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'La Leyenda', a punto de degenerar en mito

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Javier Aguirre y su 'fe' en 'Chicharito' (1:19)

El 'Vasco' comentó que lo mejor está por venir para el mexicano. (1:19)

LOS ÁNGELES -- “La Leyenda”. Sin duda: elogio en boca propia es vituperio. Así se bautizó Javier Hernández públicamente: “La leyenda del futbol mexicano”.

Javier abdicó, ese día, al infantilismo de Chicharito. Tal vez porque a las obligaciones como futbolista había abdicado mucho antes. Y renunció al folklórico y coloquial título nobiliario fraguado en la cancha por su padre.

“La Leyenda”… Pudo haberlo sido, pero ha elegido no serlo. La presumida Leyenda ha degenerado en mito. Las leyendas se enriquecen con mitos, pero los mitos sólo se enriquecen con ficción, con delirios, con mentiras.

El fin de semana, “La Leyenda” volvió a ser protagonista… sin pisar la cancha. Lo fue en el escandaloso paraninfo --ese que tanto él degusta--, de las redes sociales. No fue citado para el deplorablemente llamado Clásico del Tráfico.

Él sabía, aparentemente, que iría de nuevo a la banca, esa consorte incómoda e inoportunamente fiel, que le ha acompañado en su carrera. El Galaxy le contrató idealizando lo que podía llegar a ser con base en lo que alguna vez fue. Y ante LAFC era un coliseo perfecto, como, por ejemplo, demostrar que es más que el tan galácticamente llorado Zlatan Ibrahimovic, y que Carlos Vela.

Minutos antes del juego, el Galaxy informaba que la ausencia de Javier Hernández se debía a una lesión “desconocida”. Sorpresa, incredulidad, escepticismo, sorna, sospechas.

Las especulaciones se llenaron de cicuta sobre si “La Leyenda” habría desertado a escribir otra página de oro en su legendaria carrera, esta vez irritado, porque tendría que arrellanar su trasero sobre la banca angelina.

Desde los socavones del fondo de la tabla de la MLS, el técnico Guillermo Barros Schelotto no ayudó mucho a la causa. Mientras el Galaxy esgrimía una lesión “desconocida”, el entrenador argentino habló de que Javier Hernández ya se quejaba de la dolencia desde el jueves, el viernes no mejoró, ni tampoco el sábado.

Para los publirrelacionistas del club seguía siendo una lesión “desconocida”, como tan sabido era ya que la banca sería el sitio de ataque del mexicano ante el LAFC.

Una molestia en la pantorrilla. Ésa es la aparente lesión que margina a “La Leyenda” de seguir escribiendo a cada minuto en la cancha más historias para su leyenda. Porque, fuera de la cancha, en situaciones así, en lugar de historias fascinantemente fantásticas, se elucubran mitos, especulaciones.

Al Galaxy, obviamente, no le salen las cuentas. Ni por el desembolso de su transferencia, ni por el salario que le paga al ex Chicharito. Cierto, fue récord de ventas de camisetas en la primera semana y acudió a los más populares programas en inglés en Los Ángeles. Claro, tal y como corresponde a una leyenda.

Pero, ¿y la cancha? ¿Y los goles? ¿Y el liderazgo en el vestidor? ¿Y el torbellino futbolístico? En estos últimos cuatro aspectos, Javier Hernández palidece ante su antecesor. Zlatan Ibrahimovic debe sentir una compasión enorme por el club angelino.

Barros Schelotto ha sido enfático: su delantero está en perfecta forma física. Tal vez la camiseta que viste esté defectuosa, porque parece pasado de peso. Pero, además, en la cancha, repasando algunos videos de sus juegos, muestran a un jugador lejos de sus explosivas virtudes.

Javier Hernández era el tormento enajenante de cualquier zaga. Estaba una milésima de segundo y unos centímetros antes que sus adversarios. Su anticipación, velocidad, repentización, astucia e ímpetu le colocaban de cara al gol. Lo demás era sencillo, con su perseverancia, su atrevimiento, su fortuna, y hasta por esa poética e histriónica habilidad para marcar de manera chusca, como el buen “Chaplin del Gol” que era.

Ése era otro Javier Hernández. Aquel, el del temperamento, la rabia, la lucha, el temerario del área, capaz de marcar con la mollera o con el buche, porque aquel guerrero podía asesinar con saña o con la gracia simpaticona de un mimo. Era “It” (Stephen King), vestido de futbolista. Ése sí pintaba para leyenda.

Hoy no sólo él está en entredicho. Toda la caravana enjundiosa que acudió a ficharle a Sevilla será cuestionada, empezando con Jovan Kirovski, quien ya lo buscaba desde antes que Javier aterrizara en el Bayer Leverkusen, además de Denis Te Kloese y el mismo Barros Schelotto. Ellos se sentaron a negociar con él –ese sí--, legendario Monchi (Ramón Rodríguez Verdejo) y con el representante del jugador, Lorenzo Román García.

Como suele ser, las arpías insidiosas acompañan por igual a las leyendas y a los mitos. Consignadas han sido las versiones de los divorcios de Javier en sus diferentes equipos. Desde cómo dejó de encajar en el Manchester United, cómo desencajó en el Real Madrid, hasta cómo dividió caminos en el Leverkusen y el West Ham. Obvio, no todo es su responsabilidad. A veces, creen algunos, el mundo entero se confabula.

Su llegada al Galaxy con un salario alucinante, una parafernalia ostentosa, estímulos, premios y tratos, casi enervantes, como los merece una leyenda, generaron incomodidades en el equipo. Entendible, pero injustificable por parte de sus compañeros, quienes fueron presos de envidia y egoísmo.

Encima, le entregan el gafete de capitán, demasiado grande para el bíceps de un Javier Hernández que parece haber llegado por su fondo de retiro a la MLS. Y él mismo hace poco, muy poco, para tratar de limar asperezas, y de paso merecerse ese título nobiliario de ser el capataz del equipo.

En sus más recientes videos a través de todas sus plataformas de redes sociales, seguidas por millones, es impresionante la energía que Javier Hernández despliega a través de los videojuegos, especialmente, alguno en el que muestra su magistral saña para aniquilar rivales a punta de gatillazos, casi como alguna vez lo hacía en la cancha de futbol.

Para conducirlo como lazarillo en medio de esa tenebrosa pasarela de las redes sociales, el aún futbolista ha sido asesorado por su coach de vida, Diego Dreyfus, quien según Álvaro Cruz, de TUDN, cobra 17 mil pesos por sesión, es decir, unos 900 dólares, por si usted también necesita de una iluminación similar.

Este miércoles, Galaxy sale de nuevo a la cancha. Le espera Portland. Será una nueva oportunidad para que “La Leyenda” demuestre que quiere llegar a serlo y no terminar como un mito, cuyos mejores registros, sus mejores marcas, sus mejores actuaciones sean en la luminosidad ficticiamente ensangrentada de una consola de videojuegos.