<
>

Todo lo oculto detrás del festín América 4-3 Santos

play

El América-Santos lucía disparejo y terminó siendo un partidazo; sí, con errores, pero los aciertos dominaron y las individualidades azulcrema definieron.


FILADELFIA -- El futbol, al menos en la comarca tercermundista de México, fue puesto a salvo. Al menos momentáneamente. América se impone 4-3 a Santos.

Errores hubo. Porque el futbol necesita de ellos. Pero, los aciertos los superaron, para embelesar el marcador y el espectáculo.

Errores hubo, de los protagonistas y del intruso del silbato, ese, que con un pequeño y monótono adminículo, lo transforma en la ocarina de funestas decisiones. César R. Palazuelos es tan malo, que sólo por ese rostro de prófugo de un teatro guiñol, no se le puede considerar perverso.

El amo y señor de la jungla de la Liga Mx salía de cacería. Una rutina parecía para las Águilas. La presa, una de las peores defensivas y ofensivas del torneo. El Gepeto Repetto no había controlado a sus marionetas laguneras.

Pero, bendito futbol, ocurren las transformaciones en sus aposentos bélicos, como si el aroma a la clorofila liberara, retomara, a cada futbolista a los sueños encapsulados de su niñez. Y ocurrió, este sábado.

Entiéndase algo también. La sinergia perfecta ocurre. El Estadio Azteca, bimundialista, padre putativo de la exaltación suprema de Pelé y del Diego, tiene su magia ancestral. Pero, ocurre, además, que cuando complota con el artificio ladino del #ÓdiameMás, pueden ocurrir ese tipo de metamorfosis.

Y ese doble conjuro ocurre. Porque ni la alcurnia fastuosa del América pudo sobajar a unos Santos que volvieron a ser Guerreros, una analogía deteriorada con el tiempo. Ni nombres, ni pasaportes, ni costo de la ficha impactaron.

Ni la arrogancia --respaldada por su exquisitez futbolística--, de Henry Martín, Julián Quiñones, Jonathan Rodríguez, Álvaro Fidalgo o Kevin Álvarez pisotearon la respuesta de los infravalorados de enfrente, algunos casi desechos tóxicos de otros equipos, como Alan Cervantes, Pedro Aquino, el ‘Dedos’ López, y la ratificación de Juan Brunetta, de quien se esperaba que desde la ventana de junio fuera enviado con moño a Coapa.

Era un duelo tan disparejo, que podría haber sido ilegal. Un abuso para perseguirse de oficio. América líder y Santos en el submundo, en el sumidero, ahí incluso donde ha sido remitido su propio dueño, al errar en querer apoderarse de la FMF.

Sí, un duelo desigual. Por un lado, un equipo armado a billetazos, sabiendo ya que ese es el rancio ADN del América. Por otro lado, un equipo que se gesta cada torneo, con cierta sapiencia buscando refuerzos. Uno, El Nido, cotiza los 90 millones de dólares según Transfermarkt. El otro, los 55mdd. En uno, en Coapa, pululan los seleccionados nacionales y hay desbandada en Fecha FIFA. En Torreón, todos se quedan en casita, a excepción de Pedro Aquino, quien acude a Perú como llanta de refacción.

Pero, bendito futbol, no ocurrió así. Ninguno fue más que el otro. Ninguno fue menos que el otro. Cierto, la diferencia la escriben, al final, esos respingos de calidad que separan a los jugadores, como lo firma garigoleadamente en el 4-3, Alejandro Zendejas, ese exiliado del Tri por las componendas y estulticias de pésimos y coludidos gestores, como lo fueron los abyectamente torpes Yon de Luisa y Gerardo Martino.

Y sí, hubo errores. Puntuales, como los de Luis Malagón en una torpeza técnica, o de Igor Lichnovsky, contemplativo y badulaque en el gol de Harold Preciado, tras otro yerro de Álvaro Fidalgo. Y Palazuelos, otra vez por los suelos. Un árbitro comodino que se ampara al cordón umbilical del VAR.

Pero, para congraciar las pifias, si el de Zendejas fue un golazo, el remate de cabeza de Henry Martín engargola todos los elogios para su álbum, y lo mismo ocurre con el colombiano Emerson Rodríguez, quien ni en la MLS ni ahora con Santos ha pasado de ser un tosco referente de la promesa que asomaba en Millonarios.

Partidos así ratifican que, generalmente, en la Liga Mx no se trata de mediocridad futbolística de los hombres, sino a veces, simplemente, de la mediocridad de los entrenadores. O de futbolistas pusilánimes que vegetan 16 fechas y sólo reaccionan a la doble reprimenda moral, esa de meterse al Estadio Azteca y esa de envenenarse del #ÓdiameMás, como ocurrió la noche del sábado.

Y ojo: hubo momentos en que técnicos y jugadores pudieron haber sucumbido ante la tentación timorata del empate. Y quedarse ahí. Pero, por el contrario replicaron y suplicaron a la justicia cruel de matar o morir Y perdiendo, hoy, Santos, está más vivo que nunca.

Triste es eso: que juegos como este América 4-3 Santos, se la excepción que confirme la regla. Por eso, la reflexión de que el futbol, al menos en la comarca tercermundista de México, fue puesto a salvo. Al menos por una noche.