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Blog de Rafa Ramos: Las riquezas de América que enriquecen las riquezas de Tigres

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Joserra: 'América fue mejor en el campeonato; pero sabe mejor jugar las Liguillas Tigres' (2:39)

Con este comentario, José Ramón Fernández encendió el debate junto con Mauricio Ymay y Jorge Pietrasanta sobre qué equipo llega mejor a la Final. (2:39)

En la final del futbol mexicano, América no es tan favorito como su currículo lo dice, ni Tigres está tan muerto como lo sugirió ese diagnóstico locuaz de Miguel Herrera.

LOS ÁNGELES — En tiempos en que las Inteligencias Artificiales quieren reescribir La Biblia, El Quijote y hasta La Familia Burrón, en que las estadísticas se emperran en ser profetas, afortunadamente, los partidos de futbol sobreviven a esa manipulación obsesiva del fatalismo numérico.

América y Tigres juegan la Final del futbol mexicano y en esas 22 formas de vida vestidas de cortos que saltarán a la cancha, el instinto desplaza a la inteligencia, y su burda naturaleza a los artificios. Ellos sí exudan lo que las Inteligencias Artificiales no pueden: sangre, sudor y lágrimas.

Afortunadamente, las estadísticas juegan a ser afiches, a ser fiscales o abogados, pero nunca jueces. El veredicto sigue en manos de quienes debe: los futbolistas, con cierta dosis atribuible a los entrenadores. Claro, por ahí aparece algún virus investido de juez y vestido de vedette, que, con un silbato y un capricho, arruina la legítima lucha de los jugadores.

Al amparo estruendoso de los números, América debería, finalmente, levantar la 14, luego de escarceos frustrados con El Indiecito Solari y El Tano Ortiz. Pero, El Nido ha sido el opulento y costoso Titanic, de dramáticos naufragios, para desencanto del epítome de la industria lacrimógena, su dueño, Emilio Azcárraga Jean, especialista en la narrativa del dolor ajeno en La Rosa de Guadalupe, su mayor éxito extorsionando las miserias de su teleauditorio.

Urgente aclarar que en un torneo de paupérrimo nivel, que para su fortuna tuvo sus Cenicientas de zapatillas y corazones rotos, a través de San Luis y Pumas, la presencia de América y Tigres en la Final incluye un saludable respeto por el futbol: jugarlo bien, incluso con las exquisiteces rupestres del sentimiento de barrio, ese niño que a veces se extravía en el laberinto morboso del hombre-futbolista esclavizado por los esquemas.

Tal vez ni esa perniciosa e incestuosa complicidad entre Maquiavelo y la fatalidad, pudo urdir, con los 18 actores de que disponía al arranque del torneo, una Final mejor armonizada, por los contrastes evidentes entre el América de Jardine y el Tigres, que parece más propiedad de la cofradía Gignac-Patón-Carioca-Pizarro, que del mismo Siboldi.

Futbolistas de calidad hay en ambos bandos. Como todo, hay niveles. Hay quienes juegan con toga y birrete, y hay zarrapastrosos glorificados por las vísceras expuestas y ojos encolerizados. Claro, en la fauna del futbol, todos son bienvenidos. Como en la jungla, todos cazan y todos son cazados.

¿Quién puede más? En este tipo de instancias, espartanos sobrevivientes, con medallas en el pecho abierto lo resumen con la simplicidad carnívora y antropófaga de un “ganará aquel que más lo desee”. Sí, a veces la obviedad suele ser tan compleja. Ganar el que más ganas tenga, como un credo tan simple, al que le sobran los pomadosos discursos visuales de Rudy, o de Tony D’Amato en 'Any given Sunday': “Pueden ganar o pueden perder cualquier domingo, pero, el punto es, ¿podrán ganar o perder como auténticos hombres?”.

América tiene los mejores artistas e, irónicamente, los mejores candados. Lo que son capaces de generar Diego Valdés, Julián Quiñones y Kevin Álvarez cuando se olvida de las sirenas baratas de Televisa, es impresionante. Y agregue a tres que pujan, empujan, arrempujan e inspiran, porque el rendimiento de Henry Martín, Alejandro Zendejas y esta versión casi perfeccionista de Álvaro Fidalgo, convierte a El Nido en un paisaje de preciosismo y encarcelamiento. Cierto, en la defensa, Sebastián Cáceres e Igor Lichnovsky cumplen por separado, pero se sabotean como pareja.

Sin embargo, Tigres tiene dos poderosos argumentos en medio de un futbol que, guste o no a sus militantes, es la versión post-Tuca, es decir, el ratonerismo, pero con una evolución hacia el futbol de transición más audaz y delicatessen de lo que hacían con Ricardo Ferretti. Aquí, el ateneo Gignac-Nahuel-Pizarro-Carioca es más determinante que la libreta de Robert Dante Siboldi.

1.- OFICIO…

O llámele cancherismo o marrullería. La etimología no cambia el recurso. Ese póker de jugadores mencionados tiene años de sabiduría arrabalera. Uno se engulle a los árbitros; el otro mete histeria a los rivales; y los otros dos, manejan los tiempos del equipo y del contrario con calidad recurrente, en un apartado de validez futbolística que no tiene el América. Cierto, en El Nido hay experiencia, pero no amañada al extremo de manipular emociones arbitrales y de los adversarios. En ese tema, oficio, marrullería o cancherismo, América y su técnico son muy “naive”, por no llamarles ingenuos o inocentones.

2.- MÁSTER CLASS…

Va vinculado al punto anterior. Cuando las papas se queman, cuando hasta en el banco hay nerviosismo y titubeos, cuando los antecedentes y estadísticas son ridiculizados, son necesarios los tipos duros y rudos. Volvemos a la cofradía de Gignac-Nahuel-Pizarro-Carioca, porque lo han ratificado. Son tipos expeditos, más eficientes y directos, porque están dentro de la cancha para improvisar trucos cuando el adversario se alebresta. Si hay que reubicar a Aquino o a Gorriaran o a Córdova o a Vigón, los zapes emocionales y verbales que recetan, permiten a Tigres cambiar la estructura absoluta del juego. Ha quedado demostrado. En momentos de crisis, son el mejor enemigo de sus amigos. Eso tampoco lo tiene América. No tiene un tipo con el recorrido, la autoridad y el liderazgo que comparten cuatro en Tigres, para reencauzar un partido. Fidalgo tiene la lectura, pero no la ascendencia. El resto, reaccionan con el cerebro reptiliano en afán de supervivencia. No basta el genio, urge el ingenio.

Por esto, y por factores agregados, esos, los imponderables, las estadísticas se zangolotean. América no es tan favorito como su currículo lo dice, ni Tigres está tan muerto como ese diagnóstico locuaz de Miguel Herrera, porque los que eran para él prófugos del geriátrico, los que veía como decrépitos, son hoy Gignac-Nahuel-Pizarro-Carioca, el sustento visceral, futbolístico, neuronal y hormonal del equipo.

Por eso el encabezado: las riquezas del América enriquecen las riquezas de Tigres. Veremos, Cuestión de días.