Sabermétricos vs tradicionalistas al estilo Hollywood

13:49 ET
Actualizado el
por Jorge Morejón
MoneyballIlustración ESPN.comLos Atléticos del 2002 impusieron un récord de 20 victorias consecutivas en la Liga Americana.
La guerra entre tradicionalistas y sabermétricos salió de los terrenos de béisbol y llegó a Hollywood.

La industria del séptimo arte da cuenta de esta batalla entre diferentes filosofías de encarar el pasatiempo nacional estadounidense y en un lapso de un año le ha dedicado dos cintas que tocan el tema.

La primera de ella fue Moneyball, protagonizada por Brad Pitt en el papel de Billy Bean, gerente general de los Atléticos de Oakland.

La película, estrenada en el 2011, llegó incluso a competir por el premio Oscar, aunque al igual que los Atléticos, se quedó corta en el intento.

La respuesta de los tradicionalistas llegó en el 2012 con Trouble with the Curve, con Clint Eastwood como un veterano cazatalentos para la organización de los Bravos de Atlanta.

Mientras Moneyball se basa en hechos reales (por cierto, distorsionados), Trouble with the curve es absolutamente de ficción, con situaciones que rayan con lo absurdo y una construcción de personajes que rompen el esquema del drama y se convierten en caricaturescos.

Ambas cintas exponen sus realidades a conveniencia del guionista, enfocados en el discurso que quieren transmitir, aunque en ello omitan otras aristas.

En Moneyball, Brad Beane o Billy Pitt da la impresión de ser un genio capaz de reinventar el béisbol al contratar peloteros acabados, como Scott Hatteberg, que se convierten en jugadores productivos como por arte de magia para armar un equipo competitivo.

Y todo basado en el criterio de Peter Brand (Jonah Hill), un estudioso de las estadísticas, graduado de la Universidad de Yale, pero que si alguna vez jugó béisbol habrá sido en Nintendo y Playstation.

Por cierto que Brand es el único personaje no real de la cinta, inspirado en Paul DePodesta, actual vicepresidente de los Mets de Nueva York.

Pero ni Beane, ni Brand-DePodesta son genios capaces de armar un equipo de la nada. Si acaso forman una guerrilla batalladora que, como dice la propia película, nunca llega a ganar el último juego.

Lo que esconde la película es que los Atléticos del 2002, que impusieron un récord de 20 victorias consecutivas en la Liga Americana, tenían una generación de peloteros que venían en ascenso, como el dominicano Miguel Tejada, que resultó el Jugador Más Valioso de la temporada.

Tejada conformaba, junto al antesalista Eric Chávez y el jardinero Jermaine Dye, un trío de toleteros peligroso, que produjo más de 300 carreras en la campaña, para apoyar a uno de los mejores cuerpos de serpentineros del momento.

Barry Zito ganó el premio Cy Young del 2002. Zito logró 23 victorias, en tanto Mark Mulder consiguió 19 y Tim Hudson 15.

A eso súmenle que el derecho Billy Koch era uno de los mejores cerradores de las Grandes Ligas en aquel momento y salvó 44 juegos, además de aportar 11 victorias.

Pero nada de eso muestra la cinta, que incluso presenta cierto conflicto entre Bean y el manager Art Howe, quienes defendían para cerrador a Chad Bradford y Mike Magnante, respectivamente, como si Koch no hubiera existido en ningún momento.

Por su parte, Trouble with the Curve ridiculiza en extremo a los sabermétricos, presentándolos no sólo como desconocedores de lo que se siente al estar en un terreno, al jugar al béisbol, al beber de la fuente.

También los presenta como seres taimados, conspiradores, que intentan serrucharle el piso a los tradicionalistas.

Phillip Sanderson (Matthew Lillard) ve el béisbol a través de la pantalla de una computadora y le habla al oído al gerente general Vince (Robert Patrick) para convencerlo de los nuevos vientos que soplan en el deporte y de la conveniencia de deshacerse de viejos acabados de arcaicos conceptos.

El final es predecible. La superestrella arrogante, primera selección del draft amateur, que el sabermétrico Sanderson insistió en contratar, tenía problemas con la curva, algo que sólo el veterano Eastwood, con la rapidez de un pistolero del viejo oeste, fue capaz de percibir.

De cualquier manera, tanto una, como otra, son entretenidas y más allá del discurso que plantean, son un regalo para los amantes del béisbol.