<
>

Batalla fue el héroe de la noche: le tiró agua a Rollheiser antes de atajarle el penal y festejó

Con un penal y final polémico, Augusto Batalla fue la figura de la noche en La Plata. En el comienzo de la fecha N°21 del Torneo de la Liga, el partido entre Estudiantes y San Lorenzo fue parejo y terminó 1-1 en el estadio UNO Jorge Luis Hirschi.

El arquero de San Lorenzo, que con la igualdad se mantuvo tercero en el campeonato argentino -justo por delante de su rival de turno-, resultó vital para los de Boedo. El VAR convalidó un disparo desde el punto del penal para el Pincha, ya en tiempo agregado y sin más minutos por jugar, y generó ilusión en los hinchas locales y preocupación en la visita, inclusive con el técnico, Rubén Darío Insúa, siendo amonestado por ir a reclamar para que no dieran la pena máxima.

San Lorenzo hizo mal un lateral en la salida y lo pagó caro: Eros Mancuso se metió en el área por la derecha, Gastón Campi impactó la suela de su botín izquierdo en la pierna derecha del local y, si bien el árbitro en un principio dejó seguir, luego recibió el llamado de Fernando Echenique desde el VAR. El banco del Ciclón explotó al ver la seña de revisión de Yael Falcón Pérez, el Gallego Insúa explotó, vio la amarilla por sus quejas reiteradas y cuando retomó la calma la sanción no dejó dudas.

Desde allí, Batalla empezó a jugar su minipartido especial. Al ver que el N°10 de Estudiantes, Benjamín Rollheiser, agarró la pelota, la reacción fue inmediata: repasó lo que tenía anotado en un papelito en medio de las discusiones y algunos empujones, recibió una indicación del arquero suplente, y así arrancó la famosa charla psicológica para intimidar al rival.

Primero Batalla se acercó a Rollheiser para repetirle una y otra vez que, según su visión, no había sido penal, lo empezó a intimidar y, al tomar agua, aprovechó que el atacante se agachó para acomodar la pelota para tirarle un poquito en la cabeza. Aunque la situación podría haber sido peor, la buena relación que los une por el pasado común en River Plate, actual líder del torneo, provocó sonrisas y al momento del disparo fue el guardavallas del Ciclón el que ganó el duelo recostándose sobre su izquierda, para contener el disparo débil y bajo del delantero.

Con un pie sobre la línea al momento de la ejecución tal como marca el reglamento, Augusto evitó la derrota de San Lorenzo, que venía en floja racha, y después le puso paños fríos a la situación: "Nos conocemos hace un montón de años, charlamos y tengo la mejor onda con él. Es un jugador excelente, ahora me tocó a mí, pero le deseo lo mejor". Así las cosas, se transformó en la figura de la noche. Para alegría de la visita y desazón del local.