La coherencia ficticia

A propósito de Maradona hincha de Independiente

8:14 ET
Actualizado el
Alejandro Caravario Por Alejandro Caravario
ESPN.com
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Diego MaradonaGetty ImagesSiempre se supo que Maradona niño era hincha de Independiente. Nada es para siempre

BUENOS AIRES -- En los años 70, apareció en la revista El Gráfico una nota que hoy sería considerada alta traición. En una foto de doble página, posaban varios de los más reputados futbolistas del momento con la camiseta del club del cual eran hinchas. Así, por ejemplo, el Beto Alonso luce sin pudores la camiseta de Racing, club que reconocía como su primer amor deportivo.

Se ve que aunque el profesionalismo no tenía los rigores de la actualidad, eso de que el fútbol es un trabajo estaba más que claro. Se podía, por lo tanto, jugar en Boca y admitir históricas simpatías (cosa de barrio, de cierta continuidad familiar que atañe en especial a los hombres) por, digamos, San Lorenzo.

Pensé en aquella vieja producción fotográfica cuando vi el video de Maradona que anda dando vueltas por Youtube. Allí, un muy joven Diego, quien aún permanecía en Argentinos Juniors, se confiesa hincha de Independiente. Pero agrega que sus padres son de Boca.

Maradona debe haberse arrepentido infinidad de veces de aquella declaración a micrófono abierto. Porque a pesar de que el dato de las antiguas preferencias de Diego era conocido, no se disponía masivamente de este testimonio, que desmiente las reiteradas afirmaciones del Diez sobre su devoción por Boca. Pasión que no solo hizo ostensible como jugador.

¿Fue un tributo a sus padres, a quienes, según sus códigos, les debe más lealtad que a cualquier camiseta? No lo sabemos. Lo cierto es que Maradona siempre dramatizó su fervor boquense con un énfasis propio de conversos. Como si aquel pasado, a diferencia de lo que sucedía con los jugadores que se fotografiaron en El Gráfico, fuera una afrenta.

El de Diego no es un caso aislado. Juan Román Riquelme, hombre de decisiones inestable pero que conquistó como nadie el corazón del público de Boca, también afirmó en su momento su cariño por Tigre, club del que se hizo hincha gracias al padre.

Carlos Bianchi, otro hombre muy querido por La Boca y hacedor de la época más exitosa del club, a la vez muy identificado con Vélez, reconoce un pasado remoto con simpatías por River. Uno y otro se cuidan de enarbolar aquellos orígenes para no promover objeciones.

Qué decir de Passarella, emblema de River por años. Jugador, entrenador y ahora presidente, que fue hincha de Boca, aunque reniega de esa historia porque lo llevó, según dice, a una frustración juvenil cuando pretendió probarse en las inferiores.

Por qué ya no es posible discernir entre la actividad profesional y los sentimientos de la infancia. Por qué los futbolistas tratan de dar por sentada una coherencia afectiva que muchas veces no existe.

Los jugadores-hinchas, aquellos que ejercen su oficio en el mismo equipo que alentaron de chicos desde la popular, no garantizan una entrega superior a la de los colegas que han cambiado de barrio.

No obstante, la ficción del sentimiento inalterable es algo que pocos se atreven a remover. Como si a algún futbolista le interesara menos el dinero y la carrera que los colores bautismales.

También es posible, en tren de desacreditar nociones sagradas, que las personas cambien de sentimientos futboleros así como, llegado el caso, se cambia de esposa.

Si lo observamos bien, en el fútbol, donde el ánimo veleta del hincha hoy adora y mañana condena al mismo jugador, hay sobradas pruebas de que nada, absolutamente nada, es para siempre.


Alejandro Caravario nació en Buenos Aires en 1963. En más de 20 años de actividad en el periodismo gráfico, pasó con suerte diversa por innumerables redacciones: Clarín, El Gráfico, Llegás, 7 Días, Perfil, Crítica de la Argentina, entre otras tantas. Fue uno de los fundadores del diario deportivo Olé y director de su revista, Mística. De pluma versátil, ligeramente esquizoide, se ha movido en géneros que van desde el deporte hasta la reseña literaria. En sus momentos de ocio, que no son pocos, se aboca a la narrativa: es autor de un libro de relatos (Sangra), y tres novelas (Costumbres de la carne, Palermo y Mamá se hizo las tetas, ésta última inédita), obras de notable mérito, de las que, lamentablemente, el público casi no se ha enterado. Consulta su archivo de columnas.