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Adrián Beltré... nos vemos dentro de cinco años en Cooperstown

El dominicano Adrian Beltre decidió poner fin a su carrera después de 21 años en Grandes Ligas y se va por la puerta grande.

Como su compatriota David Ortiz cuando dijo adiós, a Beltré todavía le queda gasolina en el tanque para seguir engordando sus números que ya son de por sí extraordinarios.

Firmado por Los Angeles Dodgers a los 15 años, su contratación estuvo envuelta en la polémica, por tratarse de un menor de edad, lo que le valió al equipo una suspensión por un año en sus operaciones de búsqueda de talentos en la República Dominicana y una multa de 48,500 dólares que hubo de pagarle a Beltré por daños y perjuicios.

Su debut, a los 19 años, lo hizo en grande, con un cañonazo remolcador de dos carreras, el primero de sus 3,166 imparables, que lo ubican en el lugar 16 de todos los tiempos.

De los Dodgers pasó a los Seattle Mariners, donde estuvo cinco campañas.

En el 2010 jugó con los Boston Red Sox, pero fue en el 2011, cuando firmó con los Texas Rangers, que su talento explotó en toda su dimensión y se convirtió en uno de los peloteros más queridos y respetados no sólo por sus compañeros, sino por sus rivales.

Eso sí, ¡no le toquen la cabeza a Beltré! Por alguna extraña razón, nada le molestaba más al quisqueyano que le tocaran la cabeza.

Entonces, propios y rivales lo sabían y se lo hacían, provocando la hilaridad de los presentes por sus airadas reacciones.

Junto al campocorto venezolano Elvis Andrus formó un dúo divertidísmo de ver, una suerte de Stan Laurel y Oliver Hardy del béisbol, siempre haciéndose bromas el uno al otro.

Y es que de eso se trata, de divertirse jugando a la pelota y disfrutar las amistades que se forjan en medio del duro trabajo diario de los entrenamientos.

Se va a extrañar su presencia en el terreno. Sus electrizantes fildeos, sus reflejos que no disminuyeron con la edad, su brazo potente, sus jonrones con una rodilla apoyada en el suelo.

Quizás pudo seguir en busca de los 23 cuadrangulares que le faltaron para los 500, con lo que se uniría a un club exclusivo que componen Aaron, Mays, Eddie Murray, Rafael Palmeiro, Albert Pujols y Alex Rodríguez como los únicos con tantos vuelacercas y al menos 3,000 imparables.

Pero sólo quienes están dentro del béisbol saben el sacrificio que conlleva jugar al máximo nivel, sobreponerse a lesiones que con la edad empiezan a aparecen cada vez con mayor frecuencia.

Sí, le quedaba gasolina al menos para una temporada más, pero hizo bien en retirarse en alza, contrario a muchos grandes que insisten en seguir cuando las aptitudes los han abandonado por completo y sólo consiguen embarrar sus estadísticas.

Más de un equipo hubiera pagado al menos un año por contar con su aún poderoso bate y su hermético guante, pero él decidió cerrar el ciclo con los Rangers, pues, no lo duden, será con la gorra de Texas con la que entrará, dentro de cinco años, al Salón de los Fama de Cooperstown.