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Chivas ante América, 'entre la graciosa huida y la apasionada entrega'

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Chivas llegó a la Ciudad de México y recibirá serenata de su afición en su concentración (2:01)

El cuadro tapatío llegó ante un discretom recibimiento y reconocerá la cancha del Estadio Azteca, previo a la vuelta de los cuartos de final de la Concachampions. (2:01)

Con dos clásicos en puerta el panorama de Chivas y América es totalmente opuesto: mientras para el Rebaño perder puede significar una catástrofe, para las Águilas ganar sería sólo confirmar su gran momento.


LOS ÁNGELES -- Se ha vuelto repetido y repetitivo. Y hasta irónico. El fracaso de Chivas rebasa, por momentos, mediáticamente, hasta el castrante paso del América. Lógico: los vítores aburren, empalagan, y los vituperios infestan la podrida epidermis de la víctima. El escarnio activa vigorosa y simultáneamente la risa y la malicia, la gracia y la desgracia, el pecado y la indulgencia, el ying y el yang.

Veljko Paunovic le dio un soplo de esperanza al caprino cadáver, casi momificado desde los esfuerzos vanos de Saturnino Cardozo, Tomás Boy (QEPD), Luis Fernando Tena, El ex Rey Midas Vucetich, Marcelo Michel Leaño y Ricardo Cadena. Ahora, con Fernando Gago, el Guadalajara se acerca a un apocalíptico momento, de perder miércoles y sábado ante su némesis, archirrival, y casi paternal adversario, el América.

El fracaso duele, pero se convierte en ominoso, en humillante, cuando el aquelarre del verdugo sobre la mismísima tumba, escupe la satisfacción pérfida del odio y el sadismo. Y eso pretende hacer el América, en dos tiempos, el miércoles en el Estadio Azteca, bajo el amparo de la Concachampions, y el sábado en la tierra profanada reiteradamente del Akron, y que puede significar que Chivas sea alcanzado incluso por los equipos parásitos y parasitados de la Liga (Querétaro, León y Santos).

Desde el nostálgico pasaje de Matías Almeyda, bajo riesgo de terminar más como mito que como leyenda, desde entonces, ocho entrenadores han asumido el mando del Guadalajara, y en ese lapso, también, se han registrado los fracasos de directores deportivos.

En ese periodo, Chivas sólo logró, al menos, arrimarse, y como favorito, a una Final, de la mano de Paunovic, a quien sus rocambolescas y fantasiosas condecoraciones de cintas rojas y cintas negras, terminaron siendo tan malogradas, que al interior del vestidor, los jugadores se burlaban de esos delirios decadentes de samurái caduco.

La transmisión de la hecatombe de Chivas ante el León, expuso estampas dolientes y dolorosas. Especialmente de su entrenador, Fernando Gago. Desesperado, angustiado, pálido, con tintes mortecinos, trabado, aterrado, enmudecido por la incapacidad para encontrar soluciones ante tantas dudas. Era, esa mímica, una confesión pública de su invalidez táctica para arrojar salvavidas al remedo de Titanic que se le hunde.

Ciertamente Fernando Gago no es tan malo como el exorcismo masivo y público que consumó la afición de Racing al exigir su salida, pero tampoco es tan bueno, como la historieta que le vendieron a Fernando Hierro, y que él engargoló y engordó para abusar de la supina ignorancia por parte de Amaury Vergara. Claro, cómo desligar a Gago de la invasión en la Liga Mx del promotor Christian Bragarnik, del cual fue uno de sus chambelanes estelares en su pomposa boda en octubre pasado, acompañado del presidente de la AFA, ‘El Chiqui’ Tapia.

Habida cuenta que el éxito se alumbra con velas, y el fracaso con cirios, la algarabía sobre América y Rayados, sucumbe ante la necrofílica manifestación a prolongar la velación de Chivas, y lo grave es que algunos aficionados rojiblancos se solazan de ello. “Chivas es tan grande que todos hablan de su fracaso”. Vaya barbaridad. Homenaje de chacales a su propia carroña. Eso refleja el enanismo emocional de su propia gente, que no entiende que la grandeza debe ir apareada, a perpetuidad, con el honor, la dignidad y el respeto.

Chivas recibió el primer descolón de indiferencia de su afición. El lunes arribó a la Ciudad de México y apenas un par de aficionados se acercó. Fallidamente. En busca de un autógrafo, o algún acercamiento con los jugadores. Desdén se paga con desdén. Sin embargo, es probable que hoy el amor ciego ciegue y siegue la razón, y se dé la tradicional serenata como la última plegaria para que un milagro se consume este miércoles en el Estadio Azteca. Los necios y los ciegos tienen derecho a alucinar e ilusionar.

¿De qué dispone Gago para evitar el holocausto rojiblanco en tres actos, consumado ya el primero? El único ingrediente para torcer dramáticamente el escenario no está, aparentemente, al alcance de sus manos: responsabilidad, que puede desgajarse en valores hoy prófugos del vestuario de Chivas, a saber, compromiso, responsabilidad, devoción, dignidad, testosterona y lealtad.

Sería una generosidad llamar mercenarios a muchos de los jugadores del Guadalajara. Porque, recuérdese, hasta los mercenarios eligen la muerte antes que el fracaso y el indecoro; hasta ellos muestran una pizca de honor retorcido.

Utilicemos el acertijo de Gago en el razonamiento de algunos jugadores clave. ¿Es tan irresponsable Víctor Guzmán como para llegar a la traición al equipo? Es, en claridad ofensiva, el mejor futbolista del Rebaño, pero se ha infectado de ese extraño apareamiento con la renuncia y la irresponsabilidad.

¿Cómo explicar entonces dos expulsiones que estercolan su vida en Chivas? Hace casi un año se hizo echar cuando ya había terminado el juego contra el América, para evitar al Atlas. Ahora, ante el León, el ‘Pocho’ fuerza, de forma patética, una quinta amarilla que lo segrega del partido de Liga del próximo sábado ante América. Quiere huir de su propio funeral. Cadáver que reencarna en cadáver. Dos actos de sedición.

Y es también el momento de la gran cita para Javier Hernández. El repatriado y presunto oráculo firmó un pacto de ejercer liderazgo con el equipo. Deberá cumplirlo y parece que la cita de este miércoles es perfecta para ello. Más allá de las deformaciones, taras, y demenciales y alucinógenas charlas de pastoreo con Diego Dreyfuss, es de pensarse que Chicharito aún conserve una pizca de coherencia competitiva y de realismo solidario ante la crisis del equipo que ha llamado “el amor de mi vida”.

¿Qué puede ocurrir de consumarse esta Trilogía del Apocalipsis de Chivas? La decisión quedará en manos de Amaury Vergara, quien, necesario reiterarlo, regodeándose en su supina ignorancia, tiene pocos elementos para decidir. Ya sabe que no puede seguir confiando en Fernando Hierro, quien vive agazapado, en la fosa común de los cobardes, después de aquella inoportuna, indeseada, infausta y falaz conferencia de prensa, que nadie le pidió, y que terminó, a la larga, siendo la tumba de su credibilidad.

Necesario reiterar que Amaury no puede esperar un súbito ataque de honestidad y dignidad, ni de Hierro ni de Gago. Los millones de dólares que devengan en Chivas, no se las había pagado ni se los pagará nadie jamás. La incompetencia de los asalariados sólo se cotiza alto ante incompetentes patrones.

Claro, hay otra esperanza para este “Redaño Sangrado”, Bioy Cásares escribió: “El mismo lobo tiene momentos de debilidad, en los que se pone del lado del cordero y piensa: ‘Ojalá que huya’”. En términos taurinos de Don Pepe Alameda, así queda Chivas, ‘entre la graciosa huida y la apasionada entrega’.