BUENOS AIRES -- Llega un momento en el cual las piernas no dan más y hay que usar la cabeza. Porque todo lo que el cerebro ordena, el cuerpo lo cumple con reticencias. Conclusión, se debe dar un golpe de timón para seguir en competencia. Una ecuación tan obvia como inevitable.

A consecuencia de la seguidilla de partidos, River no llegaba al primer Superclásico semifinal en el marco de la Copa Sudamericana, con la misma condición de favorito que había ostentado en el campeonato local, por esto es que Marcelo Gallardo no lo dudó y modificó el esquema táctico: nada de salir a buscar y descompensarse, poca presión alta como para cuidar el físico, mucha actitud. Así fue como el Millo se calzó el overol y trabajó como nunca en el semestre un partido. Desde el sacrifico, desde la lucha, quizás resignando lo que era su valor agregado hasta el momento: el fútbol vistoso.

Un clásico y de Copa, imposible que no haya pierna fuerte, fricciones, discusiones, peleas. Hay mucho en juego como para no ponderar determinados aspectos que, aunque no vuelvan más bello el espectáculo, son condimentos típicos de un choque con tanta historia. La consecuencia lógica fue un cero a cero y un enfrentamiento con pocas llegadas de peligro en ambos arcos.

River sabía que la fase se dirime en 180 minutos y que le toca definir la historia en su casa, quizás por eso el esquema implementado por Gallardo. A esto hay que sumarle que Teo Gutiérrez y Carlos Sánchez venían de jugar con sus respectivas selecciones (con viajes incluidos) y que a último momento se le sumó la baja de Rodrigo Mora, por un virus intestinal.

Por todo lo narrado es que el semblante en el mundo riverplatense en el post partido de la Bombonera, reflejaba optimismo. Saben que en su casa todo puede cambiar y que allí saldrán a buscar el resultado con la vehemencia y la intensidad que River nos tiene acostumbrados.

Quizás fue la necesidad la que llevó al entrenador Millonario a arriar por unos días una de sus más preciadas banderas (la del buen fútbol). ¿Criticable? No, porque se trata de una llave eliminatoria que, además, tiene todos los condimentos negativos que ya fueron contados. Sí pasará a ser un error si decide aferrarse a ese sistema en la revancha, ahí Gallardo estaría tentando a la suerte casi de manera prepotente.

Si bien desde esta columna siempre ponderamos el juego vistoso y la entrega permanente, el fútbol tiene matices. Por eso pueden cambiarse sistemas sin ningún temor, el tema es que un buen resultado coyuntural no lleve a modificar una idea. Y todo invita a penar que con River esto no ocurrirá, que volverá a sus fuentes y dentro de siete días en el Monumental buscará regresar al sendero del toque, del fútbol de ataque, de presión, de desborde por las bandas, de voracidad ofensiva. Si esto sucede estará refrendando una idea inteligente. De lo contrario, entraría en una mezquina vorágine que podría dejarlo con las manos vacías.

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BUENOS AIRES -- Ya fue señalado en más de una oportunidad a lo largo de las diferentes entregas: cuando un equipo anda derecho, todo sale bien. Los que nunca hacen goles empiezan a meterla, los futbolistas menos destacados rompen la mediocridad y cumplen con tareas épicas, el entrenador hace modificaciones que terminan por otorgarle un resultado positivo, etc, etc. Todo es color de rosa y los cuestionamientos siempre se miran desde lejos.

Pero nada es eterno y a todos les cabe las generales de la ley. River cosechó apenas dos puntos de los últimos nueve disputados, con el agravante de que los dos compromisos finales los jugó en su casa, y ahí fue derrota (ante Estudiantes) más empate (contra Olimpo). Con una salvedad y es que no sólo los resultados fueron desalentadores, sino, y esto es fundamental, no está apareciendo su fútbol atildado y desequilibrante, ese que lo puso como equipo sensación en la primera parte del semestre. Ahí es donde se encienden las alarmas.

Explicaciones se escuchan muchas, que los equipos ya le tomaron la mano, que los juveniles no asumen protagonismo cuando les toca ingresar, pero más allá de determinados factores hay uno que es preponderante y tiene que ver con lo físico. Marcelo Gallardo no apeló tanto a la rotación. La sucesión de buenos resultados los tentó a no hacer demasiado recambio y eso a la larga se paga. Más aún si se implementa un sistema táctico que demanda tanto esfuerzo del cuerpo.

Y hoy, con un recorrido largo sobre sus espaldas, hay jugadores que están sintiendo el trajín de jugar dos veces por semana. Eso se observa en su juego. Muchos dirán que es presentar un escenario demasiado apocalíptico para un equipo que perdió un solo partido en la temporada. No es la idea. Sí, en cambio, marcar aspectos que ya se venían vislumbrando. La rotación y el posible escenario complicado desde lo físico era algo que se lo colocaba como uno de los adversarios más complicados de enfrentar en el mediano plazo. Hoy ese momento llegó y las consecuencias están a la vista.

Es innegable que la inminencia del Superclásico le otorga a cualquier detalle una magnitud mayor. Y es lógico porque ese partido, más aún cuando es eliminatorio y correspondiente a la semifinal de una copa internacional, potencia con la misma intensidad tanto lo bueno como lo malo. Tampoco hay que se injustos. Más allá de que Gallardo haya tenido (o no) la íntima convicción de que les iba a dar el físico para las dos competiciones, no se debe soslayar que el plantel de River tiene bien diferenciado quiénes son los titulares y quiénes los suplentes. No es un equipo largo. Aunque en el discurso el entrenador haya dicho que para él no existían los titulares ni los suplentes, los hechos demuestran claramente que si hay un equipo principal y un grupo que viene algunos escalones atrás.

Es la merma futbolística la que lleva a pensar en un futuro complicado. O al menos no tan próspero como se imaginaba hace algunas semanas. Los diez días que se vienen serán determinantes: Boca como visitante, Racing (por el certamen local) y la revancha antes el Xeneize, colocarán a River hacia un rumbo definido. Si no tiene un final feliz no será motivo para condenar a un proceso, pero sí sacará a la luz errores de estrategia, logísticos. Pero claro, si se corona con una vuelta olímpica Gallardo podrá hacer las correcciones en un contexto de mayor tranquilidad. Se viene la fase del "todo o nada", y el anhelo del Millo hoy se topa con una realidad que hace poco tiempo atrás parecía impensada....

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BUENOS AIRES -- A lo largo de los últimos partidos jugados por River, siempre hemos destacado el amor propio como valor agregado de un equipo que venía sufriendo el desgaste por la seguidilla de compromisos. Un plantel corto, con escaso recambio de características parecidas a los titulares, obligaron a Marcelo Gallardo a posponer en más de una oportunidad a una necesaria rotación. Así fue como el técnico decidió darle descanso a una porción mínima de futbolistas. En este contexto, la merma de rendimiento se hacía notoria. Pero siempre esa convicción y ganas de ir para adelante lo fueron salvando de lo que parecían ser seguras derrotas.

Todo esto obliga a mirar la realidad de manera objetiva, y de esta se desprende que no llama la atención que River se haya quedado en 31 partidos el invicto de no conocer la derrota. Para Estudiantes la tercera fue la vencida. Después de haber perdido en los dos choques de Copa Sudamericana, el Pincha se tomó revancha y le recordó al Millo que es un equipo terrenal, capaz de caer en peligrosos vaivenes. La noticia es que River perdió. Y la verdad es que no sorprende. Por el contrario, los flojos partidos que venía disputando (de los últimos 13 en 10 arrancó perdiendo) eran una invitación a que pensemos que esa costumbre de ganar tendría una corta vida. Eso ocurrió finalmente. Un equipo con una diferencia táctica importante respecto de lo que venía haciendo (marcó con tras en el fondo) y con futbolistas ausentes (porque deben representar a sus selecciones o porque les dieron descanso), no estuvo a la altura de lo que venía desplegando el puntero del campeonato. Y ya expresamos en diferentes entregas que los suplentes no tienen el funcionamiento de los titulares. Son habilidades casi antagónicas. Algunos acompañan bien, pero aún les falta una vuelta de rosca para ser ellos los que tengan en sus pies la posibilidad de modificar el rendimiento.

La derrota previa sufrida por Lanús a manos de Tigre, dejó dos interpretaciones abiertas: una, la que se manifiesta por lo bajo, y es que River dejó pasar una posibilidad notable de afianzarse en la cima del campeonato. Y la otra, que muchos optaron por erigir, que dice que es mejor perder cuando lo mismo le sucede al inmediato perseguidor. Lo concreto es que continúa al tope de las posiciones y que su escolta no le acortó la brecha. Pero más allá de especulaciones y otras yerbas, lo que la gente quiere es que River vuelva a ser River en los partidos con Boca, por la Copa Sudamericana. Ese es el sueño, el anhelo, el deseo, la exhortación. Al hincha los títulos le interesan, pero mucho más eliminar a Boca. Por eso, cuando escuchan que el próximo oponente es Olimpo y no el clásico rival, enseguida empiezan a imaginarse en sus mentes lo que podrá suceder. Inclusive algunos, cuando se retiraban del Monumental tras haber resignado el invicto, sugirió que no era malo perder ahora, porque podría ser una alarma para despertar en el Superclásico. Lo destacado es que Estudiantes terminó con el invicto de River, ahora habrá que ver sí eso lo revitaliza y motiva de cara a lo que se le viene...

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BUENOS AIRES -- Con el final de temporada ahí a la vista, comienzan a surgir algunos temas de preocupación para cualquier equipo que esté afrontando con posibilidades ciertas dos competencias: la rotación se vuelve algo inexorable, y, de la mano de ella, la merma del funcionamiento también se transforma en un tópico imposible de esquivar.

Porque son muy pocos los clubes del mundo que tienen titulares y suplentes de la misma jerarquía. Y River no escapa a esa regla.

En cada puesto que Marcelo Gallardo decide cuidar, la diferencia de rendimiento, por lo general, es notoria. De hecho para jugar ante Vélez en Liniers, el técnico ordenó cinco modificaciones respecto del once que le había ganado a Estudiantes en la Copa Sudamericana, y esa transformación de casi medio equipo se vio reflejada en el juego. Al punto de que fueron muy pocas las veces a lo largo del semestre en las cuales River dio una sensación de vulnerabilidad tan grande como la que se vio en el primer tiempo en Liniers.

Previsible e inevitable que eso suceda. Porque sostener el ritmo de dos partidos por semana con la intensidad de juego que propone el Millonario sin hacer una rotación, redundaría en una historia sin final feliz. Por esto es que le está costando cada vez más resolver sus pleitos. Lo que hace algunas semanas era sencillo, hoy se transformó en trabajoso. Con el agravante de que River se convirtió en el equipo a vencer, con lo cual sus rivales redoblan esfuerzos cuando lo enfrentan. Sería algo así como el lado oscuro de ostentar un invicto.

Si bien hay cuestiones técnicas y tácticas que no necesitan de una verificación empírica, Gallardo se llevó de Liniers una idea irrefutable: si hay un jugador imprescindible para el esquema del Millo, ese es Leonardo Pisculichi. Es el alma futbolística del equipo, el conductor, el que abastece, el que hace jugar, el cerebro. Sin él dentro del campo, aunque parezca desmedido, River se vuelve previsible y vulgar. Sin exagerar, son dos equipos distintos cuando Piscu está y cuando no. Y el técnico no tiene a otro futbolista de características similares al cual acudir a la hora de darle descanso.

Por eso su ausencia la siente, la sufre, la padece. Gallardo probó con el chico Lucas Boyé rotando posiciones con Teo Gutiérrez, retrasándose ambos en forma alternada para tomar el balón en tres cuartos, pero ninguno de los dos mostró la aptitud del ex hombre de Argentinos.

Pese a todo, como River es un equipo que está muy fuerte de cabeza y que posee la plena convicción de que atacando puede cubrir cualquier falencia, es que no dejó su invicto en el Fortín. Ahora suma 31 partidos sin conocer lo que es ser derrotado y alcanzó la cifra más alta de su historia, igualando la marca del año 1922. No es poco, más aún si tomamos como contexto un fútbol actual que se caracteriza por su notable paridad. Y pensar que cuando renunció Ramón Díaz, aún paladeando el título de campeón, todos conjeturaban sobre la mochila que iba a tener que acarrear el entrenador que se hiciese cargo. Con ese supuesto estigma llegó Gallardo y trajo a River hasta estos días donde tiene abiertos dos frentes de pelea. Además todos hablan de la forma en la cual llegó hasta este envidiable sitio. Un escenario impensado. Pero real. Y sí, podríamos decir que "Gallardo lo hizo".

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BUENOS AIRES -- Marcelo Gallardo suele ser siempre muy autocrítico. No es llamativo que en las conferencias de prensa post partido suela decir más o menos lo que piensa. Y después de la trabajosa victoria ante Estudiantes, la cual le permitió a River clasificarse para la semifinal de la Copa sudamericana, donde se encontrará nada menos que con Boca, el director técnico se despojó de la pilcha triunfalista y se despachó con un calificativo poco frecuente para rotular lo hecho por el Millonario: "fuimos un equipo ordinario", lanzó sin antes destacar la entrega que le pusieron al juego sus muchachos.

Y no deja de ser cierto, porque estuvimos ante la versión más desprolija y vulnerable de River. Pero claro, aquí donde el análisis no es indulgente con el once conducido por el Muñeco, en esa misma adversidad conceptual, termina saliendo bien parado. Porque quién puede dudar del esfuerzo, de la entrega, del convencimiento que tuvieron los protagonistas para torcer un destino que parecía inexorable.

Cuando promediaba el segundo tiempo, pocos observaban como viable que fuese a mantener el invicto. Los presagios no eran optimistas. Sin embargo, gracias a la pelota parada, un recurso al cual le ha sacada bastante provecho en este semestre, lo que parecía improbable le terminó arrancando otra sonrisa al hincha Millonario. River ganó aún sin jugar bien, se coló en la semifinal de la Copa Sudamericana, batió el record de partidos invictos que el club ostentaba (el fin de semana lo había igualado y ahora lo superó, sumando su cotejo número 30 sin conocer la derrota), y, como bonus track, tendrá que dirimir el pase a la final contra Boca. En un semestre con mucha adrenalina, le agregó una dosis más de intensidad a su estimulada alma.

Cuando se iban del Monumental, entre sonrisas, muchos hinchas decían: "además de jugar bien, ligamos". La referencia es obvia y tiene que ver con que en un momento la mano venía muy complicada para River. Pero nada es casualidad, todo está relacionado, cuando la cabeza está firme, se sabe lo que se busca y cómo conseguirlo, no resulta extraño que se alcancen utopías. Eso es producto del abanico de alternativas que posee, de los diferentes caminos que recorre para llegar al gol, de esa idea de no claudicar ni aún en los momentos complejos. Tambaleó el invicto, se cruzó una imagen de no clasificarse, pero siguió adelante, derribando fantasmas y ganándole la pulseada a esa posible adversidad. Guapeó y se burlo de ella.

No es casualidad, es la consecuencia de una búsqueda que nunca cesa. Es el premio al respaldo, sin temores, de un estilo, de una forma que muchas veces tienta a dejarla de lado, más aún cuando el resultado hace un guiño. Podría haber sido más especulador cuando a los 37 segundos de juego se puso en ventaja, ahí la tentación de cuidar y resignar el ataque era grande, pero pudo más seguir el camino de los conceptos incorporados por Gallardo. En tiempos de mezquindad extrema, semejante acto de convicción y generosidad por el espectáculo debe ser ponderado. Sufrió, pero ganó. Tuvo que batallar demasiado, pero sigue adelante. Y lo hace con el grato sabor que le deja el no haber arriado sus banderas.

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RAFAELA -- Suena redundante, pero no por eso deja de ser cierto. La costumbre de ganar que se ha tomado River ya la pone en práctica jugando bien o en esos días en los cuales las cosas no le salen como las planifica. ¿Convicción? ¿Aprovechar los momentos? ¿Anda derecho? ¿Le sale todo bien? ¿Mérito a seguir sus convicciones? Un poquito de cada cosa.

Si sale medianamente bien parado del temporal, lo más probable es que después le haga un guiño a la historia. El que lo sufrió esta vez fue Estudiantes. Tras un gran primer tiempo de los platenses, luego de los cuales se fueron al vestuario con un gol de ventaja (producto de un error de Ramiro Funes Mori en la salida), sobrevino la reacción del Millo. La de siempre, esa que aparece en los segundos tiempo. Y que, por lo general, llega de la mano de alguna acción destacada (esta vez fue la previa del primer gol, que estuvo llena de toques).

Ramiro Funes Mori
TélamFunes Mori, un símbolo del momento anímico del equipo
¿Será que la confianza es tan fuerte que le sirve para optimizarse hasta en los peores momentos? Eso parece. Porque la recuperación siempre aflora. Con un gol como punto de partida o con un buen funcionamiento, eso no importa, lo que sí debe decirse es que los rivales suelen esforzarse y logran mantener el ritmo sólo por un tiempo. Eso le duró el envión a Estudiantes. Casi de la misma forma que le pasó a aquellos que creyeron tener maniatado, al borde del knock out, a River. Nada más engañosa que la postal que muestra a los oponentes de turno creyendo tener a la fiera domada. Desorientada es probable, pero ya dominada, no.

No sirve de mucho contar los argumentos que lo han llevado a sumar 29 partidos sin conocer la derrota. Ya son conocidos. Pero sí resulta imposible soslayar el estupendo nivel de Jonatan Maidana, el buen partido jugado por Leo Ponzio, el incansable trajinar de Carlos Sánchez y las siempre necesarias atajadas de Marcelo Barovero, cartas que todos ya conocemos y que repetimos semana tras semanas, pero se afianzan en cada presentación.

Por esto es que, más allá de algunos momentos de zozobra, sería necio no reconocer la fortaleza de este River, que ha dejado atrás un pasado cercano bastante tumultuoso para instalarse en este presente casi ideal.

Es cierto que ya no gana con la misma holgura ni contundencia de presentaciones pasadas. Y es lógico, porque los rivales le juegan tácticamente de otra manera y porque se preparan desde lo anímico para enfrentarlo. Bajar al puntero, invicto y que sigue en carrera en la Copa Sudamericana, es un ejercicio que todos, hasta ahora en forma infructuosa, se lo proponen. Pero los de Gallardo resisten embates a fuerza de goles. Ganan aunque no lo merezcan, porque saben que los tiempos en los que el viento sopla de cola tienen que aprovecharlos como sea. La fase de cuartos de final de la Copa Sudamericana, aún está abierta. Eso sí, dieron un gran paso rumbo a la semifinal. Todos quieren bajar a River, pero el Millo se sostiene erguido y derrochando salud,,,

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RAFAELA -- Jugando bien o jugando mal. Casi como rindiendo un tributo a lo que canta la hinchada, River sigue superando adversidades. Cuando juega bien, gana. Y cuando sucede lo opuesto, también se queda con los tres puntos. Desempolvando una gama de argumentos que no hacen más que refrendar los motivos de tan buena campaña.

Soportó en el primer tiempo, cuando la peor versión de River en el semestre tambaleó al punto de que el 1-0 en contra con que se fue al vestuario dejaba una sensación de haberla sacado barata. Pero cuando a un equipo así se le da una oportunidad, no la desaprovecha.

TélamRiver logró una importante remontada en Rafaela

Pelota parada de Pisculichi y otro acierto de Marcelo Gallardo en un cambio (puso a Gio Simeone y no le tembló el pulso para sacar a un errático Teo Gutiérrez), abrieron el camino a una remontada que le permite al Millo mantener la diferencia en la punta, un detalle no menor teniendo en cuenta que el torneo entra en la recta final.

El costado malo fue realmente muy malo. Fue un equipo largo, sin dinámica ni sopresa, bloqueado en su faz creativa y con serias grietas en la mitad del campo, lo cual redundaba en que los centrales pagasen esa deuda generada por no poder tener la pelota.

Sin embargo, como todo buen equipo genera anticuerpos, deja abierta siempre la posibilidad a un cambio. ¿Qué fue lo que hizo? Reaccionó a tiempo. Ya esta señalado que terminó ganando y que pudo mantener la punta y la diferencia con sus seguidores, pero más allá del dato estadístico, hay que dimensionar el daño anímico que género en sus rivales. Porque es duro para los de atrás observar que el líder no se cae ni siquiera cuando juega mal.

Por todo lo expuesto, es trascendente lo que se trajo de Rafaela. Y además porque estamos en la recta final de una carrera que transita por los últimos tramos. Y en esta recta, el cuerpo no debe fallar.

En un fútbol tan exigente y resultadista, Marcelo Gallardo logró pasar de ídolo a entrenador en apenas unos minutos. Es hora de dosificar esfuerzos con la precisión de un relojero, para no quedarse con las manos vacías.

Sería una pena, y hasta injusto por la propuesta que siempre intentan plasmar en la cancha, que algo asi suceda.

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BUENOS AIRES -- River tiene la facultad de convertir lo previsible en real, una finalidad que persigue cualquier entrenador, pero son pocos los que logran alcanzarla. No se trata de algo tan común de observar en el fútbol de estos tiempos. Cuando aquellos partidos que en los papeles se presentan como sencillos y finalmente lo son, es porque hay una conjunción de cosas que se están haciendo bien. Esto es producto de desplegar un fútbol ambicioso, que sabe lo que quiere y que tiene bien aceitada el arma para herir a su oponente. Sin importar los intérpretes que coloquen en cancha. Porque los recambios le están permitiendo a Marcelo Gallardo llegar a los objetivos trazados. La base es el equipo, el conjunto, el colectivo. Aunque hay futbolistas que están atravesando por un buen nivel, siempre es el funcionamiento el que termina sobresaliendo por sobre los nombres. Tal vez por este motivo cuesta encontrar una figura que se destaque mucho del resto. Este pensamiento llega al punto de que, hablando con la gente en los diferentes estadios, cuesta encontrar una idea homogénea respecto de la figura. Quizás Teo Gutiérrez se convirtió en el emblema, pero también destacan a Carlos Sánchez, a Leonardo Pisculichi, a Jonatan Maidana y así continúa la lista hasta completar a los once titulares. Todos aportan algo positivo.

En el caso del choque de vuelta por los octavos de final de la Copa Sudamericana, ante Libertad, la premisa fundamental era no dejarse llevar por lo seductor del resultado de ida (3 a 1 en Paraguay). Ese rumor general de "asunto liquidado", podría haber resultado un arma de doble filo. Pero no lo fue. River estuvo concentrado y, más allá de algunos sofocones, eso le valió superar la fase y además benefició al técnico porque pudo hacer que descansen algunos futbolistas base de la formación. Participando en las dos competencias, el técnico debe armar el equipo pensando mitad en el compromiso más cercano y la otra mitad en el subsiguiente. Casi como un partido de ajedrez. Para mover una ficha hay que estar seguro del otro paso que deben dar.

El Muñeco está mostrando inteligencia y capacidad para regular los esfuerzos de cada engranaje. En esta semana que paso, casi todos tuvieron un tiempito para reposar los entumecidos músculos. Y los resultados cosechados fueron óptimos: tres jugados y tres ganados.

No sólo por su buen fútbol River es el equipo más observado. Hay muchos que siguen esperando que el cansancio lo aleje del objetivo. Y ahí regodearse con ese pensamiento resultadista del equipo que no ganó nada. Más allá de lo que suceda de aquí en más, no habría que cometer la torpeza de sacar a la luz temas vinculados con lo estético. Sería injusto para los propios futbolistas. Trataremos de evitar esos caminos. Porque despojarse de lo que ocurra en el epílogo sería fundamental para analizar el fútbol en su estado más puro.

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BUENOS AIRES -- Ni el calor de Paraguay, ni el cansancio, ni las cinco modificaciones que introdujo Marcelo Gallardo en el equipo, nada parece detener la marcha de este River arrollador, que ya acumula 26 partidos invicto y que se sigue consolidando gracias a estupendos niveles individuales, pero, por sobre todas las cosas, merced a una envidiable labor de conjunto.

Aquella frase "van a tener que pelear mucho para ganarnos", que alguna vez lanzó el entrenador Millonario, se sustenta en cada presentación. Donde supera imponderables y derriba mitos históricos, como por ejemplo aquel que habla de la complejidad de participar de dos competiciones al mismo tiempo. En esta fructífera semana, River se trajo un contundente 3 a 1 del calor agobiante de Paraguay (ante Libertad), en el marco de la Copa Sudamericana, y apenas tres días después derrotó con goleada a Belgrano. Creer o reventar, pero cada fecha la formación de Gallardo exhibe un costado productivamente nuevo.

En el plano colectivo, el once está preparado para cobijar a integrantes que se van sumando. Una muestra clara es Guido Rodríguez, el juvenil que reemplazó a Leonardo Ponzio y que superó con aplomo el impacto que representa ser titular en el estadio Monumental. Para que esto suceda, más allá del trabajo del entrenador, tiene que haber puntales adentro del campo. Y River los tuvo ante Belgrano: Jonatan Maidana y Leonel Vangioni en la defensa, Carlos Sánchez y Ariel Rojas en el medio y Teo Gutiérrez en el medio. Con cualidades para todos los gustos. Maidana un tiempista, Vangioni un dotado para llegar al área rival, el desequilibrio vertiginoso de Sánchez, la entrega sin restricciones de Rojas y la contundencia con estilo de Teo.

Con engranajes periféricos que tampoco desentonaron. River hace todo sencillo, pero de más está aclarar que en el fútbol nada lo es. Inclusive en los momentos de desconcierto siempre alguien responde (el domingo fue Marcelo Barovero). Por eso nunca mejor utilizado el mote de "equipo".

Qué diferente se ve todo hoy, con más de la mitad del semestre recorrido, respecto de lo que se auguraba en el inicio de temporada. Cuando no llegaron los refuerzos que Gallardo demandaba, mucho pensaron en el Apocalipsis. Porque la sombra de un Ramón Díaz que se había ido campeón revoloteaba con forma de un lastre complicado de empujar. Más aún para un técnico desconocido en nuestro medio. Y fue justamente su capacidad de trabajo, sus variantes, su manera de expresarse y de hablarles a los jugadores, lo que llegó muy profundo en el plantel. Así es como la historia se está escribiendo con un texto de ensueño.

Agoreros y resultadistas estarán pensando que todavía no ganó nada. Por supuesto, eso está claro, pero el solo hecho de haber generado una revolución en el aletargado fútbol argentino ya es un mérito enorme. Después, si la pelota entra en el arco rival o no será lo que, injustamente, califique su labor. Reglas del juego que deben soportar todos los que están adentro de este medio.

Por ahora da pasos con firmeza, convencido de lo que hace. Confiando en su potencial y en el sistema que está implementando. La orilla está cada vez más a la vista y se acerca a ella con brazadas bien firmes.

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BUENOS AIRES -- Un paso gigante, inmenso, casi decisivo. River vivió un fin de semana ideal. Después de la seguidilla de empates, de la eliminación en la Copa Argentina, cuando, quizás, las dudas comenzaban a asomar porque el destino era Newell's como visitante con la complejidad que eso a priori supone, afloró el espíritu de un equipo con hambre. Y que además sabe lo qué quiere y cómo desea conseguirlo.

A lo largo del torneo demostró saber sobreponerse a la adversidad y el domingo lo hizo cuando estaba mostrando una de sus peores caras. Porque el River de la primera etapa había sido todo lo opuesto a lo que pretende su entrenador. Justamente en ese cambio es donde estuvo lo meritorio. Saber fortalecerse en la adversidad es síntoma de madurez y de templanza.

Pero aparte de todo lo positivo que tiene y va mostrando como equipo, quienes lo persiguen no parecerían estar a la altura de lo que necesitan. La irregularidad es lo que exhiben y eso les imposibilita usufructuar los baches que por momentos tienen los de Gallardo. Es ahí donde crece en magnitud lo expresado, en las virtudes propias y en las carencias ajenas. Tal vez esto es lo que percibieron el domingo por la noche, plantel, cuerpo técnico y dirigentes, quienes celebraron la victoria casi como un campeonato.

Sólido en defensa, con la pelota parada como un buen recurso para llegar al gol cuando el juego asociado no aparece, fuerte desde lo anímico e inteligente para superar adversidades (entre otras, las bajas de Leonel Vangioni y de Teo Gutiérrez), así está River hoy.

En el caso del partido con Newell's, hasta Marcelo Gallardo mostró una faceta diferente. Percibió que con todo lo complejo que venía resultando el encuentro ameritaba, una vez que se pusieron en ventaja, un golpe de timón desde lo táctico: así fue como alguien que habitualmente se caracteriza por variantes ofensivas o por buscar el gol en todo momento más allá del resultado, mandó a la cancha a Guido Rodríguez, volante central, y sacó al cerebro del equipo, Leonardo Pisculichi.

Como se dice habitualmente, cerró el partido. Y no estuvo mal, porque hay veces que las cosas no salen dentro de lo planificado y se debe claudicar en alguna idea. Así como River fue mutando y madurando, con el técnico ocurre lo mismo.

Como fue señalado, esta vez lo ganó gracias a la pelota parada y no con juego asociado. En ese rubro posee armas letales. Le tocó convertir a Ramiro Funes Mori, el verdugo de Boca en La Bombonera, con coincidencias respecto de aquel partido, porque la conquista llegó tras un corner, Néstor Pitana era el árbitro y él jugó como lateral, apenas un dato estadístico. Pero lo notable es que además del Mellizo, pudieron marcar Gabriel Mercado y Lucas Boyé, y se sabe que Jonatan Maidana y hasta Rodrigo Mora son buenos cabeceadores. Recursos variados.

Lo concreto es que el horizonte se le aclaró a River. Y que consiguió una victoria que, en el final de la carrera, podría terminar representando un título. Todo porque supo salir de la adversidad y porque, como se marcó, sabe qué desea y cómo pretende conseguirlo.

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BUENOS AIRES -- El sueño de la triple corona se frustró en la noche sanjuanina. Lo que para muchos era considerada como la competición de menor trascendencia (equivocadamente), no encontró una empatía con el gran momento de River y terminó por convertirse en una frustración.

Parecía que un certamen en el cual habían quedado en el camino muchos de los a priori llamados favoritos, no iba a demandar un esfuerzo tan titánico. Sin embargo Marcelo Gallardo se decidió por un equipo suplente, y si bien en el trámite la historia estuvo pareja y por momento favorable al Millo, la estadística marca que, como suele ocurrir muchas veces, los merecimientos sirvieron de poco.

Un equipo con la pólvora mojada tuvo que dirimir su suerte en la serie de penales, y en esa instancia no pudo imponerse a Rosario Central. Pues bien, el debate está abierto: ¿fue acertada o no la decisión del entrenador? Seguramente la pregunta desembocará en respuestas para todos los gustos. Pero, quizás, para dar un veredicto sin analizar mirando el resultado, habrá que irse un poco más atrás. Porque daría la sensación de que la rotación debería haber venido antes, más paulatina, y no toda junta en forma tan abrupto. No cambiar a un todo de golpe, aunque esta haya venido siendo la metodología aplicada en Copa Argentina.

Con apenas tres peldaños por sortear, y en calendario bastante generoso por la distancia entre compromiso y compromiso (si pasaba iba a jugar allá por el 12 de noviembre), podría haber metido menos suplentes en la formación. Claro, muchos dirán que entre campeonato y Sudamericana se viene una seguidilla muy importante, y es cierto, pero por eso marcábamos lo de haber iniciado la rotación un poco antes. También por esto es que venimos escribiendo a lo largo de las semanas sobre la parte física y el desgaste que está teniendo este equipo para sostener una idea táctica innovadora, la cual necesitaría de una mayor rotación para poder sostenerla en el tiempo.

Porque, en definitiva, la carrera es larga y de poco sirve mostrarse explosivo en el comienzo de la temporada e ir desinflándose con el correr de la misma. Esto no significa que vaya a suceder, pero resulta innegable que se está produciendo una merma (de hecho River hace cuatro partidos que no gana), tal vez producto de lo narrado sobre el cansancio.

Lejos de pretender pintar un escenario apocalíptico, porque el conjunto de Gallardo sigue puntero en el campeonato y continúa participando de la Copa Sudamericana, tampoco se puede ocultar que la secuencia de compromisos fue repercutiendo en el físico de los titulares, que son quienes vienen sin tanto recambio. Por esto es que el técnico decidió seguir con el equipo muletto, y falló.

Es verdad que la obsesión del torneo internacional desvela a todo el mundo River y que el bi campeonato tiene mejor prensa que la Copa Argentina, pero, sin desmerecer a ninguno de los competidores, cuando se observa el fixture se lee entre líneas que se trataba de un certamen muy accesible. Ahora la realidad indica otra cosa. La era Gallardo ha sufrido su primer revés. De todas formas le quedan dos competiciones para redimirse.

Eso sí, de ahora en más empezarán a darse cuenta de que son terrenales, eso es lo que saca a flote una frustración, y dentro de ese escenario cualquier cosa puede suceder...

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