en México, en general, se mantiene dentro de lineamientos naturales. La amistad pretenciosa y pretendida existe, mientras una de las dos partes no necesita algo de la otra. Y cuando una de las dos partes pide y la otra cede, las dos pecan de contubernio.

Y la historia lo demuestra: el que se enoja e injuria, normalmente, pierde.

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LOS ÁNGELES -- Caos vial en Querétaro. Y un tipo, de vinculación panista, monta en cólera.

Iracundo, porque perderá horas-holgazanería-ocio-odio, Carlos Treviño llama "Simio" a Ronaldinho. Lo culpa de su demora.

Un caos vial que no genera, en realidad, el jugador, sino la ancestral ecuación corrupción-negligencia-incapacidad, que conjuga, con inmaculada eficiencia el inoperante gobierno al que él mismo perteneció y al partido político (PAN) al que hasta este lunes se le vinculaba.

Con un historial en redes sociales de marcada discriminación, racismo, odio y desprecio por sus semejantes a los que considera, obviamente, menos suyos y menos semejantes, Carlos Treviño desata una tormenta en la que termina ahogándose. Como en las arenas movedizas, muere atragantado de ellas, y como en el embrutecimiento alcoholizado de su odio, muere atragantado por la fobia que vomita.

Y Ronaldinho, sin manifestarse, tal vez sin enterarse siquiera, termina victorioso -aparentemente-, paseado en hombros por la marea de las redes sociales.

Ronaldinho ha quedado protegido. Momentáneamente. Porque, pregunto ¿alguien garantiza que cuando vaya a jugar a alguna de las junglas de la Liga MX donde los inadaptados gozan de impunidad e inmunidad, no se escuchen manifestaciones racistas?

¿Alguien, por ejemplo, mete las manos al fuego por los tipos de comportamiento -ojo, comportamiento- simiescamente salvaje, en tribunas como la de CU, y cuando se han perpetrado en Torreón, en el Azteca, en Pachuca, etcétera?

Fundamentemos algo: no todos los actos discriminatorios son racistas, pero, sin duda, todos los actos racistas son discriminatorios. Y consignemos que, por igual, racismo y discriminación, son actos incubados con mezquindad y ruindad.

E incluso en la sociedad se reacciona de manera equivocada: no es solidarizándose contra la víctima, sino solidarizándose contra el verdugo, como se exterminan este tipo de hechos.

Se resucita el término #TodosSomosSimios para cerrar filas con Ronaldinho, tal y como se hizo con Alves, hace meses, cuando de la tribuna voló una banana.

Insisto, la intención es buena, pero el mensaje es contrario. Ni Ronaldinho ni ninguna víctima de estos deleznables ataques necesita de solidaridad compasiva.

La solución no está en fusionarse vestidos de víctimas para defender a la víctima. La solución está en aliarse, en hacer una coalición contra el que hiere y no lamiendo las heridas de la víctima. A quien hay que cambiar. Castigar o erradicar no es a la víctima sino al alevoso e impune victimario.

Y cabe un acto de conciencia dentro de México. ¿Y los insultos contra Baloy, Burbano, Arizala, Carlos Darwin, Ayoví, Valencia, etc., en los estadios de México? O en sus casos hay tolerancia porque no son famosos o porque sus éxitos no tienen la inmortalidad de los de Ronaldinho.

Recordemos que en algunos se han visto envuelto hasta futbolistas como Pikolín y Verón, de Pumas, quienes hasta argumentaron "que las cosas que se dicen dentro de la cancha no deben salir de ella", sugiriendo que el afectado no tiene derecho a defensa, denuncia, sólo por los códigos torcidos de un campo de futbol.

Y esto lo podemos sacar de la cancha y de la tribuna. ¿Cómo es el trato a los centroamericanos que necesitan llegar a EEUU a través de México?

¿Cuál es el trato a los indígenas mexicanos que urgidos por el hambre llegan a las ciudades y se exponen a todo tipo de maltrato y violencia? ¿Y la repulsa del que va en el auto, contra el desfile en las esquinas de gente que busca el pan con el sudor de su frente, de su dignidad y de su orgullo ante el desprecio?

A alguien, cercano, torpemente, se le ocurrió decir que en nuestros comportamientos "todos somos simios".

No, lo grave, en el fondo, sería que todos fuéramos Treviños.

Por eso, insisto, ese tópico de #TodosSomosSimios prohija, estimula y fomenta los Treviños, y en nada ayuda a las víctimas.

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Cruz AzulAl paso que va, Cruz Azul no aspira a entrar a la liguilla del Apertura 2014
LOS ÁNGELES -- Debacle. Patética y bochornosa. En tan sólo seis meses. La Máquina de Cruz Azul es hoy una caricatura de su vigorosa edición de hace seis meses.

En la Fecha 8 del Clausura 2014, Cruz Azul se robaba el torneo de manera inclemente: 17 goles, 3 recibidos, invicto, líder. Mostraba cabalgata de campeón. Al final, el desahuciado, clasificado de carambola, el León, lo bajó del trono en la Liguilla.

Este Apertura 2014, La Máquina se hunde: ocho partidos, seis goles a favor, ocho recibidos, nueve puntos, pero, lo más grave, sin pistas, sin insinuaciones, sin asomos de mejoría.

Se proclamó que tras la derrota ante Chorrillo en Panamá, el equipo había celebrado una encerrona. Ahí, contritos, avergonzados, víctimas de su propia humillación prometieron un acto valeroso y ejemplar de resurrección.

La victoria sobre Querétaro pareció respaldar que ese juramento íntimo y colectivo tendría su fruto.

Pero, Cruz Azul se quedó sin palabra de honor. Empata con Chivas sin goles y después de reposo por Fecha FIFA, con tiempo de reacomodo, reordenarse y reencontrarse, al final, el Toluca les humilla en casa.

Lo penoso son los puntos clave de la hecatombe: sus presuntos pilares se derrumban. Chaco Giménez hizo actos de escapismo en el partido, al igual que su paisano Formica, mientras Joao Rojas se enemista con su entorno para justificar sus lamentables errores.

Y a eso se suma el desplome moral, futbolístico de uno de sus poderosos voceros de la redignificación del equipo.

Sí, porque José de Jesús Corona hace una representación de manos torpes, reacciones torpes y seguramente la gravísima lesión en el pescuezo que lo alejó de los amistosos del Tri, debió lastimarle una larga ramificación neurálgica: la pelota estuvo en sus manos y la deja pasar a su arco, en un remate sin fuerza, lejano, de cabeza, de Da Silva.

Y cuando los aparentes y enaltecidos pilares del grupo perpetran semejantes errores, quiere decir que se desvanecen las esperanzas de un verdadero liderazgo múltiple hacia la redención.

El Cementerio de los Cementeros está siendo inaugurado en este torneo. Cruz Azul se muere de todos los males posibles, incluyendo el infortunio.

Toluca, se sabe, no es nada nuevo en la conformación táctica de Cardozo, es frágil en zona defensiva. No le importa ser herido, mientras hiera más gravemente al adversario. Juega a matar o morir. Juega a matar y morir.

Eso permitió que en el arranque del juego Marco Fabián y Joao Rojas se plantaran en condiciones inmejorables de gol. Suficientes en número y suficientemente claras. Ambos fallaron. El primero se reía cuando se equivocaba. El segundo culpaba a compañeros, árbitro, adversario, clima y cancha para desviar y desahogar su única realidad: está jugando con más rencor que hambre.

Por eso, lo más grave, es que en el fondo de esa nueva Caja de Pandora que destapa Cruz Azul, no se vislumbra, como sí ocurría con la mítica caja, alguna esperanza.

Y en el caso de Cruz Azul, queda claro, llegar a 17 años sin título, como parece inminente que ocurra, no lleva a ningún carnaval, sino a un luto rigurosamente adictivo y prolongado.

Nuevamente, a mitad del torneo, se sabe, se visualiza el Cementerio de los Cementeros.

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LOS ÁNGELES -- Mientras el madridismo lanza sollozantes suspiros a La Premier (Di María) y a La Bundesliga (Alonso), el Atlético gana bajo una cuestión de higiene competitiva: Real Madrid juega a no ensuciarse ante Los Hunos del Atila Simeone, quienes juegan a ensuciar los 90 minutos, para limpiarse al final con las guirnaldas de la victoria.

El fin, dicho está, justifica los miedos de uno y los medios del otro. Real Madrid 1-2 Atlético de Madrid.

Madrid lamenta el suicidio corporativo de comprar mal y vender peor en la Bolsa de Valores porque depende de los impulsos individuales.

Y Atlético persevera en el saludable hábito de agregar piezas a la maquinaria: vende a sus obreros y contrata más obreros. Y si la producción se mantiene, la productividad se incrementa.

Un vestuario se oxida con el olor perfumado de lujo y el otro apesta agriamente a linimento y sudor. Y en la cancha, persevera el jornalero con pies de artesano, por encima de otro que no encuentra cómo ser equipo, a pesar del afán de asociar a genios.

Y sin émulos en el rival, sin guerreros anárquicos, rebeldes incluso al dogma del madridismo, como Di María y Alonso, el Atlético se sorprendió del excesivo respeto que por momentos presentó a los merengues. 2-1. Y los Colchoneros estuvieron más cerca de la befa de un tercero, que de ser alcanzados.

En una región casi esotérica en el ejercicio del futbol, como México, la atención se centraba en disfrutar de la coincidencia histórica de dos emisarios de su raza insatisfecha de, con y por el balompié, con Raúl Jiménez como titular del Atlético de Madrid y por el Real Madrid, el Chicharito, a quien oficialmente el equipo ya le rompió el acta de nacimiento y de identidad como Javier Hernández, al registrarlo con su seudónimo en la nómina arbitral.

Mejor lo de Jiménez que lo de Hernández. Ojo: centrarse en ver al ex americanista por su aporte en el área implicaría una miopía contemplativa.

Jiménez apareció tres veces en el área, lejos de la marca de Ramos y Pepe, propiciado todo por el recorrido que le pide Simeone. Provocó faltas, robó balones y funcionó como segundo marcador en alternativa. Fue útil en los momentos en que el Cholo consideraba más urgente controlar y desgastar antes del asalto final, ese abordaje clave anticipándose a Ancelotti.

Hernández murió de inanición. Aunque, es cierto, en el Manchester United llegó a morir a veces de gula y ansiedad.

Este sábado le escasearon balones al Chicharitos porque tras el 1-1, el partido se volvió un nudo que ningún equipo se atrevía a desenredar, hasta que Simeone hizo los cambios, uno de ellos Jiménez, pero no por inoperante sino porque en el reajuste ordenó una sociedad totalmente nueva y fresca. Por eso, el tercer gol merodeó, pero no llegó.

Al final, ni coincidieron en la cancha, más que en el pasillo de entrada y salida de los cambios, pero Jiménez fue utilitario y Chicharito no alcanzó a ser útil.

Pero, al final, el Derby Mexicano en Madrid fue una fantasiosa justificación para que las turbas americanistas y chivas, estiraran el pescuezo a un vecindario que, generalmente --no todos--, miran de reojo.

Recordemos un principio fundamental del Atlético y de Simeone: nunca llevan prisa. Nunca. Ni para golear cuando ganan, ni para ganar cuando empatan, y ni para empatar cuando pierden.

Para los Merengues perder en su Santuario tiene un costo elevado. No sólo la humillación de la otra mitad de Madrid, sino la carrera en la cosecha de puntos.

La Liga, ya se sabe, la definen en las victorias prescritas contra los chambelanes eventuales de cada semana y es ahí, sobre los cadáveres de los abundantes lacayos del torneo, donde Madrid, Atlético y Barcelona irán definiendo y defendiendo sus aspiraciones de ganar la Liga.

¿Y James? La presión lo asfixia. Su brillante Mundial fue producto de una libertad absoluta en la cancha. Este sábado sólo faltó que en el abuso de acomodos de Ancelotti, lo colocara detrás de Modric o como eje de ataque porque el vaivén de cambios y urgencias llevó al colombiano a estorbarse con Isco, con Kroos, a cruzar caminos con CR7, y lo más grave, a la desesperación de precipitar disparos, todos con la desgraciada puntería de aterrizar en la tribuna.

Las aguas volverán a su cauce en la Liga. El Madrid seguirá como bravucón victorioso --aunque a veces sufrido--, pero desfalleciéndose de nostalgia y fe por las ventas demenciales de su presidente Florentino Pérez.

¿En el Atlético? Ni sobra el que se queda, ni hace falta el que ya se ha ido.

En la Tribu del Atila Simeone, donde hay Hunos, no se extrañan ni los unos ni los otros.

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LOS ÁNGELES.-- Sostiene Guillermo del Toro en Pacific Rim que las matemáticas "son lo más cercano a la escritura de Dios".

Más allá de lo debatible y fascinante de la frase, tan propia del cineasta mexicano, los números de la selección mexicana en la Fecha FIFA de septiembre, rebasan los resultados y los marcadores mismos.

El Departamento de Estadísticas de ESPN, lejos de la divinidad y cerca de la tecnología, concluye aritméticamente detalles valiosos, pero insustanciales, para el Tri.

De entrada, debemos sostener que el 0-0 con Chile dibuja mejores horizontes que la pachanga ante Bolivia pese al 1-0. Cierto: al final, son amistosos, con los verdaderos desafíos a casi nueve meses de llevarse a cabo.

Con sus colosos mundialistas y europeos, Chile dividió oportunidades y control del juego ante México, que con un cuadro diferente totalmente, se vio superior a Bolivia.

Las estadísticas son más alentadoras que los marcadores, conforme la recopilación realizada.

Sumando ambos juegos, México generó 21 oportunidades de gol por 12 de sus rivales, ocho de ellas por Chile y cuatro por Bolivia.

El Tri hizo 32 remates, por 17 entre ambas escuadras sudamericanas. Sin embargo, al final, las mismas matemáticas inquietan: 21 oportunidades y 32 remates, y sólo consiguió un gol en 180 minutos gracias a Miguel Layún.

Mucha amenaza y poco daño. O en términos coloquiales, este canino del Tri, ladra mucho, pero no muerde.

Incluso, de los 18 disparos sobre Bolivia, sólo un 22 por ciento, es decir, cuatro, fueron directo al arco. En esa capacidad de remates e incapacidad productiva desfilaron el 'Cubo' Torres, 'Chuletita' Orozco y Oribe Peralta, el primero, un goleador probado en la MLS, y el tercero, un romperredes trascendental en Santos y México, porque el América lo sigue esperando.

Sobre el 'Cubo' Torres, de acuerdo a la compilación de ESPN, fue el más participativo con 29 toques de balón en zona de ataque, aunque sólo seis, los mismos que Javier Aquino, en el área rival. Pero, de goles, en ambos casos, ni hablar.

En el acumulado, el equipo del 'Piojo' Herrera sumó 149.5 toques de balón en posición ofensiva, por 108.5 entre Bolivia y Chile. Fascinante la superioridad, pero, al final, la cifra queda expuesta al ridículo si sólo se consigue un gol y con remate de Miguel Layún.

Prueba de la insuficiencia del dominio mexicano ante Bolivia son otras cifras: tuvo 231 toques de pelota más que los sudamericanos, 645 por 414, pero al final, en una jugada fortuita, estuvo muy cerca de anotar el gol del empate en la agonía del juego.

Queda claro que a pesar de un segundo tiempo de holgazanería irresponsable, México terminó siendo superior a Bolivia, y sin una escuadra del renombre en nómina como la chilena, ejerció momentos de superioridad en ambos juegos.

Y al final estas cifras hacen aún más patética y dramática la urgencia de gol del Tri.

El dominio utilitario en la cancha ciertamente reduce riesgos y debería incrementar las posibilidades de vulnerar al adversario, pero de poco sirve al náufrago morir ahogado en la playa, como fue recurrente, especialmente por parte de 'Chuletita' Orozco.

Así, esta aritmética reveladora, confirma que si los números son lo más cercano a la escritura de Dios, en el caso del Tri, están más cerca de ser garabatos del Diablo.

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LOS ÁNGELES -- Un round de sombra. Aunque en realidad Bolivia fue tal penumbra que ni sombra proyectó.

México ganó 1-0. Tuvo opciones de gol para imponerse por diez. Igual, de poco habría servido. De hecho, un marcador escandaloso habría sido reconfortante para los aficionados, pero perturbador para la seriedad de la revisión final.

El Tri asumió responsabilidad los primeros 45 minutos y apenas en espasmos del complemento. Con el marcador a favor, y con el rival superado, decidió despatarrarse sobre la hamaca y sobrellevar el reloj.

Pero, la preocupación fundamental sigue: los goleadores nominales no hacen goles. No por falta de oportunidades, sino por falta de capacidad para transformarlas en la red.

Miguel Herrera ensayó con el Cubo Torres, Chuletita Orozco y al final con Oribe Peralta. Los dos primeros generaron al ataque, pero más allá de ser piezas del proceso ofensivo, están ahí para hinchar el marcador, y ayer sólo desinflamaron las expectativas de gol del equipo.

Los supuestos hombre-gol no están sólo para jugar bien, sino para sentenciar partidos.

Cubo, Chuletita y El Hermoso deben dictar veredictos en el marcador, y no sólo en colaborar ofensivamente.

Bajo el esquema de Miguel Herrera, al Tri le sobran ingenieros, pero no encuentra al arquitecto que embellezca en la pizarra los esfuerzos del grupo.

El tanto lo hace Miguel Layún, quien tuvo una jornada festiva. El lado izquierdo de México no era una avenida, sino una pista de Fórmula Uno, con libertades increíbles para llegar a fondo y centrar.

Pero, el ataque del Tri se encargó, con la deficiencia de sus disparos, en construirle un innecesario y frágil monumento al arquero de Bolivia. Pero al final fue un monumento más a su impotencia y pueril intento por definir en gol, que por la magnitud floreciente del arquero.

Por lo demás, México pasó de la ebullición al hartazgo. Se cansó de ser el gato que jugaba con un ratón huidizo. Y en ese hastío de juguetear, llevó su propia penitencia.

Para el segundo tiempo, con el desdén evidente, con el afán de liberar el trámite del reloj, el Tri redujo la intención y la intensidad de sus esfuerzos.

Y eso seguramente generará, primero la comprensión de El Piojo, y enseguida el reproche del mismo entrenador, que lo ha demostrado entre sus exigencias, no basta con tener mal herido al adversario, sino que hay cebarse sobre él.

Válidamente, El Piojo sabe que en el futbol, amistoso u oficial, cuando se puede, como ante Bolivia, se debe hacer leña del árbol caído, y sus jugadores con esa parsimonia y actitud pusilánime, era evidente que renunciaban al cometido.

Difícil pues calificar al Tri. Por el primer tiempo se llevaría calificaciones aprobatorias. Por el segundo tiempo se llevaría calificaciones reprobatorias.

¿Estará el gol de México avecindado en España con Javier Hernández y Raúl Jiménez, o en el limbo de su inactividad con Alan Pulido?

Ha llegado el momento de saberlo. Oribe Peralta sigue trastabillando, mientras que el deslumbrante mexicano en la MLS, ayer, el Cubo, al margen de que dio un grato partido en general, no pudo, aunque oportunidades hubo, marcar el gol que necesitaba.

¿Chuletita? Ya se sabe. Lo lleva de cuna. Llega al área con el Pecho Frío de su ADN cruzazulino.

Al final, el más venturoso saldo del Tri fue el empate ante Chile y el primer tiempo ante Bolivia, insistiendo, por supuesto, en que la segunda mitad le dejó una lista de jaquecas, poco alarmantes, pero migrañas, al técnico Miguel Herrera.

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LOS ÁNGELES.-- Se materializarán más de cuatro siglos con atuendo de futbolista este viernes en el Estadio La Corregidora.

La cita será esperando que los cerros reverdezcan. Y el morbo, la ansiedad de filigrana y espectáculo elegirán a dos de los más venerados y venerables ancianos de ambas legiones.

En otros tiempos, en sus mejores tiempos, la presentación de la contienda sería fascinante. Un mano a mano de época. Ayúdeme. Sea mi cómplice. Alíese con mi imaginación. Tome el control del PlayStation de su memoria.

Elucubre, recree, fantasee conmigo. El 'Zinedine mexicano', diría Manuel Lapuente. Y el sucesor de Pelé, diría la prensa brasileña en su momento.

¿Extasiante esa cartelera? Sin duda. Claro, la madrastra gruñona que es la realidad riñe un poco con esa ficción, con esa entelequia.

En La Corregidora, Cuauhtémoc Blanco pujando hacia los 42 años, jugando con Puebla. Y Ronaldinho, pujando hacia los 35, en el Querétaro.

Y cierto, a su lado, de su lado, aparecen incluso algunos jugadores de venerable respeto por su esforzada, sufrida, agobiada longevidad: Sinha (38 años), Sergio Santana (35), Ricardo Osorio (34), Óscar Rojas (33), Juan Carlos Cacho (33).

Pero, de quienes se espera el repertorio que encandile, que seduzca, es ciertamente de Cuauhtémoc y Ronaldinho, sin dejar de lado el eventual estertor de calidad de Sinha, pero, es evidente, sin acercarse en picardía, improvisación y descaro de los fastuosos mencionados.

Los abuelos sacan a pasear sus mejores artes y sus mejores artimañas.

Queda claro, en el habitualmente oscuro, en penumbras, este futbol mexicano, no hay jugadores que garanticen la capacidad y el oficio para reinventar, para rescatar, para desempolvar los malabarismos prohibidos en un tiempo en el que músculo domina y predomina sobre estos insolentes que hacen del desparpajo y del cinismo, una floritura al servicio del futbol en complicidad con el balón.

Cierto, hay abismos entre ambos: Ronaldinho ha ganado todo. Absolutamente todo. Y sus aventuras en la cancha regodean las páginas de oro de las videotecas, con la firma de un Lionel Messi que lo cita como fuente máxima de inspiración, hasta el carnaval, o los tres carnavales, que entregó en su ocaso al Atlético Mineiro.

¿Cuauhtémoc? Los anales de Francia 98 siguen conservando su gol a Bélgica como el más espectacular del Mundial; y la Cuauteminha prevalece como el descaro arrabalero del jugador, aunque su palmarés apenas una página, mientras que al brasileño se le editan enciclopedias.

Su mejor antecedente es la Final de la Copa Confederaciones de 1999. México se impone en el Estadio Azteca y ambos, genios entonces, candidatos a reliquias hoy, se disputaron el liderato de goleo. Al final igualan con seis cada uno, con Cuauhtémoc como artesano de esa epopeya del Tri con un desenlace de 4-3. Cierto, entonces Blanco tenía 26 años y Dinho llegaba con 19.

Por lo pronto, este viernes, se encaran nuevamente. Los organizadores de este circo fascinante se frotan las manos. Lleno absoluto y millones de ojos ansiosos y expectantes.

Podría darse el frente a frente en los primeros minutos, o podría ingresar Dinho hasta los últimos minutos, cuando los adversarios hayan vaciado piernas y pulmones, y su marca sea menos demandante.

Y claro, hay otro perfil de revisión: ¿el futbol mexicano requiere de estos genios en su fase de vestigio o anacronismo para vivir su mejor presente?

Debe ser maravilloso para ambos, Cuau y Dinho. Pero debe ser casi ignominioso para los futbolistas mexicanos y extranjeros que en plena juventud se atreven a verse y a sentirse estrellas ante la hipocresía del espejo de su vanidad, pero no pueden amarrarle los zapatos a ninguno de ellos.

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