Masahiro TanakaAP Photo/Chris O'MearaTanaka lanzó por última vez el 8 de julio, cuando comenzó a sufrir dolores en el codo derecho.
Masahiro Tanaka evitó la operación Tommy John y parece estar recuperado, por lo que el manager de los Yankees de Nueva York, Joe Girardi, lo anunció para abrir el próximo domingo ante los Toronto Blue Jays.

Sin embargo, dadas las escasísimas probabilidades que tienen los Yankees de avanzar a la postemporada, salta la pregunta de si debe el equipo arriesgar por nada una inversión de 155 millones de dólares.

Tanaka, novato estrella llegado desde Japón, lanzó por última vez el 8 de julio, cuando comenzó a sufrir dolores en el codo derecho.

El serpentinero se sometió desde entonces a un proceso de rehabilitación por más de dos meses para evitar el paso por el quirófano, que no estuvo exento de retrocesos y traspiés.

El plan era tratar de regresar a finales de la campaña para ayudar a los Yankees en el último empujón por llegar a los playoffs, algo que ahora mismo parece misión imposible.

El japonés, con marca de 12-4 y efectividad de 2.51 en 18 aperturas, fue la cuarta baja sufrida por la rotación inicial de los Yankees, que perdieron el abril a los dominicanos Iván Nova y Michael Pineda, aunque este último regresó en agosto, así como al zurdo C.C. Sabathia en mayo.

Sólo el también nipón Hiroki Kuroda se ha mantenido saludable a lo largo de la campaña, lo cual obligó a la gerencia a buscar respuestas inesperadas en Shane Greene, Chase Whitley o Brandon McCarthy, adquirido de los Diamondbacks de Arizona.

Con el viento en contra, el equipo se mantuvo a flote a duras penas para sorpresa de los entendidos, pero al final las lesiones del cuerpo de pitcheo y de varios jugadores claves de posición dieron al traste con las aspiraciones de entrar a la postemporada.

Matemáticamente están vivos, pero con 13 partidos por jugarse y cuatro equipos por delante en la carrera por los comodines, cualquier intento parece ser en vano.

Seamos realistas. ¿Qué puede aportar Tanaka ahora? ¿Una, dos victorias? ¿Tres a lo sumo? Demasiado poco en comparación con el riesgo de un retroceso que a la larga lo lleve hasta el salón de operaciones.

Entonces, ahí sí que no volveríamos a oír de él por lo menos hasta el 2016.

Sería preferible que descansara hasta la próxima temporada y que usara todo este tiempo para fortalecer el brazo, lo cual le permitiría regresar como el gran lanzador por el cual los Yankees apostaron 155 millones de dólares.

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Stanton recibe horrible pelotazo en la cara
El pelotazo que sacó de juego a Giancarlo Stanton por lo que queda de temporada puso punto final a las escasas esperanzas de los Miami Marlins de entrar a los playoffs.

De paso, vino a avivar el debate sobre el merecimiento de entregar el premio de Jugador Más Valioso a un pelotero de posición o a un lanzador.

Al momento del fatal bolazo lanzado por el derecho Mike Fiers, Stanton encabezaba la Liga Nacional en jonrones (37) e impulsadas (105). De hecho, aún conserva ambos liderazgos, aunque el mexicano Adrián González, con 103, le pisa los talones en remolcadas.

El toletero de los Marlins disputa el premio de MVP con el zurdo de Dodgers de Los Ángeles Clayton Kershaw, envuelto en una temporada de ensueño, con 19 victorias y efectividad minúscula de 1.70.

Pero un serpentinero abridor, por bueno que sea, sólo trabaja una vez cada cinco días, mientras que un jugador de posición lo hace prácticamente en cada uno de los 162 encuentros del calendario.

Para los pitchers existe el premio Cy Young y como yo lo veo, este viene a ser la versión del MVP para los lanzadores.

Pero incluso los Dodgers podrían sobrevivir a una eventual pérdida de Kershaw, por dolorosa que pueda resultar, tal como se mantuvieron a flote los Marlins cuando se les lesionó a principios de la campaña su pitcher estrella José Fernández.

La cosa es muy distinta cuando un equipo pierde a su motor ofensivo, en torno al cual se aglutinan los demás bateadores y que se benefician por la presencia en la alineación de un toletero como Stanton.

Giancarlo Stanton
AP Photo/Morry GashAl momento del fatal bolazo, Giancarlo Stanton encabezaba la Liga Nacional en jonrones (37) e impulsadas (105).
Si no, pregúntenle al renacido Casey McGehee, quien relanzó su carrera a la sombra del ahora lesionado jardinero de Miami.

McGehee tuvo la oportunidad de ver pitcheos que los lanzadores evitaban lanzarle a Stanton y de ahí sus 70 carreras impulsadas, la segunda cifra más alta de su carrera.

Pero si el ejemplo de McGehee no les alcanza para valorar el peso específico de un toletero y los benefiios colaterales que tare al resto de la alineación, vayamos hasta Oakland, cuyo gerente general Billy Beane se deshizo del cubano Yoenis Céspedes a cambio del abridor zurdo Jon Lester y desde entonces los Atléticos entraron en una espiral descendente.

De pronto, hombres fundamentales en la tanda de Oakland, que se protegían con la presencia de Céspedes, dejaron de producir y el equipo entró en crisis ofensiva, al extremo de poner en riesgo las posibilidades de llegar a los playoffs, luego de comandar con comodidad la división Oeste de la Liga Americana durante la primera mitad de la contienda.

Y mientras tanto, Lester solamente ha podido aportar cinco victorias en nueve aperturas, para contrastar con el impacto inmediato que ha tenido el cubano desde su llegada a Boston, donde se convirtió en el complemento ideal de David Ortiz y se perfila como un hombre clave en años venideros para los Medias Rojas.

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Hace 48 horas, los Marlines de Miami habían anunciado que estaban listos para hacerle a Giancarlo Stanton una oferta que rompería cualquier récord en la historia de la franquicia.

Un envío en pleno rostro a 88 millas por hora noqueó a Stanton el jueves y pondría en un compás de espera los planes de la gerencia para retener al poderoso toletero.

El golpe le produjo múltiples fracturas, daño en la dentadura y una herida que requirió varios puntos de sutura y aunque los médicos dijeron que no requiere cirugía, se perderá lo que resta de la temporada.

En menos de seis meses, los Marlins han perdido a sus dos jugadores emblemáticos, pues a inicios de la campaña, el derecho cubano José Fernández quedó fuera de acción y sometido a la operación de codo Tommy John.

Duros golpes para una franquicia que trataba de renacer de las cenizas que dejó el 2013, con 100 derrotas en 162 partidos.

Tanto en el caso de Fernández, como en el de Stanton, el futuro luce ahora incierto y está por verse cuánto tiempo les tomará recuperarse y si pueden regresar a su mejor forma deportiva.

Mientras que la Tommy John tiene un 80 por ciento de probabilidades de recuperación, en el caso de los bateadores que reciben golpes como el de Stanton, la mayor preocupación radica en la visión.

El integrante del Salón de la Fama Andre Dawson y Jayson Heyward, de los Bravos de Atlanta, sufrieron en su momento lesiones similares y lograron regresar, pero el dominicano Juan Encarnación perdió la vista de un ojo por un bolazo de foul en 2007, mientras se encontraba en el círculo de espera.

Un reconocido cirujano plástico de Miami estimó en seis semanas el tiempo de soldadura de los huesos fracturados y cicatrización de la herida antes que el pelotero pueda reanudar sus actividades físicas, en caso de que no sea sometido a una operación.

Sin embargo, el doctor Rafael Gottenger considera que de ahí a que pueda regresar a jugar béisbol podrían pasar de seis meses a un año.

Y está también la parte psicológica, igualmente difícil de superar luego de semejante trauma.

Muchos bateadores en su regreso cambian por completo su ubicación en el plato, se alejan más de la zona de strike y pierden contacto, por temor a recibir nuevos pelotazos.

Es algo involuntario y humano, que muchas veces da al traste con prometedoras carreras. Ojalá no sea este el caso de Giancarlo Stanton, el bateador más poderoso de todas las Grandes Ligas.

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Si yo fuera Dan Duquette, gerente general de los Orioles de Baltimore, ya estaría negociando una extensión contractual con el jardinero dominicano Nelson Cruz.

Firmado por el 2014 y a última hora, Cruz ha sido la pieza fundamental que tiene a los Orioles hoy como cómodos líderes de la división Este de la Liga Americana.

Nelson Cruz
Jim Rogash/Getty ImagesCruz ha sabido levantarse de la caída en esta segunda oportunidad y eso solamente merece elogios.
Puntero absoluto en cuadrangulares en todas las Grandes Ligas (39) y segundo del joven circuito en carreras impulsadas (101), el jugador de 34 años ha sobrepasado las expectativas por las que fue contratado poco antes de arrancar la temporada.

No se trata de volverse loco y hacer una oferta extremadamente larga, pero Cruz debe ser una de las figuras emblemáticas de la franquicia al menos por los próximos tres años.

Sólo los Angelinos de Los Ángeles (88-55) ostentan mejor récord que los Orioles (84-59) en todo el béisbol, impulsados en gran medida por la fuerza de los batazos del quisqueyano.

Si, ya sé lo que dirán algunos críticos, que querrán poner el dedo en la llaga de los esteroides y Biogénesis.

Pero Cruz, al igual que otros peloteros, ya cumplió el castigo que le impuso el comisionado y está aprovechando esta bien merecida segunda oportunidad.

Es hora de pasar esa página incómoda. Ha sabido levantarse de la caída y eso solamente merece elogios.

Baltimore parece haber entrado en una buena racha de estabilidad que podría llevar al equipo por varios años seguidos a la postemporada y es momento de aprovechar los vientos favorables que soplan.

Cruz y el campocorto J.J. Hardy se encaminan a la agencia libre y los Orioles no deberían dejarlos escapar, al tiempo que Duquette debe ejercer la opción de Nick Markakis por 17.5 millones de dólares para el 2015.

Este trío debe conformar la base del equipo el año próximo, junto a Adam Jones, Chris Davis y los ahora lesionados Matt Wietters y Manny Machado, cuyo retorno saludable esperan los fanáticos.

Con el joven curazoleño Jonathan Schoop Baltimore tiene segunda base para rato y la rotación abridora podría quedar intacta, con Chris Tillman, Bud Norris, el taiwanés Wei-Yin Chen, el mexicano Miguel González, Kevin Gausman y el quisqueyano Ubaldo Jiménez bajo contrato al menos hasta la próxima campaña.

Amarrar a Cruz y a Hardy le daría tranquilidad inmediata a la gerencia, que entonces podría enfocarse durante todo el invierno a ajustar pequeños detalles y afinar la maquinaria para competir en una de las divisiones más difíciles de todo el béisbol.

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Giancarlo Stanton José AbreuMike Stobe/Getty Images

Giancarlo Stanton y José Abreu tienen los números para competir por el JMV en cada liga.

Mike Trout y Clayton Kershaw van a recibir los premios de Jugador Más Valioso de la Liga Americana y la Nacional, respectivamente. Punto.

Después de algunos años en este negocio uno aprende a leer a los votantes de la Asociación de Escritores de Béisbol de América, la BBWAA por sus siglas en inglés.

Luego de que Trout quedara segundo en la votación en el 2012 y 2013, muchos votantes sienten como que tienen una deuda con el jardinero de Angelinos de Los Angeles.

Pero no hay tal deuda, pues el que lo derrotó en ambas ocasiones, el venezolano Miguel Cabrera, de los Tigres de Detroit, lo hizo en buena lid, poniendo mejores números.

A Cabrera no le regalaron nada y aprovechando que el venezolano ha tenido cifras inferiores en el 2014, podrían premiar a Trout, a quien quizás sí le estén regalando algo de cierta manera inmerecido.

Si de estadísticas se trata, el muchacho de los Angelinos va siendo superado hasta ahora en casi todas las categorías ofensivas por el debutante cubano José Abreu, de los Medias Blancas de Chicago, quien debe llevarse de manera unánime el Novato del Año en el joven circuito.

Abreu encabeza la Liga Americana en impulsadas (99), slugging (.602) y OPS (Slugging más promedio de embasamiento) con .985.

Además, va tercero en jonrones (33) y cuarto en average (.322), lo cual le brinda una posibilidad real incluso de agenciarse la Triple Corona.

También va cuarto en OBS (.383), noveno en dobletes (32), décimo en hits (152).

En todas esas categorías, excepto los batazos de doble mérito, supera a Trout, quien se ha ponchado 153 veces por 112 el cubano.

Sólo Chris Davis (161) y Chris Carter (154) han abanicado más veces que el de los Angelinos.

Además, en más de 40 oportunidades, Abreu ha impulsado la carrera de la ventaja, el empate o la victoria para los Medias Blancas.

Así que por cifras puras, el debutante de Chicago, sin haber pasado un solo día en las Menores para aclimatarse al mejor béisbol del mundo, supera a Trout, quien tiene a su favor el hecho de que su equipo sí va a la postemporada, fase que los Medias Blancas verán por televisión.

Algo similar le ocurre a Giancarlo Stanton, el poderoso jardinero derecho de los Marlins de Miami.

Kershaw, con una campaña de lujo en la que debe llevarse por unanimidad el premio Cy Young, jugará béisbol el octubre, mientras que los Marlins, a pesar de la mejoría en relación con el 2013, vuelven a quedarse fuera de los playoffs por undécimo año consecutivo.

Particularmente no soy muy partidario de darle el MVP a un serpentinero. Para ellos está el Cy Young y no es lo mismo trabajar en unos 33 juegos de la temporada, que en los 162 partidos del calendario.

El de Miami es líder de la Liga Nacional en cuadrangulares (36), impulsadas (102), Bases por Bolas (90), OBS (.402), slugging (.566) y OPS (.968), quinto en anotadas (86), noveno en hits (151).

Pero además, todas esas cifras las ha conseguido prácticamente sin protección alguna en la débil alineación de los peces, con Casey McGehee detrás de él, líder en bateo para dobles matanzas de toda la liga (27).

Si los Marlins no se desmoronaron al perder a inicios de la campaña al líder del staff de pitcheo, José Fernández, fue porque Stanton cargó sobre sus hombros a un equipo que perdió 100 de los 162 juegos del pasado y que esta vez se mantuvo en la lucha por los playoffs hasta prácticamente una semana atrás.

De todos modos, tal como se mueve el mundo de la BBWAA, sería un milagro que Abreu y Stanton sean los elegidos, aunque los números estén a su favor.
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Algo se está cocinando entre La Habana y Washington y tiene que ver con el béisbol.

Así como el presidente Richard Nixon aplicó la llamada diplomacia del ping pong para establecer lazos entre Estados Unidos y China en los años 70, esta vez la pelota blanca con costuras rojas podría ser el vehículo para hacer más cortas las 90 millas que separan a Cuba de su vecino del norte.

Antonio, el hijo de Fidel Castro, es quien mueve los hilos de los cambios que se han producido en los últimos tiempos en el béisbol de la isla y anda en estos días por aquí, negociando algún tipo de entendimiento con las Grandes Ligas, tal como reportan varios sitios especializados en temas deportivos cubanos.

Olvídense de Higinio Vélez o Víctor Mesa. Esos son marionetas del verdadero poder. Antonio Castro es el tipo.

La reciente eliminación del amateurismo viene a rectificar de alguna forma el disparate cometido por su padre hace más de medio siglo, cuando de un plumazo borró la entonces poderosa liga profesional cubana y convirtió a los peloteros en instrumentos de propaganda política.

Pero los estímulos salariales aprobados para los nuevos profesionales son ridículamente insignificantes y no han logrado detener la fuga de talentos -- ojo, fuga y no robo de talentos, como dicen en La Habana -- hacia las Grandes Ligas, donde el dinero se cuenta en siete u ocho dígitos.

Con tal de alcanzar sus sueños, los muchachos prefieren arriesgar sus vidas en peligrosas travesías o complicadas operaciones de tráfico humano que le han traído problemas a más de uno, en truculentas historias aderezadas con delaciones y hasta penas de cárcel para varios involucrados.

Pero los millones no están en Japón, en México u otras ligas a donde han ido a jugar, autorizados por el gobierno, algunos peloteros.

Y Tony Castro se da cuenta de la gran tajada que se está perdiendo al no poder controlar a los peloteros que se van a las Grandes Ligas de Estados Unidos, convertidos en una suerte de esclavos cimarrones que huyen para decidir por sí mismos su propia vida.

Lo que las autoridades cubanas quieren es que el Estado sea el agente único y omnipotente de todos los jugadores que nacen en la isla, sobre todo de aquellos que vengan a las Mayores, donde los ingresos son infinitamente superiores a cualquier otra liga.

Claro que está el tema del embargo, más simbólico y nominal que real, convertido en un muro cada vez más lleno de grietas legales, pero que aún actúa como dique de contención en algunos aspectos de la relación bilateral.

Pero por esos resquicios sigue filtrándose el agua y llama la atención que varias de las últimas salidas de peloteros se hayan hecho sin ningún obstáculo, de manera legal y con la anuencia del gobierno que todo lo controla.

Yoan Moncada, campocorto del equipo Cienfuegos, Pavel Quesada, antesalista del mismo equipo, e Irait Chirino, jardinero de Industriales, solicitaron la baja de sus respectivos equipos, consiguieron visas para otros países y se fueron por el aeropuerto, con la mayor normalidad del mundo. O mejor dicho, como debía haber sido siempre.

Moncada, un joven de 19 años, seis pies y dos pulgadas de estatura y 200 libras de peso, que batea a ambas manos y puede defender además del campocorto, la intermedia y la tercera base, podría desde ya estar en la mira de los Mets de Nueva York.

El equipo lleva años en reconstrucción y no tendría que desembolsar mucho dinero por el cubano, pues al ser menor de 23 años y haber jugado sólo dos campañas en la isla, no podría recibir más de 3.9 millones.
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¿Será Rusney Castillo el próximo Yasiel Puig? Al menos eso parecen creer los Medias Rojas de Boston, que lograron firmar al jugador cubano por siete temporadas y alrededor de 72 millones de dólares, según fuentes de ESPNBoston.com.

Además el acuerdo lo reportó en su sitio Glorias del Béisbol Cubano el colega William Pérez Villalba, cercano a las negociaciones.

De confirmarse el pacto, marcaría un nuevo récord para un pelotero llegado de la isla, pues superaría en cuatro millones la cantidad por la que los Medias Blancas de Chicago firmaron en el invierno pasado a Jose Dariel Abreu.

En Boston, Castillo se uniría en los jardines a su compatriota Yoenis Céspedes, recién canjeado de los Atléticos de Oakland, cuya presencia en el equipo podría haber sido un factor clave, aparte del dinero, en inclinar la balanza a favor de los Medias Rojas.

Con 5,9 pies de estatura y 27 años de edad, Castillo es señalado como un jugador de cinco herramientas, defensor de la pradera central, pero con capacidad también para jugar en segunda base.

De hecho, los New York Yankees estuvieron interesados en sus servicios con el objetivo de convertirlo en su próximo intermedista, pero luego de figurar como principales candidatos para capturar al cubano, perdieron terreno en las últimas horas ante sus archirrivales Medias Rojas y los Tigres de Detroit, que también pujaron por firmarlo.

El pelotero había tenido una exhibición abierta ante cazatalentos de 28 de los 30 equipos de Grandes Ligas y luego se presentó en privado por separado frente a los buscadores de Boston, Nueva York, Detroit y los Cachorros de Chicago.

De confirmarse el pacto, Castillo ganaría 12 millones por campaña, un salario respetable, si se tiene en cuenta que Abreu y Puig han resultado verdaderas gangas, dada la relación dinero e impacto que han tenido.

El primera base de Chicago, casi seguro ganador del premio de Novato del Año de la Liga Americana, aparece como segundo de los jonroneros (32) e impulsadores (90) del joven circuito, además de décimo en average, con .303.

Todo eso sin haber pasado un día en las Ligas Menores y por un promedio de 11.33 millones anuales, muy buen dinero, pero lejos de los mejores salarios de las Mayores.

Más barato ha salido Puig, un hombre que ha estremecido los cimientos del béisbol con su juego agresivo que regala espectáculo a cada paso.

Los Dodgers de Los Angeles lo capturaron por 42 millones y siete temporadas, a un promedio de seis millones anuales, una minucia para quien se ha convertido en una atracción permanente.

Los Medias Rojas esperan que al igual que sucedió con Céspedes, Abreu y Alexei Ramírez, Castillo suba directo a Grandes Ligas, sin estancia en las Menores.
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Masahiro Tanaka and Jose FernandezUSA TODAY SportsTanaka no se ha sometido a la Tommy John, pero Fernández ya está en su proceso de rehabilitación.
Si Masahiro Tanaka consigue regresar a la lomita de los Yankees de Nueva York en esta misma temporada, la vida de alguna manera le estará dando la razón al entrenador cubano Orlando Chinea, quien intentó por todos los medios que los Marlins de Miami evitaran la operación Tommy John de su astro José Fernández.

Cuando Fernández se lesionó del codo, Chinea, el hombre que lo formó desde la escuela secundaria en Tampa, aseguró tener un plan de rehabilitación de entre ocho a 12 semanas sin necesidad de pasar por el quirófano.

Pero el equipo hizo oídos sordos y prefirió la opción de moda, que ha llevado en lo que va de temporada a más de 30 serpentineros a un largo e incierto proceso de recuperación.

Tanaka, quien al momento de dañarse el codo batallaba cabeza con cabeza con el cubano José Abreu por el Novato del Año de la Liga Americana, logró convencer a los Yankees para que le dieran un tiempo de terapia y asumir la cirugía solamente como una última opción inevitable.

El miércoles, el japonés hizo diez lanzamientos en terreno llano a 60 y medio pies, la distancia normal desde la tabla de pitcheo hasta el plato, sin sentir dolor o molestia y podría regresar a mediados del próximo mes de septiembre.

Tanaka lanzó por última vez el 8 de julio y a esta altura de la campaña, cabría preguntarse si cuando le toque regresar será conveniente que lo haga por las últimas dos semanas del calendario o valdría más la pena extender su descanso y rehabilitación hasta la próxima temporada.

Todo dependería de cuán reales sean las posibilidades de los Yankees de avanzar a los playoffs.

Pero aún cuando no vuelva a trabajar en el 2014, podría estar listo para el arranque de la contienda del 2015 y siempre sería mucho menos tiempo que los 12 a 18 meses de ausencia de Fernández y todos aquellos que tal vez se apuraron a ponerse bajo el bisturí.

Desde que el doctor Frank Jobe ideó la técnica para salvarle el brazo precisamente al zurdo Tommy John en 1974, más dos centenares de serpentineros pasaron por los salones de operaciones para reparar codos dañados.

Desde que Masaharu Mitsui se sometió a la operación en 1979 y se convirtió en el primero en hacerlo en Japón, apenas 33 lanzadores, de ellos cuatro extranjeros, han pasado por el complicado procedimiento, de larga, pero no siempre garantizada recuperación.

En 35 años sólo 33 operaciones Tommy John, a menos de una por temporada como promedio, hablan a las claras de cuán diferentes se hacen las cosas en Japón y en Estados Unidos.

Ahora recientemente cayó el también nipón Yu Darvish bajo la epidemia de lesiones de codo, pero al igual que el caso de su compatriota, parece que los Vigilantes de Texas optarán por la rehabilitación sin cirugía.

Por cierto que Fernández visitó ayer el Marlins Park, en el último juego de la serie ante los Cardenales de San Luis y aseguró que su proceso marcha de acuerdo con el cronograma establecido por médicos y entrenadores.

Pero qué distinta podría haber sido la historia si la propuesta de Chinea hubiera surtido efecto y los Marlins pudieran contar con el cubano para esta recta final, cuando el equipo, contra todos los pronósticos, se niega a tirar la toalla y todavía conserva oportunidades de jugar béisbol más allá de septiembre.

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Luego de galopar los dos primeros tercios de la campaña en la cima de la división central de la Liga Americana, los Tigres de Detroit están a las puertas de un fracaso colosal, que podría dejarlos fuera de la postemporada por primera vez desde el 2010.

Hace menos de dos semanas, los Tigres presumían de la mejor rotación de todo el béisbol, tras añadir al zurdo David Price procedente de los Rays de Tampa Bay, quien venía a unirse a Max Scherzer, Justin Verlander, Rick Porcello y el venezolano Aníbal Sánchez.

Con Price, Cy Young de la Liga Americana en el 2012, Detroit contaba con los tres últimos ganadores del premio junto a Verlander (2011) y Scherzer (2013).

Pero el recién llegado no ha podido aportar aún su primera victoria, Sánchez se fue a la lista de lesionados por 15 días y Verlander (10-11, 4.76) anda con molestias en el brazo, además estar en su peor temporada desde el 2008, cuando terminó con récord de 11-17 y efectividad de 4.84.

Además, el mexicano Joakim Soria, de quien se esperaba mucha ayuda para el bullpen, también se lesionó tras una mediocrísima pasantía de seis partidos en los que lanzó para 10.38.

Y ni hablar de Joe Nathan, quien ha desperdiciado seis rescates y lanza para 5.23, toda una vergüenza para el gremio de los cerradores.

Siete derrotas en sus últimos diez partidos, cuatro de ellas de forma consecutiva, les han hecho perder la punta divisional que ahora ocupan los Reales de Kansas City, un equipo venido de menos a más, con 16 victorias en sus últimos 20 encuentros.

Para colmo, la ofensiva también anda tambaleante, con su líder natural, el venezolano Miguel Cabrera, en el peor mes de toda la contienda.

De pronto, Cabrera, el mejor bateador que existe en el mundo, dejó de impulsar carreras y batear jonrones.

Cuando nos acercamos a la mitad de agosto, el primera base de Detroit solamente suma cuatro remolques, luego de promediar 20.25 empujadas por mes, al tiempo que su cifra de jonrones (17) va siendo la más baja desde los 12 que conectó en el 2003, el año de su debut, cuando apenas participó en 87 juegos.

Víctor Martínez es un gran bateador, pero él solo no puede echarse el peso ofensivo del equipo y necesita de más ayuda del propio Cabrera y de los veteranos Ian Kinsler y Torii Hunter, para apoyar a ese cuerpo de pitcheo en teoría poderoso, pero que ha mostrado lagunas.

Con todo el renombre de sus abridores, de 117 aperturas hasta el martes, sólo 68 habían sido salidas de calidad (58%), a diferencia de 64% de los Dodgers de Los Angeles, 69% de los Bravos de Atlanta y 61% de los Atléticos de Oakland, por citar a otros conjuntos con rotaciones de alto calibre.

Todavía queda tiempo para recuperarse, pero este slump colectivo no deja de preocupar a sus fanáticos, que ya empiezan a preguntarse si una vez les tocará alargar una espera que ya dura 30 años.
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Yasiel PuigLisa Blumenfeld/Getty ImagesYasiel Puig lanza el bate tras conectar un jonrón y las críticas no se hacen esperar.
El béisbol se está volviendo tan políticamente correcto que amenaza con matarnos de aburrimiento.

Pero como casi siempre pasa, los defensores de las llamadas reglas de ética no escritas, aplican la ley del embudo: lo ancho para mí y lo estrecho para ti.

Porque según estos moralistas que parecen haber aprendido béisbol en videojuegos, está mal que Yasiel Puig lance el bate tras conectar un jonrón o que David Ortiz recorra las bases con desafiante lentitud tras sacar la pelota del parque.

Sin embargo, de la misma manera miran hacia otro lado cuando un pitcher forma aspavientos ridículos cuando consigue un ponche clave.

En primer lugar, tanto Puig y Ortiz, como las simbólicas flechas al cielo de Fernando Rodney cuando salva un partido simplemente aportan condimento necesario a un juego que se ha tornado insulso, olvidando que en sus orígenes se afianzó gracias a leyendas como el famoso jonrón cantado de Babe Ruth en la Serie Mundial de 1932 o los agresivos corridos de Ty Cobb en las almohadas.

Mostrar pasión sobre el terreno de juego no es, para nada, irrespetar al rival. Todo lo contrario, desde mi punto de vista, ponerle corazón a cada acción demuestra reconocimiento a la calidad del contrario, pues es necesario darlo todo para vencerlo. Por supuesto que con un juego totalmente desproporcionado, con más de diez carreras de diferencia, a nadie se le ocurre tocar la pelota o tratar de robarse una base.

Pero hemos llegado a un punto que con apenas cinco anotaciones de margen ya hay quienes se ponen demasiado susceptibles con una acción como esas, cuando esa cantidad de carreras no es ni mucho menos decisiva y puede borrarse en un abrir y cerrar de ojos.

Indians Logo
Jason O. Watson/Getty ImagesUn senador estatal de Ohio se alzó para pedir que los Indios de Cleveland cambien el nombre y desaparezcan su mascota por considerarlos ofensivos.

Ahora, para ponerle la tapa al pomo, sale un senador estatal de Ohio a pedir que los Indios de Cleveland cambien el nombre con que fueron bautizados hace más de un siglo atrás y desaparezcan la mascota del Jefe Wahoo, por considerarla ofensiva para los nativos americanos.

Yo lo veo como todo lo contrario, más bien como un homenaje a los primeros pobladores de estas tierras, maltratados por los conquistadores en los tiempos del Oeste salvaje y estereotipados por Hollywood en las primeras décadas del siglo XX.

Hace mucho que esos estereotipos quedaron atrás y venir ahora con un reclamo que lo único que lograría es matar una tradición centenaria me parece ridículo, tanto como cambiarle el nombre a los Washington Redskins de la NFL.

A este paso no deberíamos sorprendernos si alguien viene de la Sociedad Protectora de Animales a pedir que le quiten el nombre a los Tigres de Detroit por aquello de tratarse de una especie en peligro de extinción.

O quienes exijan rebautizar a los Cerveceros de Milwaukee, pues su nombre actual tiende a promover el consumo del alcohol en la juventud.

Yo no sé ustedes, pero prefiero el béisbol políticamente menos correcto, que ya con las revisiones de decisiones arbitrales a distancia desde Nueva York y la eliminación de los bloqueos en el plato tenemos demasiado.

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Tarde o temprano tenía que pasar. La nueva regla sobre bloqueos del home por parte de los receptores y las revisiones de las jugadas en manos de una suerte de comité de apelaciones a distancia fallaron estrepitosamente y le costaron el triunfo a un equipo.

Pasó en el primer juego de una serie de cuatro entre los Rojos de Cincinnati y los Marlins de Miami en la Capital del Sol.

Ganaban los Marlins 1-0 en la parte alta del octavo cuando los Rojos llenaron las bases con un out.

Todd Frazier elevó al jardín derecho para el segundo out y Giancarlo Stanton tiró perfecto al plato para liquidar fácilmente en doble matanza salvadora a Zack Cozart.

El manager de Cincinnati, Bryan Price, reclamó que el cátcher Jeff Mathis había bloqueado la goma indebidamente.

Tras la apelación, los árbitros revirtieron la decisión y decretaron válida la anotación de Cozart, a pesar incluso de que este ni siquiera pisó el home y siguió camino al dugout, sabiéndose out por la clásica milla.

El béisbol no es un juego de 'hermanitas de la caridad' y si bien es cierto que entradas como la famosa colisión de Pete Rose a Ray Fosse en el Juego de Estrellas de 1970 son brutales e inaceptables, tampoco se puede convertir esto en un partido de ajedrez, donde un tablero de por medio impide el contacto físico entre los contrincantes.

De esta manera, el juego se empató y el siguiente bateador, Ryan Ludwick, disparó cañonazo al jardín central que remolcó otras dos carreras para el balance final de 3-1.

Basta ver la repetición del video para darse cuenta que Matthis no estaba bloqueando el plato, sino simplemente esperando el tiro de Stanton que venía justo en esa dirección.

Fue una acción eminentemente defensiva, sin doble intención, en una jugada tan clara que sólo un tecnicismo tan ridículo podía evitar que el corredor fuera puesto fuera de circulación.

OK, entiendo que el deporte va modificándose en aras de proteger al atleta de lesiones graves e innecesarias, pero de ahí a quitarle la esencia al juego va un tramo largo.

El béisbol no es un juego de 'hermanitas de la caridad' y si bien es cierto que entradas como la famosa colisión de Pete Rose a Ray Fosse en el Juego de Estrellas de 1970 son brutales e inaceptables, tampoco se puede convertir esto en un partido de ajedrez, donde un tablero de por medio impide el contacto físico entre los contrincantes.

La jugada del jueves en la noche en el Marlins Park fue una común y corriente y apelarla me parece hasta poco ético del propio manager Price, pues no había la más mínima oportunidad de que el corredor anotara.

Grandes Ligas emitió hoy un comunicado ratificando la aplicación de la nueva regulación 7.13, algo que no es de extrañar, pues lo raro sería que Bud Selig y compañía aceptaran alguna vez un desliz y apenas el texto se limita a reconocer que en esta ocasión, los seis minutos que tomó la revisión de la jugada fue excesivo, en comparación con los aproximadamente 120 segundos que lleva ese trámite.

A veces da la impresión que hay fuerzas oscuras dentro del propio béisbol tratando de destruir el pasatiempo nacional para convertirlo en un juego de 'Playstation' o 'Xbox'.

Son esas mismas fuerzas que se sienten ofendidas y consideran políticamente incorrecta la intensidad cada vez más inusual con que los dominicanos David Ortiz y Carlos Gómez o el cubano Yasiel Puig salen a jugar al terreno.

Ni Big Papi, ni Gómez, ni Puig son villanos, como tratan de hacerlos ver. Los que de verdad aman el béisbol agradecen que todavía haya peloteros de esa especie lamentablemente en peligro de extinción.

Y en cuanto a las reclamaciones de decisiones arbitrales, tal como ocurre en la NBA o la NFL, deberían ser los propios umpires quienes revisen los videos y tengan la potestad de ratificar o revertir sus sentencias.

Pero ese comité a larga distancia que nadie sabe a qué intereses responde (y que me digan paranoico si quieren) no debe tener en sus manos la facultad de decidir el destino de lo que ocurre a cientos de millas.

Y para colmo de males, son entonces los árbitros en el terreno los que tienen que manejar exabruptos justificados como el que formó Mike Redmond, mentor de los Marlins, al sentir que le robaron la victoria.

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